En una época en la que la aceptación de diferentes formas de orientaciones sexuales empieza a ganar la partida a la intolerancia, la asexualidad sigue siendo un fenómeno relativamente desconocido.

Se trata, fundamentalmente, de la ausencia de deseo sexual como atributo estable en una persona. No es, pues, una disfunción sexual ni un trastorno que impida que la persona exprese su afecto y sus ganas de conocer íntimamente a alguien. Simplemente, el impulso sexual no se da, y esto no supone ningún problema... más allá de los que pueda producir la incomprensión de los demás.

Esta condición, si bien no es una enfermedad, sigue siendo vista como algo extraño, incomprensible, o incluso algo de lo que desconfiar; y es que muchas personas creen simplemente que los asexuales no existen, no pueden existir. Pero nada más lejos de la realidad. No solo sí existen las personas asexuales, sino que además las hay de diferentes tipos. A continuación veremos una clasificación de formas en las que puede expresarse la asexualidad.

Tipos de asexualidad

Hay que tener en cuenta que dentro de lo que entendemos como asexualidad hay matices, ya que hay diferentes formas de vivir la falta de deseo sexual. Aquí puedes ver un resumen de los tipos de asexualidad más conocidos, aunque debes tener en cuenta que no existe ninguna clasificación oficial.

1. Asexuales arrománticos

Se trata de personas que, además de no sentir deseo sexual, tampoco experimentan amor romántico por otras personas. Esta combinación hace que no tengan una predisposición tan marcada a interesarse por alguien en concreto, pero eso no significa ni que tengan que ser necesariamente frías ni distantes, y mucho menos que odien a todo el mundo o que sean psicópatas.

2. Asexuales románticos

Tal y como su nombre indica, en este caso la ausencia de deseo sexual se combina con la posibilidad de sentir atracción romática por otras personas.

Puede que resulte sorprendente que el deseo sexual y el interés romántico puedan separarse, pero así ocurre, por lo menos, en este tipo de asexualidad. Es un dato revelador que también nos habla acerca de la naturaleza de las relaciones humanas entre personas que sí tienen algún tipo de orientación sexual: el amor y el deseo son dos procesos que seguramente trabajan en paralelo, no una misma cosa.

A su vez, la asexualidad romántica puede ser dividida en los siguientes tipos:

Asexuales birrománticos

En este caso, existe la posibilidad de sentir atracción romántica hacia personas de cualquiera de los dos sexos. No resulta extraño que exista este tipo de propensión psicológica y biológica, ya que al eliminar el componente sexual, las formas del cuerpo que definen cada sexo dejan de significar algo importante, con lo cual es posible desarrollar las mismas actitudes y lazos emocionales hacia cualquier persona.

Asexuales homorrománticos

La atracción romántica siempre está orientada hacia personas del mismo sexo, si bien la falta de deseo también se da.

Orientaciones sexuales similares

Existen algunas orientaciones con características en común con la asexualidad. Son las siguientes:

Asexualidad gris

En este caso sí existe al menos algo de deseo sexual, aunque con una intensidad muy baja, lo cual hace que normalmente afecte poco al modo en el que se comportan las personas que lo experimentan. Por ejemplo, alguien puede sentir atracción por alguien al verle recitar un poema, pero justo después ese interés se apaga y prácticamente no deja huella. Su nombre intenta reflejar esa diferencia de "cantidad" con respecto a la asexualidad pura.

Demisexualidad

Las personas demisexuales solo sienten atracción sexual con personas por las que previamente se ha llegado a sentir un fuerte interés romántico. Es decir, es un fenómeno que ocurre partiendo de la base que ha aparecido el enamoramiento.

¿Qué no es la asexualidad?

El hecho de que la asexualidad sea la falta de deseo puede llevar a confusiones, entre otras cosas, porque muy poca gente se da a conocer como asexual. Resulta fácil confundir esta predisposición psicológica y fisiológica con una ideología o un modo de pensar, pero no es así.

Por ejemplo, el celibato no es un tipo de asexualidad. Se trta, en todo caso, de una auto-imposición, un compromiso por el cual se evitan actividades sexuales por cuestiones éticas o religiosas.

También hay personas que se declaran antisexuales. En este caso ocurre algo similar a lo que se da en el celibato: la persona cree que el sexo es algo malo, un elemento que corrompe las cosas y que resulta problemático. A diferencia de lo que pasa con el celibato, aquí la actitud que se tiene hacia el sexo no solo sirve para regular la propia conducta, sino que se cree que es un problema general, de toda la población.

Tanto el celibato como la antisexualidad son posturas ideológicas que, en parte, son voluntarias y dependen del modo en el que cada persona interpreta la realidad. En ambos casos es posible sentir deseo sexual.