La percepción es la capacidad del ser humano de captar información del entorno circundante, la cual tras ser procesada nos permite reaccionar y adaptarnos al medio. La captación de esta información es vital para la supervivencia, y depende en gran medida de nuestros órganos sensoriales. 

Sin embargo a veces nuestros sentidos nos engañan y perciben algo que no existe, o bien perciben algo con unas características que se alejan de lo real. A este último supuesto permanece el fenómeno conocido como metamorfopsia.

El concepto de metamorfopsia

Se entiende como metamorfopsia a un tipo de alteración perceptiva en el que el sujeto que la padece capta el tamaño o forma de los objetos de manera distinta a cómo son en realidad. Este tipo de alteración perceptiva se da a nivel visual y se vincula con la percepción de las distancias.

Se trata de una percepción real de un estímulo que realmente existe, si bien se percibe el objeto con unas características que difieren de las reales. La metamorfopsia es pues un tipo de distorsión perceptiva, en la que se percibe de manera anómala un estímulo o estímulos concretos. De este modo no estamos ante un contenido que se puede clasificar como un engaño perceptivo: no se trata de una alucinación.

Por norma general el sujeto que padece algún tipo de metamorfopsia es capaz de detectar que su percepción está distorsionada, no siendo ajeno al hecho de que las formas o tamaños detectados no son los correctos. Esto puede causar que aparezca un elevado nivel de tensión y ansiedad ante su aparición.

La metamorfopsia no es un trastorno por sí mismo, sino que se considera un síntoma a partir del cual puede inferirse la existencia de un problema médico o psicológico. No es una condición peligrosa por sí misma, si bien puede resultar molesta y puede conducir a realizar juicios erróneos sobre la realidad. Sin embargo, dependiendo del caso el problema que lo provoca si puede revestir cierta gravedad.

Aparición de esta alteración

La metamorfopsia es una distorsión perceptiva que puede aparecer en condiciones muy diversas, tanto por causas biológicas como por causas psíquicas.

Frecuentemente aparece ante alteraciones de los núcleos cerebrales encargados de la visión, así como ante epilepsia de lóbulo parietal o tumores cerebrales. Del mismo, traumatismos, infartos cerebrales, hemorragias intracraneales y otros tipos de lesión cerebral también pueden provocarlo.

También el ojo y la retina suelen ser puntos clave en el desarrollo de trastornos que generen la aparición de metamorfopsias. Es común que aparezca en casos de degeneración macular, fraccionamientos de la retina, infartos de las venas de la retina, edemas asociados a la edad o incluso en algunos casos como efecto de la diabetes, miopía extrema o inflamaciones derivadas de cirugías.

Otro factor vinculado a la aparición de metamorfopsia es el consumo de sustancias con propiedades psicoactivas, siendo frecuente la aparición de este síntoma ante el consumo de alucinógenos como el LSD o la mescalina, estupefacientes o incluso ante algunos psicofármacos.

En algunas ocasiones pueden producirse debido a estados de intensa activación emocional como el terror, la angustia o la ira. Si bien puede aparecer en algunos trastornos mentales, no es algo frecuente. En este último caso destaca el trastorno denominado síndrome de Alicia en el país de las maravillas.

Diferentes tipos de metamorfopsia

La metamorfopsia es una distorsión perceptiva que puede encontrarse en que pueden aparecer diferentes tipos de alteraciones sensoriales. A grandes rasgos podemos encontrar tres grandes tipos de metamorfopsia.

1. Dismegalopsias

Se trata de un tipo de metamorfopsia en la que la alteración se da en la captación o percepción del tamaño del estímulo. Si nuestra percepción del estímulo es mayor que su tamaño real estamos hablando de una macropsia, mientras que si percibimos algo como más pequeño de lo que és estamos hablando de una micropsia.

2. Dismorfopsias

Se entiende por dismorfopsia un tipo de metamorfopsia en la que el aspecto que se percibe distorsionadamente es la forma del estímulo en cuestión. Lo más habitual es ver los objetos o las personas deformadas, como por ejemplo con ondulaciones.

3. Autometamorfopsia

Otro tipo de metamorfopsia lo encontramos en la autometamorfopsia, en la que percibimos nuestro propio cuerpo de forma anómala.

4. Metamorfopsia invertida

Este tipo de metamorfopsia no es muy habitual. En este caso, no es la forma ni el tamaño lo que aparece distorsionado, sino la localización espacial. De este modo, podemos ver las cosas invertidas, como si estuviéramos colgando boca abajo o desde otras orientaciones diferentes.

Tratamiento

Debido a que se trata de un síntoma y no de un trastorno en sí, la elección del tratamiento o terapia a emplear va a depender en gran medida de la enfermedad que la genera. En general debe revisarse el sistema visual para comprobar si el problema de percepción es debido a alteraciones visuales o bien neurológicos, así como si si el sujeto ha consumido sustancias psicoactivas o bien está en algún tipo de tratamiento farmacológico.

Asimismo dotar de información al sujeto respecto a lo que le está sucediendo es fundamental, ya que las alteraciones perceptivas y especialmente las visuales suelen despertar cierto nivel de pánico y angustia además de la incertidumbre de porqué ven de esa manera.

Referencias bibliográficas:

  • Belloch, A., Baños, R. y Perpiñá, C. (2008) Psicopatología de la percepción y la imaginación. En A. Belloch, B. Sandín y F. Ramos (Eds.) Manual de Psicopatología (2ª edición). Vol I. Madrid: McGraw Hill Interamericana.
  • Santos, J.L. (2012). Psicopatología. Manual CEDE de Preparación PIR, 01. CEDE. Madrid.