Muchos son los autores e investigadores científicos que afirman que el tipo de personalidad afecta directa o indirectamente a nuestra salud física.

Existen diversas maneras de ser de cada uno que aumentan o disminuyen la probabilidad de sufrir algún tipo de enfermedad, pero el origen o la curación no están solo en la mente.

¿Puede influir la personalidad de cada individuo en su salud?

Algunas personas mantienen una firmeza y fortaleza admirables ante situaciones excepcionalmente duras, teniendo todos los factores en su contra. Por otra parte nos encontramos con individuos que, aún teniendo todo a su favor, son propensos a padecer problemas de salud.

Podemos citar algunos de los personajes más emblemáticos de nuestra era para destacar el tipo de personalidad de cada uno y cómo afrontaron esos momentos de desgaste físico.

1. Muhammad Alí

El púgil más famoso de todos los tiempos fue despojado de su primer título en 1966 y vetado del ring durante tres años por negarse a participar en la Guerra del Vietnam.

Pero su personalidad luchadora y perseverante le hizo campeón dos veces más, ganándose el apodo de “The Greatest of All Time” (el más grande de todos los tiempos).

2. Nelson Mandela

El ex presidente sudafricano pasó en prisión más de 30 años con restricciones más severas que los presos comunes, obligado a picar piedra, privado de visitas y comunicación por correo ordinario.Mandela mantuvo una actitud bien positiva que le condujo a ser presidente de su país y Premio Nobel de la Paz en el año 1993.

El nexo entre la manera de ser y el bienestar físico

Ya en la Antigüedad, el griego Hipócrates y el romano Galeno clasificaron a los seres humanos en cuatro tipos psicológicos, cada uno de ellos susceptible a problemas concretos de salud.

Por ejemplo, las personas coléricas, según la medicina antigua, suelen ser personas autosuficientes y ambiciosas, y eso les supone ser propensos a padecer problemas cardíacos o adelgazar/engordar fácilmente.

Más de dos mil años han pasado desde aquellas primeras investigaciones pioneras entre temperamento y salud.

Los científicos expertos siguen buscando correlaciones entre rasgos de personalidad y tipos de enfermedad, y elaboran así hipótesis para poder concluir si estas asociaciones se deben a una base biológica común o a que un factor sea causa del otro. Perio... ¿Se puede afirmar que nuestra personalidad afecta a nuestra salud?

Ser positivo

Un estudio realizado en la Universidad de Carolina del Norte (EEUU) por Janice Williams arroja luz sobre el papel que juega la ira en la salud. Durante cinco años siguió a un grupo de personas y observó que los que se mostraban irritables, cínicos y hostiles, registraban mayor facilidad para padecer deficiencias cardiovasculares. 

Una de las conclusiones que emitieron los investigadores era que la personalidad influía en los hábitos del día a día. Por ejemplo, el consumo de alcohol, tabaco o drogas era más habitual entre los individuos más impulsivos y agresivos.

No obstante, una vez analizados los datos detalladamente, se concluyó que la conexión entre personalidad y carácter presenta una relativa complejidad. De hecho, entre personas cuyos malos hábitos estaban igualados, la mala salud de los coléricos era ma´s pronunciada.

Por otro lado, Laura Kubzansky, profesora de la Universidad de Harvard, ha elaborado varias investigaciones sobre la tendencia al optimismo o al pesimismo y su nexo con la salud física. Su conclusión es bien contundente: la negatividad es mala para la salud. Los datos recogidos de sus estudios basados en observar a colectivos durante décadas demuestran que las personas que perciben su futuro con sombras son más proclives a padecer enfermedades, independientemente de las condiciones materiales de vida y del poder adquisitivo.

Corazón de cristal

El sistema cardiovascular es un elemento fundamental a la hora de estudiar los diferentes tipos de personalidad.

A finales del siglo XX, Meyer Friedman y Ray H. Rosenman intuyeron que podría haber una correlación entre el riesgo cardíaco y determinados patrones de comportamiento. Las personas más propensas al infarto eran individuos estresados e impacientes (personalidad tipo A).

¿Por qué este tipo de personas tiene más riesgo cardíaco? Una vez más, no existe una sola causa. El neurólogo Redford Williams unifica en sus teorías dos posibilidades: los individuos con bioquímica tipo A, sumada a la mala rutina, tienen más posibilidades de padecer un infarto. Según Williams, las personas con ese perfil secretan constantemente hormonas del estrés como el cortisol, y su presión arterial y pulsaciones sube a menudo.

Los límites de la mente

Pero no hay que caer en la trampa. Susan Sontag, escritora del libro La Enfermedad y sus Metáforas, nos cuenta acerca de los dolores de cabeza que le produjeron las teorías simplistas que interpretan lo mental como un superpoder capaz de controlarlo todo.

Numerosos libros y escritos de autoayuda están basados en datos no científicos, hecho que ha popularizado la idea de que las enfermedades no son más que una manifestación de los problemas con el espíritu.

Así, en mucha literatura basada en la pseudociencia se insiste que hay una conexión entre personalidad menos asertiva y la enfermedad. Sontag recuerda el peligro de la sacralización de lo mental:si pensamos que lo psíquico puede controlarlo todo y que está por encima de la materia, nos sentiremos frustrados y desbordados contínuamente.

Tomar por sentado que el espíritu domina por completo el mundo supone una pérdida de tiempo y de esfuerzos, ya que la influencia de lo psíquico sobre lo físico es a menudo difusa y difícil de controlar.

Por supuesto que tenemos que cuidar el modo en el que pensamos, pero hay que aceptar ese porcentaje de azar y contingencia que tanto cuesta hoy en día sobrellevar.