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La gran mayoría de psicólogos estarán familiarizados con el concepto de autorrealización de Abraham Maslow. Todos sabemos que debemos comer, beber o dormir, pero una vez cumplidas estas necesidades fisiológicas, aspiramos a otras necesidades de un nivel más alto según la teoría de la Pirámide de Maslow

En la parte más alta de esta pirámide se encuentran las necesidades de autorrealización: las necesidades psicológicas y espirituales que nos hacen sentir realizados. Maslow fue el padre de la psicología humanista, una corriente psicológica que postula la existencia de una tendencia humana básica (la autorrealización) hacia la salud mental y el bienestar. 

El Complejo de Jonás

Maslow empero, en oposición a la autorrealización, acuño con el término “Complejo de Jonás” para referirse al miedo a la propia grandeza, a la evitación del propio destino o la huida de nuestros mejores talentos.

Al investigar sobre su concepto de la autorrealización, el psicólogo humanista se planteó la siguiente pregunta: Si nacemos con un potencial ilimitado para autodesarrollarnos, "¿por qué no todo el mundo consigue el objetivo de la autorrealización?". Una de las razones que Maslow plantea en su libro The Farther Reaches of Human Nature publicado en 1971, es el Complejo de Jonás.

¿Quién es Jonás?

El Complejo de Jonás se inspira en la figura bíblica de Jonás, un hombre que fue comerciante e intentó resistirse a la llamada de Dios para cumplir una misión importante. Su destino era convertirse en profeta, sin embargo su primera reacción fue la huida, por miedo a no estar a la altura. 

La explicación de Maslow al complejo de Jonás es que al igual que tememos lo peor de nosotros, también tememos a lo mejor, tememos a nuestras máximas posibilidades. Nos asusta llegar a ser aquello que imaginamos, en nuestros mejores momentos, nuestras condiciones idóneas. Disfrutamos e incluso nos deleitamos ante las divinas posibilidades que descubrimos en nuestros momentos cumbre, pero de igual forma, nos agitamos ante el miedo o la debilidad de esas mismas posibilidades, quizás por no querer salir de la zona de confort.

Salir de la zona de confort

Muchas veces el miedo a salir de la zona de confort es lo que nos limita a seguir creciendo o lo que nos provoca ansiedad. De hecho, en muchas ocasiones incluso preferimos lo malo antes que arriesgarnos a buscar nuestra autorrealización, nuestro bienestar. Quedarnos anclados en la zona de confort, evitando la autorreflexión para seguir creciendo, puede causar que sigamos anclados a nuestros miedos sin pisar con fuerza las incertidumbres. 

Ya comentamos en el artículo "Desarrollo Personal: 5 razones para la autorreflexión" que vivir constantemente de nuestros anhelos y de nuestros deseos incumplidos, sin apostar por ellos, genera una baja autoestima, sentimientos de inadecuación, retraimiento social, poca asertividad, estrés y ansiedad constantes, problemas psicosomáticos y un pobre bienestar emocional.

Desbloquearse para poder avanzar hacia el éxito

Pese a que la reflexión hacia el desarrollo personal podría parecer fácil a simple vista, son muchas personas que acuden a profesionales del coaching para poder desbloquearse. El coach, como facilitador del desarrollo personal, consigue que el cliente reflexione a través de preguntas socrácticas, permitiendo que éste siga creciendo como persona. El coach ayuda a conectar con los deseos y emociones, favoreciendo la autorrealización y permitiendo llegar al lugar en el que uno quiere estar.

En resumen, la vida nos impulsa a seguir el camino hacia la autorrealización. A lo largo de nuestras experiencias, nos vamos encontrando diversas dificultades que nos impiden mirar con claridad hacia el futuro, y que generan miedos, inseguridades y nos hacen sentir perdidos. Algunos esperan y esperan a que todo pase y vuelva a encajar solo, otros persiguen una y otra vez aquello que les hace sentir vivos, lo que les hace sentir el bienestar. Es la mejor manera de abandonar el pesimismo o los malos hábitos que hacen que no consigamos los objetivos que nos proponemos.