Este trastorno de ansiedad responde a un miedo irracional y extremo a la idea de envenenarse. Pexels.

La presencia de tóxicos no es algo poco habitual, siendo el envenenamiento uno de los principales motivos de la muerte de una gran cantidad de personas a lo largo de la historia. Venenos como el arsénico fueron empleados durante la antigüedad y la edad media para cometer asesinatos, e incluso hoy en día existen armas químicas empleadas en conflictos bélicos. También empleamos venenos para acabar con la vida de otras criaturas, como el matarratas o los insecticidas.

La existencia de cierto temor a envenenarse en un momento dado puede, pues, ser bastante racional. Pero la mayor parte de nosotros nunca va a envenenarse realmente. Quizás alguna intoxicación alimentaria, o producida por drogas, pero la muerte por envenenamiento no es algo tan habitual. Sin embargo para algunas personas dicho miedo existe de manera persistente y se transforma en un pánico incontrolable, que les lleva a evitar situaciones y estímulos y limita en gran medida su vida. Es lo que les ocurre a aquellos sujetos con toxicofobia.

La toxicofobia como fobia específica

Se considera toxicofobia, toxifobia o toxofobia al miedo irracional o exagerado al veneno o al hecho de ser envenenado (generalmente de manera accidental). Se trata de una de las llamadas fobias específicas, en las cuales se genera un miedo o ansiedad intensos ante un estímulo concreto. Dichas sensaciones provocan en quien lo padece la intensa necesidad de huir del estímulo, así como la evitación tanto de la exposición a este como de situaciones en que podría aparecer.

Este pánico es persistente, no desapareciendo por sí solo y teniendo lugar cada vez que se da una exposición al estímulo en cuestión. Dicho miedo se desencadena generalmente ante la presencia del estímulo en sí, pero la mera imaginación o pensamiento sobre el elemento causante del miedo puede desencadenar reacciones de angustia y síntomas fisiológicos.

Entre los síntomas más comunes, encontramos taquicardias, hiperventilación, sudoración y temblores, pudiendo llegar a surgir una crisis de ansiedad. A nivel cognitivo la atención se centra en el estímulo y en evitarlo, reduciéndose las capacidades cognitivas y las capacidades de juicio y de planificación. En casos extremos podrían aparecer hasta alucinaciones, como paroxismo nervioso, en que podrían captar sabor a veneno o a algo tóxico en la comida.

Aunque ver y reconocer algún tipo de veneno no es habitual, la toxicofobia puede llegar suponer una grave limitación para la vida de la persona que la padece. Si se da en grado leve puede aparecer un miedo hacia los venenos en sí, evitándose el uso o exposición de venenos como el matarratas. Pero dependiendo del grado, este pánico puede ampliarse al consumo de productos de limpieza, disolventes, fármacos y prácticamente cualquier tipo de producto químico con potencial nocivo. También puede generar suspicacia hacia la manipulación de bebidas o alimentos o, en casos extremos, hacia el contacto con otras personas que pudieran envenenarnos.

Vinculación con otras psicopatologías

Un aspecto interesante de la toxicofobia que vale la pena destacar es su posible vinculación o confusión con elementos propios de otras psicopatologías y síntomas, como los delirios persecutorios o las alucinaciones gustativas en diferentes condiciones y estados de tipo psicótico, tales como la esquizofrenia, el trastorno delirante o la intoxicación por sustancias (en este caso, estaríamos hablando de una intoxicación real). También puede confundirse en ocasiones con el trastorno obsesivo-compulsivo, en aquellos sujetos con obsesiones vinculadas a los gérmenes y con compulsiones de limpieza y lavado.

En este sentido cabe destacar que la toxicofobia supone un miedo desproporcionado a la idea de ser envenenado o a la presencia de venenos y puede conducir a la evitación de situaciones en las que puedan haber elementos tóxicos o la percepción de una elevada posibilidad de ser envenenado.

El miedo desproporcionado a ser envenenado es también común en personas con delirios persecutorios, pero en este caso no estaríamos hablando solo de un miedo sino de la creencia persistente y fija en que alguien está intentado matarnos por esta vía (en ocasiones existiendo alucinaciones gustativas que interpretan como confirmación de dicha creencia). O en las personas con un TOC vinculado a los gérmenes, las enfermedades y la limpieza, la idea de que aparezcan estos elementos puede ser causante de una profunda ansiedad.

