Cuando somos adultos, la mayor parte de la población es capaz de expresar sus inquietudes, sentimientos, ideas, creencias, miedos e inseguridades a través del lenguaje.

Podemos hacer esto porque tenemos capacidad cognitiva suficiente para conceptualizar y expresar oralmente aspectos abstractos y comprendemos qué nos sucede. Esto puede no ocurrir en el caso de un niño o niña, ya que es posible que comprenda enteramente la realidad o no sepa o se atreva a expresarla directamente. Es lo que ocurre por ejemplo con niños que han vivido situaciones como un abuso sexual o violencia intrafamiliar. 

Afortunadamente, es posible a través de la terapia de juego que este tipo de población pueda expresar sus miedos y conflictos de una manera indirecta. A continuación veremos en qué consiste este forma de intervención psicológica.

El juego como elemento de comunicación y expresión

Si observamos a un grupo de leones, a un grupo de simios o incluso a un grupo de personas es frecuente que veamos como es frecuente que, especialmente entre los miembros más jóvenes, aparezcan acciones y conductas que aparentemente no tienen una intencionalidad dirigida a un objetivo concreto más allá que el de divertirse. Dicho de otra manera, en una gran cantidad de especies es frecuente ver conductas de juego.

Si bien algunas personas pueden pensar que jugar es solo una pérdida de tiempo lo cierto es que el juego encierra una importancia fundamental, especialmente en el período de desarrollo. Y es que este tipo de acciones permiten ejercer y entrenar nuestro cuerpo y nuestra mente y desarrollar diferentes capacidades como la cognición, la psicomotricidad y la comunicación entre individuos.

En los seres humanos el juego ayuda a disminuir el nivel de tensión y aumenta la capacidad de vincularnos a nuestro entorno, siendo de ayuda para aprender a relacionarnos y a la vez aplicar y mejorar nuestras habilidades cognitivas, emocionales y sociales. Además de ello permite que expresemos los contenidos de nuestra mente como por ejemplo cosas que vivimos, miedos e inseguridades que se mantienen en nuestra mente, deseos e impulsos. 

Han sido múltiples expertos que han notado este hecho y han establecido que a partir del juego es posible establecer mecanismos y técnicas que permitan analizar y ayudar a tratar diferentes problemas. Estas técnicas pueden emplearse en la denominada terapia de juego.

La terapia de juego

La terapia de juego es un método empleado en Psicología para el análisis y tratamiento de las problemáticas de los pacientes, generalmente en el caso de niños o sujetos con trastornos del neurodesarrollo o discapacidad intelectual severa.

Se basa en el uso del juego como elemento de comunicación, gracias al cual el paciente puede llegar a exteriorizar sus emociones y experiencias de manera simbólica. No solo sirve como mecanismo de expresión, sino que permite al sujeto procesar y trabajar la información a nivel consciente e incluso elaborar y/o aprender maneras de hacerles frente. Su funcionamiento es en apariencia simple, pero exige un elevado nivel de observación por parte del profesional y la capacidad de que el sujeto se sienta seguro y apoyado.

Generalmente se aplica de una forma constante y más o menos cercana en el tiempo, como por ejemplo de sesiones semanales en la consulta, la escuela o incluso en el propio domicilio del sujeto de manera por lo general individual. El terapeuta puede llevar a cabo la sesión de forma directiva (dirigiendo los juegos) o bien no directiva si se permite el juego libre del menor. 

Previamente se seleccionan materiales y juguetes que permitan al menor expresarse y a partir de los cuales poder establecer simbolismos, como por ejemplo marionetas, animales, casas de juguete, elementos de construcción, barro o plastilina o instrumentos musicales.

La información que se puede extraer del juego es mucha. Además del propio simbolismo que el sujeto imprima al juego, otros aspectos que pueden dar datos de interés son la tendencia a utilizar juegos concretos o a actuar de determinada manera durante ellos, si el menor incluye al terapeuta en el juego o lo ignora o si retoma los juegos de las anteriores sesiones o por el contrario empieza un nuevo juego pueden ser aspectos a valorar. 

Si se emplean elementos creativos, también es relevante si al finalizar el juego los intenta preservar o que el terapeuta los preserve o bien los destruye. La significación de todos estos aspectos dependerá del caso.

