Neurociencias

Oxitocina, la hormona del amor y los lazos afectivos

¿Cuál es el papel de la oxitocina en nuestra mente y en nuestra conducta?

Oxitocina, la hormona del amor y los lazos afectivos
Arturo Torres Arturo Torres Psicólogo

La oxitocina es una de esas sustancias que hacen más interesante el ámbitos de estudio de las neurociencias y la biología. El motivo es que la oxitocina está muy relacionada con los lazos afectivos de todo tipo, tanto aquellos que son tan fuertes como los que experimentan las parejas de amantes como los más difusos, como los que unen a una persona con su comunidad de amigos y vecinos.

La oxitocina es, pues, una pequeña pieza de la química corporal que nos permite explicar científicamente sensaciones tan intensas e inexplicables como las que tienen que ver con el  amor. Esto es lo que hace que muchas personas intenten comprender su funcionamiento para llegar a tener una idea sobre cuál es la naturaleza de lo que sienten cuando ven a una persona determinada, cuando se abrazan con alguien, o cuando besan.

¿Qué es la oxitocina?

Pero empecemos por lo básico. ¿Qué es la oxitocina? Se trata, básicamente, de una sustancia producida por nuestro propio cuerpo, concretamente, en una estructura del encéfalo llamada hipotálamo y en otros órganos repartidos por el organismo. En cuanto a su función, la oxitocina es tremendamente versátil, y puede actuar como hormona y como neurotransmisor.

Como hormona, viaja a través de la sangre para llegar a distintos tejidos y órganos del cuerpo humano y hacer que estos reaccionen de una manera determinada, siguiendo unos protocolos diseñados por miles de años de evolución y que tienen que ver con nuestra manera de ajustarnos a distintas situaciones del mejor modo posible.

Como neurotransmisor, la oxitocina viaja entre los pequeños espacios en los que se establece la comunicación entre las neuronas (los llamados espacios sinápticos) y por tanto tiene un papel en la transmisión de las señales eléctricas a lo largo del sistema nervioso, incluyendo el cerebro.

Sin embargo, una de sus funciones concretas más significativas tiene que ver con el amor y en el afecto. La oxitocina participa en esta vertiente de nuestra vida como hormona y también como neurotransmisor.

La oxitocina y el amor

Se dice frecuentemente que la oxitocina es la sustancia responsable de que exista el amor. Esto no deja de ser una conclusión reduccionista y algo aventurada, teniendo en cuenta que no existe una sola concepción sobre lo que es el amor y, en todo caso, en la experiencia subjetiva relacionada con el afecto y el enamoramiento intervienen muchas otras sustancias. La oxitocina, como pasa con todos los neurotransmisores, nunca trabajas sola: siempre está encajada en un puzzle bioquímico que da forma a nuestra mente y nuestros actos.

Sin embargo, es verdad que hay algunos patrones en los que puede verse la relación que hay entre la oxitocina y todo ese conjunto de experiencias y procesos que tienen que ver con el amor y el afecto.

Por ejemplo, los niveles de oxitocina aumentan cuando hay que reconocer caras familiares. También aumentan al mirarse a los ojos con seres queridos, tiene un papel a la hora de recordar a miembros del propio grupo y, en general, es segregado en cantidades relativamente grandes en situaciones relacionadas con el amor y el apego. Cuando experimentamos la sensación de compartir una relación íntima con otra persona y cuando sentimos que estamos en un ambiente de confianza, se segrega más oxitocina, tal y como se explica en el artículo sobre la química del amor.

De hecho, se ha visto que en las personas con depresión crónica a las que se les da una dosis extra de oxitocina, estas tienden a prestar mayor atención a las cara felices ue a las tristes.

La oxitocina como regulador de los partos y la maternidad

La oxitocina interviene en otros procesos más variados. Etimológicamente, la palabra “oxitocina” significa “nacimiento rápido” en griego. Esto es así porque, como hormona, la oxitocina tiene un papel muy importante en los partos y, por extensión, en la lactancia, dos procesos fundamentales en la maternidad, tal y como comprobó el fisiólogo Henry Dale, quien le puso nombre a esta sustancia.

En concreto, la oxitocina hace que ciertas fibras musculares del útero se mantengan contraídas durante el parto, y además es la responsable de que se den las contracciones antes del nacimiento. Además, la oxitocina tiene ciertos efectos mecánico sobre las mamas, haciendo que estas eyecten leche materna.

El papel de esta hormona en la sexualidad

Durante el acto sexul, los niveles de oxitocina en sangre acostumbran a ser significativamente más altos de lo normal. Esto refuerza la hipótesis de que esta hormona tiene un importante papel en los procesos químicos y mecánicos que intervienen en la sexualidad.

Se ha comprobado, por ejemplo, que la oxitocina interviene en la aparición de contracciones vaginales que hacen más fácil que el esperma llegue al óvulo. En el caso de los hombres, produce contracciones en la próstata y las vesículas seminales. Además, tanto en hombres como en mujeres los niveles de oxitocina en sangre alcanzan su máximo durante el orgasmo.

Creando vínculos sociales

Como hemos visto, la oxitocina está fuertemente asociada con la generación de lazos afectivos, y no solo los relativos a la maternidad.

Esto no es casual. El hecho de poder contar con la ayuda y el apoyo de otras personas es una de ls grandes ventajas evolutivas que ha tenido nuestra especie, y es por eso que se puede decir que la oxitocina forma parte de ese pegamento social que tanto nos ha beneficiado. Si el hecho de entrar en contacto con una persona nos hace segregar más oxitocina, a la larga se entra en una dinámica química y relacional en la que los lazos personales son muy fuertes. De este modo, el vínculo se hace muy resistente y permanece a lo largo del tiempo.

Arturo Torres Arturo Torres Psicólogo

Licenciado en Sociología por la Universitat Autónoma de Barcelona. Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona. Posgrado en comunicación política y Máster en Psicología social.

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