Homeland

Esta es, con diferencia, una de las grandes preguntas, no solo a nivel de terrorismo sino a nivel humano. ¿Puede alguien cambiar? La respuesta inmediata es obvia. El ser humano cambia a lo largo de su vida, incluso puede hacerlo sustancialmente de un día para otro si acontecimientos extremos tienen lugar. Al fin y al cabo, esto es lo que pretenden las terapias psicológicas, cambiar los pensamientos, emociones, conductas e incluso, cambiando el mismo cerebro del sujeto en la dirección que mejore su salud mental.

Para ver cómo se modifica el cerebro con la psicoterapia, recomendamos leer este artículo

Pero todos estos patrones del individuo pueden ser vistos metafóricamente como una droga; lo difícil no es dejarla, sino evitar recaer.

Antiguos terroristas y su psicología

Llegando ahora sí al tema que nos concierne, vamos a tratar de devolverle a un terrorista su lado humano y apartarlo de todo aquel mundo en el que se ha sumergido, pero esto es realmente difícil; porque las recaídas existen también para ellos.

Antes de empezar a detallar el proceso, debemos conocer dos puntos esenciales ya tratados en los capítulos I y II sobre terrorismo:

Antiguamente se empleaban métodos generalizados para captar simpatizantes para la causa. Hoy en día, con el uso de las nuevas tecnologías la situación es bien distinta, pero sigue teniendo un esquema general formado por cuatro fases. La función de estas, es la de sumergir progresivamente a la víctima en un nuevo mundo basado en la violencia y la deshumanización, hasta convertirlo en terrorista.

Hoy en día, los terroristas encargados de reclutar a nuevos adeptos centran sus esfuerzos en conocer a las víctimas de manera personalizada, para "engancharlos" con más facilidad. Así pues, suena razonable pensar que si el nuevo adepto se convirtió en terrorista porque lo persuadieron de manera "personalizada", la terapia que reciba deberá ser también personalizada.

De hecho, en un post anterior de Psicología y Mente ya hablamos sobre un caso real de un chico occidental, aparentemente en sus cabales, que decidió unirse al grupo terrorista Estado Islámico. Sus razones y motivaciones son sorprendentes.

Fases para la rehumanización

El proceso, siempre adaptado a la idiosincrasia de cada individuo, está conformado por las siguientes tres fases. Hay que tener presente algo muy importantedurante todo el proceso: No podemos conseguir un cambio utilizando la vía racional. Los sujetos en estas circunstancias combatirán siempre los razonamientos de otros con sus creencias, como si se tratase de propaganda emitida por un altavoz. Pero no solo esto; a lo largo del proceso, que suele durar mucho tiempo hasta conseguir un cambio nuclear en la persona, en ningún momento se puede intentar hacer cambiar de opinión utilizando la razón ya que, cada vez que se hace esto, supone un retroceso para el cambio.

Entonces, ¿qué hay que hacer? Optar por la vía emocional.

1ª fase: Reactivación emocional

Esta etapa sirve como base y se centra en reconstruir los vínculos afectivos entre la víctima (quien se había hecho partidario del grupo terrorista) y su familia. La clave reside en reactivar los recuerdos y lazos emocionales. La dificultad estriba en que estos recuerdos han sido sepultados. Otro punto que dificulta aún más el proceso es el hecho de que las familias, que piden ayuda en estos casos, cuando lo hacen, la víctima ya se encuentra en una fase muy avanzada.

A pesar de que la mayoría de estas personas (sobre todo jóvenes) ya no ven a sus padres como tales, el cerebro humano siempre deja pequeños rastros del pasado. Dichos rastros conducen a recuerdos, que a pesar de estar en lo más profundo, pueden reavivarse en cualquier momento.

Para ello, es necesario que los familiares pongan de su parte e intenten hacer resurgir estos recuerdos emocionales felices en su hijo/a. Además, como ya hemos mencionado, en ningún momento se deberá intentar persuadir por la vía racional.

Este proceso lo deben recorrer, por ahora, los familiares por su cuenta, ya que la intervención por parte de terceros suele ser contraproducente aumentando las defensas por parte de la víctima. Un ejercicio muy sencillo y de resultados sorprendentes, es por ejemplo, poner una gran imagen de cuando era pequeño/a en la nevera.

Cuando se llega a este punto, la víctima ligeramente resensibilizada, suele acceder, aunque a regañadientes, a participar en grupos de apoyo. Este paso debe ser inmediato para no perder la oportunidad que meses de trabajo ha costado.

La autora de estos estudios nos relata el siguiente caso:

“Un joven en pleno proceso de radicalización había centrado su discurso de rechazo en el alcohol. Su yihad personal consistía en eliminar del hogar el más mínimo rastro de esa sustancia. Desodorantes, perfumes y productos de alimentación debían eliminarse. Sus padres llevaban varios meses esforzándose en suscitar una reacción emotiva en su hijo. Hasta que llegó el día de la Madre. El chico le regaló un frasco de perfume. La mujer nos llamó entre lágrimas al momento. "En unas dos horas estaremos allí", respondió.

2ª fase: Confrontación con la realidad

Esta segunda fase se sirve de las terapias de apoyo para mejorar la situación de la víctima. Los componentes de ellas serán otros exreclutas de la yihad que ya se han rehabilitado. Ellos deben exponer por qué salieron de ese oscuro mundo; transmitiendo las contradicciones que encontraron en él y las mentiras que les habían contado ya que nada fue como les habían prometido.

También explicarán las etapas por las que pasaron para ser adoctrinados. Pero el elemento central que se trabaja es el de hacerle ver que nunca encontrará lo que necesita siendo uno de ellos. Es ahora cuando la persona que aspiraba a convertirse en un terrorista empieza a pensar de nuevo por sí misma. Pero aún falta un largo camino; alrededor de seis meses más.

Es común en esta etapa que la persona sufra una ambivalencia, resultado del conflicto que está viviendo. Un caso real de un joven que sufrió esta situación lo relata del siguiente modo:

“Un día me dije a mí mismo que mis reclutadores eran unos terroristas, unos verdugos sanguinarios, capaces de jugar al fútbol con las cabezas recién cercenadas. Me pregunté cómo era posible que hablasen de religión. Sin embargo, una hora más tarde estaba convencido de que quienes pretendían mi apostasía estaban a sueldo de los sionistas, por lo que era preciso masacrarlos."

3ª y última fase: La incertidumbre salvadora

interrogante

En la fase final se mantienen las sesiones con los exreclutas. El objetivo central ahora es conseguir un estado sostenido de duda para evitar una recaída en la radicalización.

Al principio de esta fase, a los sujetos les cuesta prestar atención plena a las dudas que les asaltan, pero, poco a poco, y combinándolas con el apoyo emocional familiar y los exreclutas, estas dudas se acumulan.

Según la investigadora Bouzar, la mayoría de las personas con las que ha trabajado lo han conseguido. Pero, al mismo tiempo advierte:

“Cada semana recibimos la llamada de cinco familias para denunciar un proceso de radicalización [...] esta cifra solo representa una porción emergida del iceberg."

Referencias bibliográficas:

  • Bouzar, D. (2015) Comment sortir de l’emprise djihadiste?  Les Editions de l’Atelier.
  • Bouzar, D. (2015) Despegarse de las redes yihadistas. Dounia Bouzar en MyC nº76,
  • Bouzar, D. (2015) La vie aprés Daesh. Les Éditions de l’Atelier,
  • Schäfer, A. (2007) La semilla de la violencia. Annette Schäfer en MyC nº27,