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¿Amas a tu pareja pero ya no te sientes como el primer día? ¿Notas que el sentimiento que sientes hacia tu pareja se ha ido transformando a lo largo del tiempo? Son sensaciones completamente normales que describen los cambios en la manera de sentir e interpretar lo que una relación significa para nosotros.

Esto ocurre porque el amor de pareja tiene distintas fases y etapas, todas ellas con sus características definitorias. Si en el artículo “Las 5 fases para superar el duelo de la ruptura de pareja” se hablaba de las etapas del desamor, en este texto trataremos las distintas fases del amor.

El amor también evoluciona

Es importante destacar que, a pesar de que éste es un fenómeno que ha despertado mucho interés entre los profesionales de la psicología, existen discrepancias sobre el número de fases del amor y las características que las definen.

Ahora bien, según el psicólogo John Gottman, autor del libro Principa Amoris: The New Science of Love, el amor romántico tiene tres fases bien diferenciadas que van apareciendo de forma secuencial, del mismo modo en el que las personas nacen, crecen y envejecen. 

Sus investigaciones han demostrado que el amor es una experiencia compleja, y han servido para identificar algunas etapas de la vida de la pareja en las cuales el amor se puede deteriorar o seguir evolucionando hacia adelante hasta llegar a la forma de vínculo emocional más profundo.

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Las etapas del amor: limerencia, amor romántico y amor maduro

¿Cuáles son estas etapas del amor? ¿Qué características presentan? A continuación las puedes ver descritas y explicadas.

Fase 1: Limerencia

Esta etapa también recibe el nombre de fase de enamoramiento o de lujuria, y es la fase en la que estamos más ilusionados y deseosos de ver a la otra persona. Los sentimientos y emociones de los amantes tienen que ver con la euforia y con los cambios rápidos del estado de ánimo.

El término “limerencia” fue acuñado por Dorothy Tennov, y según ésta, la sintomatología característica de esta etapa son algunos cambios físicos como enrojecimiento, los temblores o palpitaciones; excitación y nerviosismo, pensamiento intrusivo, obsesión, pensamientos fantasiosos y el miedo al rechazo.

El enamoramiento es algo excepcional

En el libro  La alquimia del amor y la lujuria, la Dra. Theresa Crenshaw explica que no cualquiera puede hacernos desencadenar la cascada de hormonas y neurotransmisores que acompaña a la emocionante primera fase del amor. Pero cuando el enamoramiento ocurre, entonces, y solo entonces, la cascada de neuroquímicos del enamoramiento estalla cambiando nuestra percepción del mundo.

El psicólogo y director de comunicación de la revista Psicología y MenteJonathan García-Allen, en su artículo “La química del amor: una droga muy potente”, explica que “en esta fase el cerebro libera grandes cantidades de dopaminaserotonina o noradrenalina, es por eso que cuando nos enamoramos nos sentimos excitados, llenos de energía y nuestra percepción de la vida es magnífica. Exactamente igual que si consumimos sustancias psicoactivas”.

En resumen, cuando nos enamoramos, nuestro cerebro segrega:

  • Feniletilamina (PEA): es una anfetamina natural que nuestro cuerpo produce y recibe el nombre de “molécula del amor”.
  • Feromonas: derivadas del DHEA, influyen en la sensualidad más que en la sexualidad, creando una increíble sensación de bienestar y confort. Además, las feromonas podrían influir en nuestra toma de decisiones sin que nos demos cuenta de ello.
  • Oxitocina: también llamada la hormona de los abrazos, ayuda a crear vínculos cercanos con la otra persona. Cuando nos sentimos cerca de esa persona y tenemos relaciones intimas nuestro cuerpo se encarga de segregarla. Este compuesto químico tiene una duración en el cerebro de unos 4 años según la teoría de Donald F. Klein y Michael Lebowitz
  • Dopamina: está relacionada con el placer y es el neurotransmisor que desempeña un papel importante en los juegos de azar, el uso de drogas, y también en el amor. Es importante ya que está implicada en el sistema de recompensa, es decir, nos ayuda a repetir conductas placenteras.
  • Noradrenalina: también conocida como norepinefrina, se asocia a la sensación de euforia, excitando el cuerpo y dándole una dosis de adrenalina natural.
  • Serotonina: actúa sobre las emociones y el estado de ánimo. Es la responsable del bienestar, genera optimismo, buen humor y sociabilidad.

