Psicofarmacología

Buspirona: descripción, usos y efectos secundarios

Este es uno de los psicofármacos ansiolíticos más utilizados, popular para la depresión y el TDAH.

Buspirona: descripción, usos y efectos secundarios
Alex Figueroba Alex Figueroba Psicólogo en Barcelona | Redactor especializado en Psicología Clínica

En los últimos años se ha popularizado el uso de las azapironas en el tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada y como fármacos coadyuvantes en problemas como la depresión o la fobia social. En este artículo analizaremos los usos terapéuticos, los efectos secundarios y las contraindicaciones de la buspirona, el más conocido de estos ansiolíticos.

¿Qué es la buspirona?

La buspirona es un fármaco con efectos ansiolíticos que en los últimos años ha empezado a utilizarse para tratar una amplia variedad de trastornos psicológicos relacionados con aspectos emocionales. Además se combina frecuentemente con otros medicamentos para potenciar su acción terapéutica, en particular en el caso de la depresión.

Este psicofármaco forma parte del grupo de las azapironas, al cual pertenecen otros medicamentos que contienen la terminación “-pirona” en su nomenclatura, como la gepirona, la ipsapirona o la tandospirona, que se usa para maximizar la efectividad de los antipsicóticos. En todo caso, la buspirona es la azapirona más utilizada y estudiada.

Farmacología y mecanismo de acción

El mecanismo de acción de la buspirona depende de su alta afinidad con los receptores serotoninérgicos 5-HT1A, a raíz de la cual ejerce un efecto antagonista en este neurotransmisor. A su vez ello permite un aumento en los niveles de dopamina y noradrenalina. Sin embargo, su actividad es compleja y depende de la dosis administrada.

La potencia farmacológica máximo se da entre 60 y 90 minutos después de la toma del medicamento. Los efectos disminuyen notablemente después de unas 3 horas, si bien hay estudios que indican que la metabolización es más lenta, pudiendo tardar más de dos semanas en eliminar del todo la buspirona del organismo.

A diferencia de otros psicofármacos que se utilizan para el manejo de la ansiedad, como las benzodiazepinas y los barbitúricos, la buspirona tiene un bajo potencial de adicción y de dependencia e interfiere en menor medida en la vida de las personas que lo consumen. Es por estos motivos que la popularidad de este medicamento está aumentando progresivamente.

¿Para qué se utiliza?

La buspirona fue diseñada y se usa principalmente para tratar síntomas relacionados con la ansiedad. No obstante, investigaciones recientes sugieren que sus efectos en la transmisión neuronal pueden resultar beneficiosos también en problemas psicológicos de otro tipo.

1. Trastorno de ansiedad generalizada

La indicación principal de la buspirona es el tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada, que se caracteriza por una preocupación excesiva e incontrolable y tiende a provocar síntomas físicos, como tensión muscular, dificultades gastrointestinales y fatiga. En estos casos la terapia farmacológica puede tardar casi un mes en hacer efecto.

2. Depresión mayor

En la actualidad se está estudiando la posibilidad de utilizar la buspirona como medicación coadyuvante a los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) en el tratamiento de la depresión, en especial para contrarrestar los problemas en la respuesta sexual, efectos secundarios muy habituales de estos fármacos.

Asimismo, otros estudios sugieren que la administración a largo plazo de buspirona podría ser eficaz en sí misma para aliviar los síntomas de este trastorno. Los resultados son prometedores, si bien se requiere más investigación para confirmar la efectividad de estas aplicaciones.

3. Déficit de atención con hiperactividad

Otra de las perspectivas de uso de la buspirona es el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, más conocido por su abreviatura “TDAH”. Esta alteración se relaciona con la neurotransmisión de dopamina, lo cual podría explicar los buenos resultados preliminares que se están obteniendo en este campo.

4. Disfunciones sexuales

Además de ser útil para manejar los problemas de disfunción excitatoria y orgásmica asociados al consumo de fármacos antidepresivos, la investigación sugiere que la buspirona podría ser eficaz en casos de deseo sexual hipoactivo, y no necesariamente sólo en los que tienen un origen farmacológico.

5. Agitación y agresividad

En la literatura científica podemos encontrar referencias al uso de buspirona en el manejo de alteraciones relacionadas con la agitación psicofisiológica, la irritabilidad y la agresividad, particularmente en niños y en ancianos con demencia.

6. Trastorno de ansiedad social

Algunos estudios sugieren que la buspirona podría ser útil también para tratar la fobia social. Sin embargo, como sucede con la depresión, en este caso se administraría como fármaco coadyuvante a los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o ISRS, los medicamentos de elección para este trastorno.

Efectos secundarios y contraindicaciones

Entre los efectos secundarios más habituales de la buspirona destacan la somnolencia, las sensaciones de mareo, los dolores de cabeza, la fatiga, las náuseas, el dolor abdominal, la taquicardia, los temblores, el insomnio, la confusión, la irritabilidad y las parestesias (percepciones sensoriales anormales como entumecimiento, hormigueo o quemazón).

Los síntomas del párrafo anterior con frecuencia desaparecen al cabo de unos días de iniciar el consumo. Conviene consultar al médico cuando los efectos secundarios son severos, se mantienen tras varias semanas de tratamiento o incluyen problemas cardiovasculares notables, dificultades de coordinación motora o explosiones de ira, entre otros.

No se recomienda el uso de buspirona conjuntamente con fármacos de la clase de los IMAO (inhibidores de la enzima monoaminooxidasa) ni en personas con problemas graves en el hígado o los riñones, como la acidosis metabólica, más frecuente en casos de diabetes.

Alex Figueroba Alex Figueroba Psicólogo en Barcelona | Redactor especializado en Psicología Clínica

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona, mención en Psicología Clínica.