El comportamiento de muchos individuos en las sociedades occidentales ha encendido la señal de alarma de los expertos en salud mental, pues la cultura de la imagen influye cada vez más en nuestro comportamiento.

La adicción al deporte o la obsesión por la imagen corporal son fenómenos que han surgido en los último tiempos como consecuencia de los valores que promueve la sociedad capitalista, alimentados por el consumismo y los medios de comunicación mercantilizados. Sin embargo, esto también tiene un efecto sobre la salud mental, y la vigorexia es un ejemplo de ello. A continuación veremos en qué consiste este trastorno.

La moderna obsesión de los hombres por su cuerpo

Nuestra cultura da una importancia excesiva a la imagen corporal, y los medios de comunicación nos bombardean constantemente con anuncios sobre cómo debería ser nuestro cuerpo. El ejercicio físico es, sin duda, uno de los hábitos más saludables que podemos practicar los seres humanos; sin embargo, cuando nos obsesionamos con nuestro aspecto, estos efectos beneficiosos desaparecen.

La moderna obsesión por tener un cuerpo musculoso es lo que se conoce como vigorexia, aunque también recibe el nombre de dismorfia muscular o complejo de adonis.

¿Qué es la vigorexia?

En otros artículos hemos hablado de cómo el ejercicio físico puede convertirse casi en una adicción peligrosa, muchas veces como consecuencia de una baja autoestima o la percepción errónea que tenemos sobre nuestro cuerpo. Un ejemplo de este tipo de adicción, por ejemplo, es la runnorexia o adicción al running.

Pero otro de los fenómenos de los que se suele hablar en estos casos es el de la vigorexia, un trastorno que sufren aquellas personas que se obsesionan por tener una imagen corporal fuerte, musculosa y con poca grasa; pese a tener una musculatura bien desarrollada, estos individuos muestran una apariencia más bien delgada y frágil.

La vigorexia también recibe el nombre de anorexia invertida, pues estas personas no se privan de la alimentación, sino que se obsesionan con comer una gran cantidad de proteínas e incluso utilizan anabolizantes, que pueden causar efectos secundarios como acné, aumento de glándulas mamarias, caída del cabello, cambios de humor, problemas cardíacos…

Para los vigoréxicos, el ejercicio físico no es sinónimo de salud, sino que lo que buscan es conseguir una estética perfecta sacrificando incluso su bienestar.

¿Cuáles son sus causas?

Los expertos concluyen que las causas de la vigorexia son variadas. Sin embargo, el ambiente juega un papel importante para que la persona desarrolle este trastorno. Los valores y las creencias, consecuencia de la cultura de la imagen, juegan un rol determinante en cómo nos valoramos y cómo nos vemos a nosotros mismos.

Así, gran parte de la obsesión por el físico viene determinada por las expectativas irreales sobre el cuerpo perfecto, que aparece en los medios de comunicación frecuentemente. Esta cultura premia a los individuos físicamente atractivos y desprecia a aquellos que no lo son. Y aunque esto podría contrarrestarse con la correcta educación, lo cierto es que son muchas las personas que sufren por su apariencia física.

Relación entre perfeccionismo y vigorexia

Ahora bien, los factores personales también parecen ser relevantes en el desarrollo de la vigorexia. La personalidad perfeccionista hace que las personas se fijen en exceso en su cuerpo y nunca estén contentas con la imagen que tienen. Esto también hace que sean duras consigo mismas y lleven a cabo conductas nocivas como el exceso de entrenamiento, el consumo constante  de suplementos, la obsesión con la dieta, etc. Comportamientos que no dejan de ser un intento por acercarse a la imagen de perfección del cuerpo que tienen en su mente.

La autoestima también influye a la hora de valorarse negativamente, y la falta de confianza hace que estas personas busquen en el cuerpo perfecto una manera de sentirse mejor.

Por último, la vigorexia puede ser consecuencia de problemas familiares o algún trauma emocional de la infancia, por ejemplo, después de haber sufrido bullying.

Síntomas y signos

La vigorexia es un tipo de trastorno dismórfico corporal (TDC), en el que la persona que lo sufre vive obsesionada con su apariencia física y piensa en su cuerpo durante muchas horas al día. Además, esta comparación constante con el ideal de belleza acostumbra a generar una gran ansiedad y malestar.

Por tanto, es necesario tratar este problema con la ayuda de un profesional, porque puede reducir significativamente la calidad de vida de la persona e incluso provocar otras consecuencias negativas como depresión. Pero, ¿cómo se puede identificar este trastorno?

¿Cuáles son sus síntomas? Las personas con vigorexia:

  • Pasar mucho tiempo cuidando su imagen corporal, por ejemplo, en el gimnasio. Lo que interfiere con la vida social o el desempeño en su trabajo.
  • Se miran en el espejo cada dos por tres.
  • Pueden evitar que otras personas vean su cuerpo por la falta de confianza (pese a estar bien).
  • Sienten ansiedad extrema o angustia si no entrenan.
  • Llevan a cabo dietas extremas.
  • Usan anabolizantes o suplementos perjudiciales para la salud.

Tratamiento

La vigorexia puede tener consecuencias importantes para la salud de la persona que sufre este trastorno, ya que puede causar problemas físicos debido al exceso de entrenamiento o la dieta poco saludable, problemas serios por el consumo de esteroides e incluso más problemas en la salud mental del individuo como, por ejemplo, depresión severa. Es por eso que la vigorexia debe ser tratada por un profesional de psicología especializado en este tipo de problemáticas.

Existen tratamientos de psicoterapia que han mostrado ser eficaces, por ejemplo, la terapia cognitiva basada en mindfulness (MBCT), la terapia de aceptación o compromiso o la terapia cognitivo conductual (TCC). Esta última es, quizás, la que goza de mayor popularidad y la que ofrece las máximas garantías.

La terapia cognitiva conductual aplicada a la vigorexia pretende que el paciente sea consciente de cómo sus creencias y su comportamiento están afectando a su bienestar, para después modificar su manera de pensar y su conducta. Para ello, utiliza diferentes técnicas como el entrenamiento en habilidades sociales o la reestructuración cognitiva, entre otras.