Este cambio brusco en la generación y hormonas y neurotransmisores hace que tendamos a ser menos estables emocionalmente, al menos durante un tiempo y, específicamente, cuando pensamos en la otra persona o la sentimos cerca.

Fase 2: Amor romántico (construyendo confianza)

Las preguntas que pueden surgir durante esta fase son: “¿estarás ahí para mi?” “¿puedo confiar en ti?” “¿puedo contar contigo para los buenos y los malos momentos?” Estas son algunas de las reflexiones que hacemos para saber si queremos seguir con esa persona que tanto nos ha hecho sentir y si realmente estamos con la persona correcta para este largo viaje del amor.

Cuando no podemos responder positivamente a estas preguntas, los conflictos surgen una y otra vez y pueden erosionar seriamente la relación. Las respuestas a estas preguntas son la base del apego seguro o inseguro a la relación.

Un reto para la gestión de las emociones

Por lo dicho, es común que en esta etapa existan crisis. Salir airosas de ellas supone un crecimiento en la relación y el fortalecimiento de los lazos afectivos. En cambio, si las dudas se confirman, la frustración, la decepción, la tristeza y la ira pueden aparecer.

Estas crisis pueden aparecer alrededor de los 2 o 3 años y, en muchas ocasiones, el resultado de estas peleas viene determinado por la capacidad de negociación y de comunicación de los miembros.

El desarrollo o la construcción de confianza se basa en tener en cuenta las necesidades del otro miembro de la pareja también. Esto se consigue:

  • Siendo consciente del dolor de la otra persona
  • Teniendo tolerancia hacia su punto de vista además del tuyo
  • Cubriendo las necesidades de la pareja
  • Con una escucha activa y no defensiva
  • Con actitud de empatía
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Fase 3: Amor maduro (construyendo compromiso y lealtad)

Si la pareja logra superar la etapa anterior, alcanza la fase de la unión o amor maduro. Esta etapa se caracteriza por la construcción de un compromiso real y leal. Se trata de la etapa de confianza más profunda, en la que se toman decisiones más racionales. Es decir, se produce una valoración más profunda de la otra persona y existe una unión que predomina sobre el el torrente emocional y la agitación del comienzo de la relación.

En esta etapa se valora más la calma y la paz, y el la otra persona se convierte en un punto de apoyo. Se da más importancia al apego, la ternura, el afecto profundo, y amor alcanza, entonces, otro nivel.

Consolidando la relación estable

En esta etapa el amor se alimenta de la comprensión, del respeto por parte de los dos miembros de la pareja. De algún modo, el amor pasa a experimentarse de un modo menos individualista, pensando en la pareja como una unidad que es más que la suma de sus partes. 

El vínculo emocional no es tan obsesivo como en la primera fase y da paso a un amor libre, basado en la comunicación, el diálogo y la negociación. En esta fase es muy poco frecuente que aparezcan problemas de comunicación que antes no estuvieran presentes, a no ser que se deban a un hecho concreto y fácil de identificar que quiebre la salud de la relación.

Para llegar a esta fase hay que tener en cuenta que el amor no nace, se construye a través del tiempo y se se va cuidando de manera constante. El simple paso del tiempo no hace que se llegue a la última de las principales fases del amor; por ejemplo, podría hacer que el vínculo emocional se deteriorase si se deja de dedicarle atención.

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