La idea de que intentan matarnos, la preocupación sobre los gérmenes y enfermedades que pueden provocar o el pensamiento de que puede suceder algún tipo de desgracia si no realizamos la compulsión puede generar el surgimiento de una profunda aversión y pavor a la exposición a elementos como el veneno o los tóxicos, procurando su evitación a través de compulsiones (si bien por lo general los TOC de limpieza se vinculan a gérmenes que limpiar y no a tóxicos como producto químico).

Sin embargo, hay que tener en cuenta que para que estemos hablando de una fobia es necesario que el miedo sea irracional o desproporcionado. En estos casos, el miedo sería coherente con la presencia de pensamientos repetitivos e intrusivos vinculados al tema o a la creencia de que alguien está intentando matarnos o hacernos daño realmente. Las diferentes clasificaciones diagnósticas estipulan en este sentido que solo se diagnostica una fobia como la toxicofobia en ausencia de otros trastornos que expliquen mejor el miedo y las reacciones hacia el estímulo temido.

Causas: un miedo con significado adaptativo

Las causas de la toxicofobia, al igual que ocurre con otras alteraciones mentales, no es completamente conocida. Pese a ello existen diversas hipótesis altamente plausibles con respecto a su origen.

Una posible hipótesis es la existencia de condicionamiento: a lo largo de nuestra vida hemos ido viendo y recibiendo noticias de personas que han muerto envenenadas, sea de forma accidental o provocada voluntariamente. Es posible incluso que hayamos podido ver o experimentar una situación en que nosotros o algún ser querido haya sido envenenado. En este sentido, la persona con toxicofobia podría haber adquirido un miedo condicionado por las experiencias pasadas, sea vividas en sus propias carnes o bien de forma vicaria a través de la visualización de algún caso de envenenamiento (sea a través de observación directa, de la lectura o de medios audiovisuales).

Otra hipótesis bastante plausible es la misma que se suele tener hacia el miedo a diferentes animales y plantas: la teoría de la preparación de Seligman. Dicha teoría propone que el miedo intenso a algunos estímulos estaría preparado filogenéticamente, siendo heredado de nuestros antepasados cuando estos tenían que enfrentarse a situaciones de vida o muerte. Por ejemplo, el ataque de un depredador, la picadura de una araña o el consumo de ciertas hierbas pueden provocar la muerte. De este modo, nuestra especie habría aprendido a evitar una serie de estímulos y a sentir un miedo o repugnancia innatos hacia ellos.

Si bien en el caso de la toxicofobia el elemento en cuestión muy genérico (en la naturaleza no encontramos veneno suelto sino que este proviene de animales o plantas), podríamos estar ante una generalización de estos miedos vinculados a la idea de morir o enfermar por culpa de un agente externo no visible directamente. Evidentemente, evitar elementos tóxicos es adaptativo y nos permite sobrevivir, con lo que el miedo a ser envenenado podría explicarse en gran medida por esta teoría.

Tratamiento de este trastorno

Uno de los tratamientos más habituales a la hora de combatir las fobias es la terapia de exposición. Se trata de colocar al sujeto en situaciones en las que tenga que hacer frente a su miedo, generalmente de forma graduada tras haber llevado a cabo una jerarquía con situaciones temidas entre terapeta y paciente. En el caso de la toxicofobia, evidentemente el sujeto no se va a exponer a ser realmente envenenado, pero si es posible trabajar con situaciones evitadas relacionadas a este miedo.

Por ejemplo, el sujeto puede realizarse la exposición a beber en grupo o en una discoteca si dicha situación le genera el miedo a que le envenenen la copa. También se puede exponer a utilizar componentes químicos como productos de limpieza. Otro ítem posible sería el de llegar a manipular frascos o venenos empleados habitualmente, como insecticidas o matarratas.

La discusión de creencias y miedos, así como el significado atribuido al veneno y las creencias que puede haber detrás del temor a los tóxicos o a ser envenenado, también pueden ser de utilidad. Generalmente se emplearían procedimientos de la terapia cognitivo-conductual, como la reestructuración cognitiva.

Asimismo, resulta imprescindible realizar un buen diagnóstico diferencial, debido a la elevada probabilidad de confundir la fobia a los tóxicos o a ser envenenado con la creencia de estar siéndolo propia de algunos sujetos con algún tipo de patología psicótica o a la obsesión con la limpieza de algunos tipos de Trastorno Obsesivo-Compulsivo.

Referencias bibliográficas

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.