El TDAH es un síndrome conductual que afecta, según estimaciones, entre el 5% y el 10% de la población infanto-juvenil. La clave que actualmente se utiliza para comprender el amplio espectro de manifestaciones que caracterizan los individuos con TDAH es el concepto de déficit en el control inhibitorio de la respuesta. Es decir, la notoria incapacidad para inhibir los impulsos y los pensamientos que interfieren en las funciones ejecutivas la actuación de las cuales permite superar las distracciones, plantearse unos objetivos y planificar las secuencias de pasos necesarios para conseguirlos.

Durante más de 70 años, las investigaciones del trastorno por déficit de atención con hiperactividad se han centrado en la población infantil. Pero a partir del 1976, se demostró que este trastorno puede existir en el 60% de los adultos los síntomas de los cuales ya empezaron antes de los siete años (Werder PH. te. 2001). Este desfase diagnóstico hizo que los síntomas y tratamientos de TDAH infanto-juvenil sean más conocidos y orientados que en los adultos, a pesar de que los parámetros clínicos sean similares. Además, en los adultos, las complicaciones, los riesgos y las comorbilidades son más frecuentes y matizadas que en los niños, con el riesgo que los síntomas sean confundidos con otro cuadro psiquiátricos. (Ramos-Quiroga YA. te. 2006).

Un origen biológico común permite que los adultos puedan ser diagnosticados con los mismos criterios adaptados del DSM-IV-TR, pero debido al hecho que en el adulto el observador solo ser único se encuentran dificultades diagnósticas, puesto que facilita una dispersión más grande y sesgo en las opiniones.

Aunque en los adultos se dispone de menos datos epistemológicos, el TDAH se manifiesta persones adultas con gran frecuencia. Los primer trabajos encontraron prevalencias en adultos entre el 4 y el 5%. (Murphy K, Barkley RA, 1996 y Faraone et. al., 2004)

Sintomatología, diagnóstico y evaluación del TDAH en adultos

Los criterios diagnósticos del TDAH en los adultos son los mismos que para los niños, registrados al DSM-IV-TR. Ya a partir del DSM-III-R se describe formalmente la posibilidad de realizar el diagnóstico a estos.

Los signos y síntomas en los adultos son subjetivos y sutiles, sin prueba biomédica que pueda confirmar su diagnóstico. Para poder diagnosticar el TDAH en una persona adulta, hace falta que el trastorno sea presente desde la infancia, como mínimo desde los siete años, dato esencial para el diagnóstico, y tiene que persistir una alteración clínicamente significativa o un deterioro en más de una área importante de su actividad, como el funcionamiento social, laboral, académico o familiar. Por eso, es muy importante que en la historia clínica se anoten los antecedentes infantiles junto con los síntomas actuales y sus repercusiones en la vida actual, familia, trabajo y relaciones sociales.

Los adultos con TDAH señalan principalmente síntomas de inatención y de impulsividad, puesto que los síntomas de hiperactividad disminuyen con la edad. Así mismo, los síntomas de hiperactividad en los adultos suelen tener una expresión clínica ligeramente diferente del encuentro en los niños (Wilens TE, Dodson W, 2004) puesto que se manifiesta como un sentimiento subjetivo de inquietud.

Los problemas más comunes del trastorno por déficit de atención con hiperactividad en adultos son los siguientes: problemas para la concentración, falta de memoria y pobre memoria a corto plazo, dificultad para la organización, problemas con rutinas, falta de autodisciplina, comportamiento impulsivo, depresión, baja autoestima, inquietud interior, escasa capacidad para administrar el tiempo, impaciencia y frustración, pobres habilidades sociales y sensación de no conseguir objetivos, entre otros.

Las escaleras de autovaloración son una buena herramienta de diagnóstico por los síntomas más generales (Adler LA, Cohen J. 2003):

Escalera de autoevaluación de los adultos (EAVA): (McCann B. 2004) se puede utilizar como una primera herramienta de autoevaluación para identificar los adultos que pueden tener TDAH. Copeland Symptom Checklist: ayuda para evaluar si un adulto tiene síntomas característicos del TDAH. Brown Attention Deficit Disorder Scale: explora el funcionamiento ejecutivo de los aspectos de la cognición que están asociados con el TDAH. Wender-Reimherr Adulto Attention Deficit Disorder Scale: mide la gravedad de los síntomas de los adultos con TDAH. Es especialmente útil para evaluar el estado de ánimo y labilidad del TDAH. Conners´Adulto ADHD Rating Scale (CAARS): los síntomas se evalúan con una combinación de frecuencia y gravedad.

Según Murphy y Gordon (1998), para realizar una buena evaluación del TDAH se tiene que tener en cuenta si hay evidencias sobre la relación entre los síntomas de TDAH durante la infancia y un deterioro posterior significativo y crónico en diferentes ámbitos, si hay una relación entre los síntomas del TDAH actuales y un deterioro sustancial y consciente en diferentes ámbitos, si hay otra patología que justifique el cuadro clínico mejor que el TDAH, y finalmente, si para los pacientes que cumplen los criterios diagnósticos del TDAH, hay alguna evidencia que existan condiciones comórbidas.

