Mucho se habla en los últimos tiempos del estrés, un fenómeno conocido como "la epidemia del siglo XXI". El ritmo de vida que llevamos, la situación socioeconómica y las condiciones laborales a las que nos vemos sometidos contribuyen notablemente a la aparición de esta condición.

El cortisol es una de las hormonas asociadas al estrés junto con la adrenalina, y su función principal preparar al organismo para los momentos de mayor activación en los que es necesario estar alerta. El estrés es una respuesta adaptativa que prepara a nuestro cuerpo para llevar a cabo una respuesta de lucha o huida ante un estímulo peligroso o amenazante. Sin embargo, cuando este fenómeno se produce a diario y se cronifica, aparece el estrés patológico que causa serios problemas para la salud física y mental.

Qué es el cortisol

El cortisol, también conocido como hidrocortisona, es un glucocorticoide. Se produce encima de los riñones, en una zona conocida como corteza suprarrenal, en respuesta al estrés (físico o emocional), y su síntesis y liberación está controlada por la hormona adrenocorticotrópica (ACTH) y su ritmo circadiano.

Por la mañana, la cantidad de cortisol se eleva hasta alcanzar su pico alrededor de las 8:00 am (teniendo en cuenta un horario de sueño normalizado), por la necesidad de generar fuentes de energía después de una larga noche. Por la tarde también aumenta para mantenernos activos, pero después desciende de manera progresiva.

Hormonas del estrés: cortisol y adrenalina

El cortisol y la adrenalina son dos hormonas relacionadas con el estrés pero que tienen funciones distintas. Entender la función de cada uno de estos químicos puede ayudarnos a comprender qué ocurre en nuestro cuerpo cuando nos enfrentamos a un estímulo estresante. La reacción al estrés es un comportamiento instintivo que ha permitido la supervivencia y el desarrollo de los seres humanos, puesto que nuestro cuerpo está programado para actuar ante situaciones de emergencia o peligro.

Sin embargo, esto que nos ha funcionado tan bien a lo largo de la historia, crea serios problemas en la actualidad por la manera que tenemos de vivir los humanos. Asimismo, este fenómeno no solamente se produce ante estímulo físico, sino que nuestros pensamientos también pueden causar estrés (por ejemplo, cuando una persona sufre una situación de estrés postraumático y revive constantemente una situación estresante del pasado), lo que nos puede llevar a una situación de desgaste físico y mental excesivo.

Cómo actúa la adrenalina

Ante un estímulo estresante, la adrenalina nos proporciona un impulso rápido, para que nuestra energía aumente y así podamos escapar del peligro. La respiración, el pulso y la frecuencia cardiaca se aceleran para que los músculos respondan más rápidamente. Las pupilas se dilatan, la sangre circula a mayor velocidad y ésta se aleja del aparato digestivo para evitar vómitos. En general, todo el cuerpo se prepara para reaccionar rápidamente ante ciertos estímulos, de modo que no se actúe siguiendo unos ritmos demasiado lentos.

Estas funciones fisiológicas de la adrenalina se complementan con otras funciones psicológicas como las de mantenernos en alerta y la ser más sensibles ante cualquier estímulo. La adrenalina, además de ser una hormona, también es un neurotransmisor que actúa en el cerebro. De este modo, se establece un diálogo intenso entre el sistema nervioso y el resto del organismo, lo cual es muy útil cuando hay que desencadenar procesos que afecten a muchas zonas del cuerpo en poco tiempo.

¿Qué función tiene en situaciones de alarma?

En situaciones de estrés, el nivel de cortisol también aumenta. Sus funciones principales son incrementar la cantidad de azúcar en la sangre, y también suprimir el sistema inmunológico para ahorrar energía y ayudar al metabolismo de grasas, proteínas y carbohidratos. Esto puede ser muy apropiado para una momento puntual, pero no cuando la situación estresante forma parte de nuestro día a día.

La liberación de azúcar en sangre tiene la función de mantener un nivel de energía apropiado para responder eficazmente ante la situación del estrés y nos permite estar alerta. En realidad, es la adrenalina del cerebro la que manda la señal para que se libere la glucosa al torrente sanguíneo (lo que se conoce como azúcar en sangre), pero el cortisol contribuye en su síntesis. También contribuye a la hora de utilizar las grasas y las proteínas como sustratos energéticos.

Como hemos visto, otra respuesta del cortisol ante una situación estresante es que inhibe el sistema inmunológico, porque toda la energía es necesaria para controlar el estrés. Además, esta hormona también provoca un aumento de histamina, lo que explica porque la gente tiende a ponerse más enferma o a sufrir herpes o alergias cuando padecen este fenómeno.

Relación con el estrés

El exceso de cortisol que deriva por permanecer en situaciones estresantes de manera prolongada causa ciertos desajustes debido al desgaste de energía que estamos experimentando. Algunos de los síntomas que podemos sufrir son los siguientes:

  • Sensación de fatiga, cansancio y agotamiento.
  • Problemas de memoria, concentración y aprendizaje.
  • Predominio de la irritabilidad, la ira y agresividad.
  • Dolor físico (por ejemplo, de cabeza o estómago)
  • Debilitación del sistema inmunológico y, por tanto, enfermedades, alergias, etc.

Cuando el estrés se manifiesta durante mucho tiempo, entonces es posible experimentar cuadros complejos de ansiedad, sentimientos de fracaso, insomnio o depresión.

Otras consecuencias del exceso de esta hormona

Aunque el cortisol tenga mala fama porque se asocia a algo tan negativo como el estrés crónico o el burnout, en el organismo humano realiza gran cantidad de funciones vitales. Entre otras cosas, permite que nuestros ritmos se adapten al ritmo que nos exigen ciertas situaciones, como por ejemplo los momentos en los que nuestra integridad física puede correr peligro o cuando se acerca una prueba que debemos superar. Aunque la sensación no siempre sea agradable, eso no significa que no sea necesaria o práctica.

Sin embargo, a largo plazo provoca una serie efectos no deseados. Por ejemplo, la producción de cortisol, ya sea por déficit o exceso, puede interferir con la producción de hormonas tiroideas y la conversión de éstas de T4 a T3.

El cortisol interrumpe el sistema reproductivo, causando infertilidad o incluso aborto involuntario cuando los niveles de cortisol son demasiado altos o crónicamente elevados. Además, el aumento cronificado de cortisol puede causar hambre intensa y antojos de comida debido al trastorno metabólico que se produce, y también influye en los bloqueos mentales y problemas de memoria relacionados con la sensación de "quedarse en blanco".

Conclusión

El cortisol es una hormona relacionada con el estrés que de por sí no es negativa. Ahora bien, cuando el estrés se cronifica y se vuelve patológico puede crear una serie de problemas o consecuencias negativas para la persona. Entre estas consecuencias destacan:

  • Disminución de las defensas
  • Problemas estomacales, diarrea o estreñimiento
  • Problemas de apetito
  • Cambios de humor
  • Dificultades para concentrarse y problemas de memoria
  • Fatiga y cansancio
  • Dolores de cabeza
  • Hipertensión
  • Infertilidad e interrupción de la menstruación

Si estás pasando por una situación de estrés y quieres saber qué debes hacer, en este artículo: “10 consejos esenciales para reducir el estrés” puedes encontrar algunas claves para combatirlo.