Es sabido que la psicología es una ciencia joven, que aún no ha madurado del todo. Uno de sus aspectos en los que esto se hace más evidente es el hecho de que dentro de la psicología no existe una teoría unificadora, es decir, un pilar teórico sobre el que se vaya asentando todo el conocimiento que se extrae a partir de los investigadores.

En cambio, sí existen muchas escuelas de pensamiento y planteamientos y puntos de partida totalmente distintos y, en buena parte, contrarios entre sí. El constructivismo es uno de estos conjuntos de corrientes académicas, e históricamente ha tenido mucha importancia, especialmente en la psicología educativa. Veamos por qué. 

El enfoque constructivista

Es muy posible que a las personas que hayan estudiado filosofía les suene el término "constructivismo", porque puede ser usado para referirse a una corriente filosófica surgida en el siglo XX y muy relacionado con el pensamiento posmoderno. Desde este constructivismo filosófico se pone énfasis en el componente interpretativo de todo aquello que llegamos a conocer, en vez de subrayar la importancia de aspirar a la objetividad y al realismo.

Así, hay un constructivismo moderado que se limita a sostener que la realidad no puede ser conocida directamente y que nuestras interpretaciones totalmente subjetivas serán el fundamento de lo que creemos conocer, y otro constructivismo radical según el cual la realidad es, directamente, la construcción que realizamos a partir de nuestras interpretaciones. Es decir, que la realidad, tal y como la solemos entender, no existe, porque no es independiente de nuestros pensamientos y no puede desvincularse de nuestra actividad mental.

La diferencia entre el constructivismo moderado y el "extremista" es que el primero no niega la existencia de una realidad material más allá de las ideas, mientras que el segundo sí lo hace. Sin embargo, ambos forman parte de una corriente de pensamiento que aborda problemas de tipo epistemológico y ontológico, y es por eso que formalmente pertenecen a la filosofía y no a la psicología. El constructivismo de la psicología es algo que nace de otro tipo de preguntas, aunque como veremos tiene varias semejanzas con su pariente filosófica.

Constructivismo psicológico

Si el constructivismo filosófico se encarga de intentar responder a la incógnita de qué es aquello que podemos llegar a conocer y de qué manera se relaciona este conocimiento con "la realidad", el constructivismo de la psicología es bastante más pragmático y se centra en estudiar de qué manera se lleva a cabo el aprendizaje y la generación de esquemas de significado en nuestra manera de pensar para poder aplicar estos descubrimientos científicos, especialmente, en dos ramas de la psicología: la psicoterapia y la psicología educativa.

De este modo, la idea de "construcción del conocimiento" que se utiliza en el constructivismo de la psicología es menos abstracto que el de su análogo de la filosofía, y su razón de ser está en la necesidad de crear teorías científicas capaces de predecir parte de lo que ocurrirá en el comportamiento de las personas (en general), y de dar soluciones a problemas concretos (en particular).

Así pues, el constructivismo de la psicología puede ser definido como un conjunto de teorías y escuelas de pensamiento (pertenecientes a este ámbito científico) que se basan en la idea de que el modo en el que los individuos generan conocimiento a partir de sus experiencias es a través de un papel activo en el que crean sistemas de significado únicos y cuyo valor no está en parecerse más o menos a la realidad.

Dos ejemplos: Piaget y Vygotsky

Entre los investigadores que normalmente son considerados parte del constructivismo en la psicología están dos de las grandes figuras de la historia de la psicología del desarrollo y de la educación: Jean Piaget y Lev Vygotsky.

Ambos partían de la idea de que el motor de la creación de conocimiento a partir del cual se desarrolla el aprendizaje es la interacción con el entorno (y, en el caso de Vygotsky, con la sociedad en la que se vive), impulsada por la curiosidad. Por consiguiente, no es una tarea basada en las actividades internas, sino algo que nace de la relación con el contexto inmediato.

Esta idea queda reflejada en su forma de entender la infancia, una etapa marcada por la creación a marchas forzadas de sistemas de significado que, aunque no reflejan nada bien la realidad, sí son muy útiles para seguir aprendiendo rápidamente a partir de las experiencias anteriores, lo cual permite que el aprendizaje exista. Puede que no vivamos teniendo imágenes fidedignas de lo que ocurre, pero al menos estas nos permiten desenvolvernos de un modo correcto con aquellos problemas que nos asaltan, independientemente de la etapa de la vida en la que nos encontremos.

Para leer más acerca de estos dos investigadores, puedes visitar este par de artículos:

Entre las corrientes teóricas y la filosofía

Tal y como hemos visto, el constructivismo es un conjunto de ideas muy heterogéneas que solo quedan unidas por un nexo muy amplio y bastante complicado de delimitar. Dicho de otro modo, el concepto de constructivismo en psicología es más amplio que el de las definiciones de las típicas corrientes psicológicas, como por ejemplo el conductismo o el cognitivismo.

Y, por supuesto, es perfectamente posible que existan varias teorías que puedan ser englobadas dentro del constructivismo y que a pesar de ello sean difícilmente compatibles entre sí o que ni siquiera puedan ser conectadas a través de la psicología aplicada. A fin de cuentas, formar parte de este haz de teorías no implica utilizar los mismos métodos ni las mismas herramientas, y no hay nada en la definición de constructivismo que implique abrazar varios compromisos muy concretos sobre lo que hay que hacer y cómo debe ser hecho.

Puede que el constructivismo de la psicología sea un conjunto de teorías, pero es una categoría tan abstracta que está a un solo paso de entrar en el terreno de la filosofía. De hecho, es muy fácil que el modo en el que desde el constructivismo se señala que el valor de los sistemas de significado que creamos para generar conocimiento tienen valor por sí mismos pase de ser una postura puramente científica (y por lo tanto útil para llegar a ciertos objetivos) a una postura filosófica y moral sin que nos demos cuenta. En ocasiones puede convertirse en un discurso político sobre cómo debe ser la educación basado únicamente en una determinada escala de valores en la que la idea de que los estudiantes deben tener mucha libertad ocupa una posición alta.

¿Una meta-psicología?

Así que si el constructivismo psicológico no es ni una postura filosófica ni una corriente psicológica y mucho menos una escuela de la psicología, ¿qué es? Una manera de responder a esta pregunta sería concluir que el constructivismo es simplemente un tipo de agrupación de teorías que, por su amplitud, está entre la filosofía y las corrientes de la psicología. 

Otra manera de verlo es concluir que el constructivismo es una meta-psicología, algo que muchas veces también se dice acerca del psicoanálisis. Es decir, sería una especie de paso atrás que varios psicólogos e investigadores han dado para ver su ámbito de trabajo con cierto distanciamiento y para, desde esa posición, poder tomar decisiones sobre lo que hacer y sobre cómo hay que entender al individuo, volviendo luego al trabajo. 

En todo caso, utilizando unas u otras palabras para referirnos a lo mismo, lo importante es que, a la práctica, el constructivismo ha generado tipos de intervenciones psicológicas y psicopedagógicas en los que se da una mayor autonomía a los estudiantes y a los pacientes, potenciándose también un trato personalizado que es necesario para entender los sistemas de significación que construye cada individuo. Por supuesto, estas aportaciones no están exentas de críticas, pero está claro que han dejado una huella significativa en los contextos educativos de las últimas décadas.