El procedimiento del diagnóstico se guía por unas pautas para realizar los exámenes diagnósticos según la situación clínica. Este procedimiento empieza con una historia clínica completa incluyendo una exploración neurológica. El diagnóstico tiene que ser clínico, apoyado por las escaleras de autoevaluación, comentadas anteriormente. Es imprescindible evaluar condiciones psiquiátricas, descartar posibles comorbilidades y ciertas condiciones médicas como la hipertensión y descartar el abuso de sustancias.

Cómo muy bien destacan Biederman y Faraone (2005), para poder realizar un diagnóstico de TDAH en adultos es fundamental saber qué síntomas son propios del trastorno y cuáles son debidos a otra patología comórbida.

Es muy importante tener en cuenta que es bastante común la comorbididad en el TDAH del adulto (Kessler RC, at al. 2006). Las comorbilidades más frecuentes son los trastornos de humor como la depresión mayor, la distimia o el trastorno bipolar, que tiene una comorbididad con el TDAH que va desde el 19 al 37%. Para los trastornos de ansiedad, la comorbilidadt oscila entre el 25 y el 50%. En el caso del abuso del alcohol es del 32 al 53% y en otro tipo de abuso de sustancias como la cocaína es del 8 al 32%. Los tasa de incidencia de los trastornos de personalidad es del 10 al 20% y para la conducta antisocial del 18 al 28% (Barkley RA, Murphy KR. 1998).

Tratamiento farmacológico del TDAH en adultos

Los fármacos utilizados para tratar este trastorno son los mismos que en la infancia. De los diferentes fármacos psicoestimulantes, se ha demostrado la eficacia en los adultos con TDAH del metilfenidato y atomoxetina. 

El metilfenidato de liberación inmediata inhibe la recaudación de la dopamina; y la atomoxetina, tiene como función principal inhibir la recaudación de la noradrenalina. Actualmente, y gracias a varios estudios realizados por Faraone (2004), se sabe que el metilfenidato es más eficaz que el placebo. Entre los fármacos no estimulantes para el tratamiento del TDAH en adultos se incluyen los antidepresivos tricíclicos, inhibidores de la aminooxidasa y fármacos nicotínicos entre otros.

Tratamiento psicológico del TDAH en adultos

A pesar de la elevada eficacia de los psicofármacos, en determinadas ocasiones no es suficiente a la hora de manejar otros factores, como cogniciones y conductas disruptivas u otros trastornos comórbidos. (Murphy K. 2005).

Las intervenciones psicoeducativas ayudan a lograr que el paciente obtenga un conocimiento sobre el TDAH que le permita no solo ser consciente de la interferencia del trastorno en su vida cotidiana, sino también que el mismo sujeto detecte sus dificultades y defina sus propios objetivos terapéuticos (Monastra VJ, 2005). Estas intervenciones se pueden llevar a cabo bajo un formato individual o grupal.

La aproximación más efectiva para tratar el TDAH en adultos es la cognitivo-conductual, tanto en una intervención individual como grupal (Brown, 2000; McDermott, 2000; Young, 2002). Este tipo de intervención mejora los síntomas depresivos y ansiosos. Los pacientes que recibían terapia cognitivo-conductual, junto con sus medicamentos, controlaban los síntomas persistentes mejor que con el uso de medicamentos combinados con ejercicios de relajación.

Los tratamientos psicológicos pueden ayudar al paciente a afrontar los problemas emocionales, cognitivos y conductuales asociados, así como un mejor control de la sintomatología refractaria al tratamiento farmacológico. Por eso se considera que los tratamientos multimodales son la estrategia terapéutica indicada (Young S. 2002).

Referencias bibliográficas:

  • Miranda, A., Jarque, S., Soriano, M. (1999) Trastorno de hiperactividad con déficit de atención: polémicas actuales acerca de su definición, epidemiología, bases etiológicas y aproximaciones a la intervención. REV NEUROL 1999; 28 (Supl 2): S 182-8.
  • Ramos-Quiroga J.A., R. Bosch-Munsó, X. Castells-Cervelló, M. Nogueira-Morais, E. García-Giménez, M. Casas-Brugué (2006) Trastorno por déficit de atención con hiperactividad en adultos: caracterización clínica y terapéutica. REV NEUROL 2006; 42: 600-6.
  • Valdizán, J.R., Izaguerri-Gracia A.C. (2009) Trastorno por déficit de atención/ hiperactividad en adultos. REV NEUROL 2009; 48 (Supl 2): S95-S99.
  • Wilens, T.E., Dodson, W. (2004) A clinical perspective of attention-deficit/hyperactivity disorder into adulthood. J Clin Psychiatry. 2004;65:1301-11