Funciones y ventajas de la terapia de juego

A través de este tipo de terapia se busca facilitar la expresión de emociones y situaciones que el menor encuentra difícil expresar con palabras, sea debido al trauma que le suponen o la ausencia de capacidad lingüística suficiente para ello. Para ello se recurre al juego, a través del cual pueden expresar sus emociones, sentimientos y vivencias de manera simbólica.

El contexto de juego supone asimismo un clima positivo que puede favorecer la interacción del terapeuta con el menor, estableciéndose un rapport positivo que permita que el paciente se sienta seguro y confíe en el profesional.

Además de ello, la participación del profesional en el juego (que debe realizarse desde la perspectiva y dirección del menor) permite que el paciente no solo se exprese, sino que pueda observar y adquirir nuevas conductas y modos de ver la realidad que por si mismo podría no plantearse. Resulta útil para entrenar habilidades sociales y emocionales.

Por último, este tipo de terapia ayuda al paciente a que además de expresar lo ocurrido sea capaz de procesarlo para posteriormente trabajarlo, así como fomentar su resiliencia o resistencia a las adversidades y ayudarle a emplear mecanismos y estrategias de afrontamiento adaptativas.

Tipos de actividades que se realizan

Existe una elevada heterogeneidad en las actividades que pueden acabar llevándose a cabo en una sesión de terapia de juego. El tipo concreto de actividad va a depender de las necesidades y preferencias del menor. Entre las técnicas y actividades lúdicas más frecuentes podemos encontrar diversos tipos de métodos, de los que a continuación se presentan algunos ejemplos.

1. Juguetes basados en la expresión simbólica

Utilizar una casita de muñecas o elementos simbólicos como una cocina suele provocar que los niños representen situaciones parecidas a las que viven en el hogar. Asimismo, es frecuente el uso de peluches y animales de juguete a partir de los cuales el niño puede jugar libremente e introducir al terapeuta mientras explica que está ocurriendo.

2. Teatralización

También el juego de roles y el uso de disfraces permite que los menores expresen sus inquietudes internas a partir de la representación teatral. Juegos de imitación o simular situaciones concretas pueden servir no solo como mecanismo de expresión, sino también como exposición a situaciones conflictivas y como modelado para aprender cómo actuar ante ellas.

3. Métodos vinculados a la expresión corporal

Este tipo de métodos son especialmente importantes en el caso de sujetos que evitan o buscan de manera excesiva el contacto físico. Dentro de este grupo de técnicas podemos incluir la danza, la imitación o juegos en los que se representen peleas o luchas (por ejemplo usando espadas de juguete).

4. Métodos relacionados con la creación artística y la construcción

El dibujo, la pintura y el uso de barro o plastilina son también frecuentes en el uso de la terapia de juego, ofreciendo información de gran valor y permitiendo la expresión de su psique. Otros juegos que suelen emplearse son aquellos en los que el paciente ha de elaborar o construir algo

Puede contar una historia a partir de elementos visuales que se le presenten (por ejemplo presentarle determinados objetos o dibujos), utilizar cuentos o emplear elementos de construcción tales como figuras de LEGO o puzzles.

Situaciones y problemas en los que resulta adecuada

La terapia de juego puede ser empleada en una gran variedad de problemáticas y trastornos de diversa índole, y de hecho se utiliza en muchos ámbitos de intervención.

Algunos trastornos y situaciones en que puede ser de gran utilidad es ante la presencia de alteraciones emocionales, ansiedad, pánico o baja autoestima. Niños que hayan vivido eventos traumáticos como abusos sexualesviolencia intrafamiliar, abandono de uno o ambos progenitores, bullying o muertes de seres queridos pueden expresar y procesar sus sensaciones y vivencias con este tipo de terapia. También resulta útil para procesar, expresar las emociones que provocan y trabajar fenómenos como el divorcio de los padres, cambios de domicilio o precariedad económica. 

Por último, también resulta de gran ayuda en niños con problemas en la comunicación y menores que presenten trastornos como el TDAH, obsesiones, autismotrastornos alimenticios o trastornos del estado del ánimo como la depresión.

En general este tipo de terapia provoca una disminución del miedo y la ansiedad, un aumento de la sensación de control, la autoconfianza y las habilidades sociales y la generación de nuevas perspectivas y estrategias de afrontamiento, además de una mejora sustancial del estado del ánimo.

Referencias bibliográficas:

  • Landreth, G.L .(1991). Play Therapy. New York.