Hace unos meses, una youtuber británica llamada Marina Joyce subió a Internet un vídeo titulado “Date outfit ideas” (ideas para vestir en una cita). Técnicamente, el contenido de este vídeo no era distinto a los otros que ya había hecho públicos y que le habían servido para ganar unos cuantos cientos de miles de suscriptores. Sin embargo, había algo extraño que llamó la atención de parte de la audiencia.

En cuestión de horas, algunos de los seguidores de Joyce empezaron a dejar comentarios llamando la atención sobre la actitud y el aparente estado psicológico de la youtuber. Parecía ausente, decían algunos; otros, directamente, aseguraban que mostraba los síntomas de una persona drogada

Era el inicio de uno de los casos en los que el fenómeno fan se iba a mostrar de un modo más espectacular, y de forma masiva.

Salvar a Marina Joyce

Rápidamente se fueron creando historias totalmente basadas en especulaciones. Algunos usuarios llegaron a la conclusión de que la youtuber estaba en peligro, secuestrada por alguien, y que trataba de mandar un mensaje cifrado sin que su captor o captores se diesen cuenta de que estaba pidiendo ayuda a sus seguidores.

De este modo se llegaron a plantear teorías muy detalladas acerca de cómo la pareja de Marina Joyce la podía haber secuestrado, o otra persona desconocida, o bien directamente el Estado Islámico. Otras personas crearon otras teorías igual de carentes de fundamento, según las cuales Joyce tenía trastornos mentales severos o planeaba suicidarse.

Todo esto hizo, entro otras cosas, que la policía fuese a visitar la casa de la joven después de las insistentes llamadas de los fans y, además, que el hashtag #savemarinajoyce fuese trending topic mundial en tan solo unas pocas horas. De modo colateral, el vídeo que inició las sospechas llegó a sobrepasar los 23 millones de visualizaciones, y el número de suscriptores de su canal de Youtube se disparó.

Pero la cosa no se detuvo al llegar las primeras señales objetivas de que Marina Joyce estaba bien, incluidas las declaraciones de la policía. Los fans de la joven habían creado un relato propio de los hechos que se alimentaba a sí mismo, y cualquier dato objetivo que no encajase con este era manipulado para que no negase la leyenda que se había creado alrededor de la youtuber. La realidad era forzada para que se adaptase a la ficción.

El problema era que ni siquiera la propia Marina Joyce podía conservar la credibilidad acerca de lo que ocurría en su propia vida.

Cuando el fan es parte del problema

Cuando la youtuber aseguró estar bien desde uno de sus perfiles de redes sociales, una gran cantidad de sus fans no la creyeron. Seguían encontrando indicios del peligro que corría Marina Joyce, rebuscando en sus mensajes, vídeos y fotos.

Algunos se convencieron de que el cuerpo de la joven estaba lleno de morados y heridas producidas por su captor, y otros buscaban mensajes en clave dejados como pistas por ella, como si fuesen muestras evidentes de que había algo que ocultaba. Un montón de información acerca de la youtuber estaba siendo difundida y analizada como forma de conocer más su vida íntima.

Eran muchos los que decían querer defender a Marina Joyce de un peligro que solo existía en su propia imaginación. Sin, embargo, al hacerlo estaban vulnerando la privacidad de la joven, y anulando su capacidad de utilizar de manera normal sus redes sociales.

¿Qué había pasado?

La obsesión por los famosos e Internet

El fenómeno fan no es nuevo: existe desde que las sociedades del bienestar y los mass media empezaron a producir personajes famosos cuya imagen era difundida por los medios de comunicación y, a la vez, la cantidad suficiente de audiencia con el tiempo libre como para obsesionarse con esas celebridades.

Sin embargo, el uso cada vez más extendido de Internet ha hecho que el fenómeno fan cobre una nueva dimensión. El caso de Marina Joyce es un ejemplo de esto.

Antes no existía la posibilidad de que una persona influyente conectase con su audiencia en tiempo real, pero tampoco era posible que los fans estuviesen en contacto entre sí de manera constante y masivamente.

En el caso de los mitos acerca de Marina Joyce, lo que ocurrió fue una mezcla de varios fenómenos psicológicos.

Creando el mito de la conspiración

En primer lugar está la obsesión: el hecho de que alguien sea famoso hace que muchas otras personas dediquen más tiempo a pensar en ella, y esto hace que crezcan las posibilidades de que a alguien se le ocurra una conexión estrambótica entre dos ideas a partir de los indicios más mínimos. Es una cuestión de probabilidad.

En segundo lugar está el herding, un fenómeno estudiado en psicología social. A causa de la gran cantidad de fans que puede tener una persona, es posible que de una pequeña chispa nazca un verdadero movimiento en manada que no se apoya en aquello que es directamente observable en la realidad: solo reposa sobre fantasías y especulaciones

Curiosamente, miles de personas pueden ponerse de acuerdo en una versión surrealista de los hechos sin que nadie trate de engañarlos a sabiendas. Las explicaciones delirantes sobre lo que podría estar ocurriendo se van alimentando las unas a las otras.