La atención es una capacidad mental fundamental para la supervivencia al permitirnos atender a los diversos estímulos ambientales. El ser humano es capaz de fijarla en estímulos concretos durante períodos de tiempo más o menos prolongados, de manera que puede captar la información pertinente a dicha estimulación con mayor precisión y extraer los máximos datos posibles de ella.

Pero el período que podemos dedicar a prestar atención a algo no es siempre el mismo, sino que depende del estado de desarrollo del cerebro. Y es que las diferentes facultades mentales se van desarrollando y ampliando a lo largo del crecimiento, como ocurre con la concentración. 

En este artículo veremos de manera aproximada cuál es el tiempo máximo de concentración de los niños según su edad, en niños de hasta ocho años.

Atención y concentración

La atención es, como hemos dicho, una capacidad básica e imprescindible dado que posibilita centrar los recursos cognitivos en la estimulación externa y activar el organismo para actuar en consecuencia a esta. Se trata de la habilidad de dirigir, mantener o desplazar la conciencia hacia uno o un grupo de estímulos.

Existen numerosos aspectos que se pueden explorar respecto al concepto de atención, ya que incluye una gran variedad de diferentes aspectos y procesos tales como la capacidad de alerta y activación o la orientación hacia los estímulos. Entre estos diferentes aspectos podemos encontrar la concentración.

Se entiende como concentración al aspecto de la atención dedicado a mantener la atención fija en un estímulo concreto, ignorando la existencia de distractores (otros posibles estímulos que pudieran interferir con el elemento focalizado). Estamos pues ante la capacidad de fijar de manera sostenida la atención por parte del individuo.

Concentrarse en algo permite ser capaz de visualizar y obtener la máxima información posible respecto al elemento en cuestión y la aplicación de nuestros recursos cognitivos voluntarios al servicio de contemplar, comprender, procesar o trabajar sobre el estímulo en cuestión. Así, podemos estudiar algo o permanecer realizando una actividad concreta durante períodos más o menos largos de tiempo.

Evolución de la concentración en el niño: tiempos máximos según la edad

La capacidad para concentrarse no es algo permanezca inalterable. Puede haber diferentes tipos de elementos que hagan que una persona determinada pueda permanecer más o menos tiempo pendiente de una estimulación.

Distracciones fuertes, la existencia o ausencia de motivación, la vinculación emocional con el estímulo en cuestión o el grado de novedad o rutina que supone son elementos a tener en cuenta. Pero al margen de ello, la capacidad máxima de concentración va variando a lo largo de la vida, sea por el desarrollo evolutivo o bien por aspectos ambientales o adquiridos.

En lo que respecta al desarrollo, para poder concentrarnos es necesario que nuestro cerebro haya alcanzado un nivel de maduración adecuada. A lo largo de nuestra infancia el encéfalo sigue creciendo y desarrollándose, permitiendo poco a poco que las diferentes capacidades cognitivas aparezcan y se expandan. De este modo, poco a poco el tiempo que un niño es capaz de focalizar la atención en algo va a ir variando y creciendo según se vaya desarrollando su cerebro. La capacidad de concentración tiende a aumentar entre tres y cinco minutos por año de edad hasta su estabilización en la edad adulta.

A continuación indicamos un cálculo aproximado del tiempo que niños de hasta ocho años pueden mantener la concentración. Estos tiempos establecen un intervalo de media, pues cada persona se desarrolla a su ritmo y puede haber sujetos que puedan tener un rendimiento mayor o menor a la hora de concentrarse.

1. Primer año de vida

Se calcula que a lo largo del primer año de vida la capacidad de concentración de un bebé puede ir creciendo poco a poco hasta lograr mantenerla entre dos y cinco minutos. En esta edad los niños no dejan de observarlo todo y cambiar su foco de atención rápidamente, no pudiendo concentrarse durante más de unos minutos.

2. Segundo año de vida

En el segundo año de vida los niños siguen desarrollando su capacidad de concentración, prácticamente duplicando el tiempo respecto al año anterior. De este modo, pueden llegar a mantenerla entre cuatro y ocho o incluso diez minutos.

3. Tercer año de vida

Con tres años de vida, la capacidad de concentración puede llegar a alcanzar el cuarto de hora, siendo común que llegue o supere los diez minutos. Hasta esta edad, la concentración se mantiene prácticamente mientras que el tema a tratar les cause verdadero interés, perdiéndola generalmente ante la presencia de estímulos distractores. La atención voluntaria empezaría a surgir y a entrenarse a partir de los tres o cuatro años.

4. Cuarto año de vida

Más o menos a partir de esta edad la capacidad de atención puede llegar a aumentar hasta los veinte minutos, si bien aún niños cuya capacidad esté alrededor de los ocho minutos entrarían en el promedio.

5. Quinto año de vida

Los estudios reflejan que durante el quinto año de vida la concentración puede mantenerse entre diez y veinticinco minutos aproximadamente.

6. Sexto año de vida

Concentrarse con seis años de edad es posible, concretamente entre doce y treinta minutos debido al mayor desarrollo evolutivo del cerebro.

7. Séptimo año de vida

Los niños con siete años de edad tienen una capacidad de atención y concentración que se estima puede llegar a durar de media entre los doce hasta treinta y cinco minutos.

8. Octavo año de vida

Con ocho años de edad, se ha observado que la mayoría de la población puede focalizar su atención entre dieciséis y cuarenta minutos de tiempo.

Factores a considerar a partir de los datos aproximados

Los datos anteriormente reflejados nos hacen ver de manera aproximada (recordemos que cada niño va a tener su propio ritmo madurativo, de forma que los anteriores datos son solo una media de lo que sería esperable) la capacidad de atención que pueden tener los infantes a lo largo de su período de desarrollo.

Ello puede servir como referencia a la hora de establecer diferentes pautas educativas y no sobreexigir a los menores una atención que tal vez aún no sean capaces de prestar por necesitar de una mayor maduración cerebral. De este modo pueden establecerse descansos o cambios de actividad que rompan el foco atencional y lo deriven a otro aspecto o actividad (se centre o no en la misma temática). 

Por ejemplo, durante una clase el profesor puede exponer un tema y luego hacerles hacer ejercicios, de manera que la atención pase de la exposición a la actividad. La capacidad de concentración, en este sentido, permitiría un seguimiento más o menos adecuado según la edad del sujeto.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que los tiempos antes mencionados hacen referencia a una atención sostenida o concentración continua en un único elemento a lo largo del tiempo, sin que entren en juego factores como la emoción o la motivación. Elementos más interactivos y que llamen su interés como juegos o películas pueden ser atendidos con mayor facilidad y suponer que los niños se concentren más y durante más tiempo a ellos. Esto puede ser también utilizado para favorecer el aprendizaje.

Además, la concentración puede llegar a entrenarse con diferentes tipos de ejercicios, pero hay que procurar no sobrecargar ni sobreexigir a los niños puesto que esto puede provocar que se sientan desmotivados, inseguros y que disminuya su autoestima.

Referencias bibliográficas:

  • Caraballo, A. (s.f.). El tiempo de concentración de los niños según su edad [En línea]. Disponible en: https://www.guiainfantil.com/blog/educacion/aprendizaje/el-tiempo-de-concentracion-de-los-ninos-segun-su-edad/
  • Santos, J.L. (2012). Psicopatología. Manual CEDE de Preparación PIR, 01. CEDE. Madrid.