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“El sexo es lo más divertido que se puede hacer sin sonreír”

—Woody Allen

Sin duda, el sexo es una fuente estímulos positivos, de autoconocimiento, de placeres de diversos tipos y una actividad que por la liberación de dopamina, oxitocina y serotonina ayuda a aumentar el bienestar y la autoestima.

Pero hay veces en las que el sexo se convierte en nuestro enemigo, en una “tarea” que está relacionada como causa o como consecuencia a una baja autoestima.

5 momentos en los que el sexo puede bajarte la autoestima:

1. Infidelidad

El primer caso es sobre el que más se ha hablado desde que se practica la monogamia. Desde la perspectiva de Sternberg del triángulo del amor basado en la intimidad/pasión/compromiso, se entiende que una pareja que comparta esos tres ejes no debería tener carencias que le hiciesen buscar emociones y sensaciones en otra pareja sexual.

La infidelidad es una acción ocultada, fuera de los límites de un pacto previo, un ataque a la confianza de la pareja y por supuesto, genera sentimiento de culpabilidad y en la mayoría de casos ansiedad y una bajada de autoestima al sentir que estas traicionando a alguien a quien quieres, por lo que tu idea de ti mismo empeora al ver como no demuestras atributos positivos como la lealtad, la empatía, la sinceridad y la fidelidad.

¿Sabías qué? ¡Los introvertidos son más proclives a ser infieles...!

2. Sexo para subir la autoestima social

El reconocimiento social libera dopamina y endorfina, así que una motivación extrínseca muy poderosa es actuar para que la gente te identifique como un individuo exitoso, triunfador, alguien alfa y muchas personas utilizan el éxito sexual como un ascensor inmediato de su autoestima social.

En este caso además se da una “cosificación” de la pareja sexual, ya que se convierte en un simple número, en una herramienta para poder seguir en lo más alto de la pirámide social que valora el éxito sexual como un mérito a tener en cuenta.

Aunque es cierto que esa valoración ayuda a mejorar la autoestima, es un arma de doble filo, ya que estás construyendo una autoestima basada en una valoración externa y estarás generando una identidad sexual y social dependiente de esa apreciación. Es decir, es más que autoestima, “otroestima” por lo que es muy poco sólida y nos hace cautivos de la opinión de los demás, dejando de lado nuestra propia identidad sexual y siendo esclavos de lo que la gente espera de nosotros.

¿Sabías qué? La autoestima tiene también una dimensión sexual y se define como la seguridad o confianza que tenemos con respecto al sexo.

3. Sexo como forma de conseguir cariño o atención

Si en el punto dos hablábamos del individuo que tiene sexo para conseguir la aprobación del grupo, en este caso se trata de personas con carencias grandes de cariño y que por experiencia han aprendido que en muchos casos antes, durante o después del sexo obtienen ese cariño aunque sea durante un periodo corto de tiempo.

Suele darse en casos donde la autoestima es muy baja además de tener un círculo social pequeño o unas habilidades sociales bajas para demandar cariño a su entorno. Así que para conseguir ese cariño, hacen intercambio de sexo por un rato de interés o cariño.

Este es uno de los casos más peliagudos porque la persona tiene que aprender a pedir cariño a su entorno cuando lo necesite, a ser más asertiva para hacerse respetar y sobretodo a quererse más a si misma. Precisamente este perfil es el que más suele convertirse en un “número” dentro de la lista de los que utilizan el sexo para aumentar su autoestima social.

¿Sabías qué? Está demostrado que hay trucos para aumentar la autoestima considerablemente en una semana.

4. Adicción al sexo

Como todas las adicciones, cada vez que caes en la conducta a la que eres adicto se produce una bajada de la autoestima y una sensación de vacío y culpabilidad. Además de un dato que popularmente se desconoce y es que el adicto al sexo (o hipersexual) tiene la sensibilización tan alta que el disfrute es mínimo.

Además, esta adicción entra dentro de la categoría de adicciones comportamentales como la adicción al trabajo, a internet o a los deportes de riesgo, donde la adicción no es a una sustancia en sí misma sino a las sustancias que se generan en el cerebro al realizar la actividad.

Como en todas las adicciones, existe una dependencia psíquica, un aumento de la tolerancia y un síndrome de abstinencia. A tenor de lo cual, el tener el sexo como una actividad compulsiva pierde por completo su faceta placentera.

¿Sabías qué? Todas las adicciones de conducta están relacionadas con un bajo nivel de autocontrol, no solo conductual sino también emocional.

5. Sexo para no afrontar los problemas

Otro que tiene que ver con las parejas. Todas las parejas tienen conflictos. Sin excepción. Aceptarlo es una necesidad para poder construir una relación sana. Algunos de esos conflictos son tan complejos que las personas se ven totalmente imposibilitadas para solucionarlos, aunque el conflicto sin solución se pueda convertir en un bomba de relojería.

Pues bien, muchas parejas aprenden equivocadamente que el sexo es un parche ideal para tapar ese conflicto y dan como finalizada la discursión con una sesión de sexo. Como si ese sexo, por placentero, significara que el conflicto ha dejado de existir. Y, de la forma más conductista posible, incorporan el sexo de manera habitual a su ritual de solución de problemas.

Esto influye a medio y largo plazo negativamente a nuestra autoestima personal, ya que el conflicto que no sabemos resolver va a presentarse periódicamente en nuestra vida de pareja convirtiéndose en un elemento que puede afectar directamente al autoconcepto.

¿Sabías qué? La terapia de pareja en un porcentaje muy alto de casos se centra en ayudar a las parejas a mejorar su comunicación.