El sueño es un proceso esencial para nuestra supervivencia y el mantenimiento de nuestras capacidades. Cuando el cansancio nos puede o tenemos sueño, nuestro nivel de energía y nuestra motivación se resienten y perdemos las ganas de hacer cosas. No podemos concentrarnos y nuestro juicio y capacidad de análisis disminuyen, así como nuestro rendimiento. 

Afortunadamente, tras dormir un número adecuado de horas recuperamos nuestra energía y volvemos a recuperar nuestras energías y mantener un estado de vigilia y atención normativos. Sin embargo, existen personas cuyos periodos de sueño se ven alterados en tiempo y calidad de sueño. Este es el caso del insomnio o de su opuesto, la hipersomnia.

La hipersomnia

Se entiende por hipersomnia el trastorno del sueño caracterizado por la presencia de somnolencia excesiva a pesar de haber mantenido un período de sueño previo de al menos siete horas de duración. Se trata de una disomnia, un tipo de alteración del sueño que afecta en el horario, cantidad y calidad del sueño.

En la hipersomnia el sujeto en cuestión se mantiene somnoliento gran parte del día y suele costarle despertarse tras un período de sueño normativo o que incluso puede llegar a durar nueve o más horas, pudiendo este sueño no serle reparador y no permitirle un descanso real. Puede implicar caerse de sueño de modo similar a la narcolepsia. Así, alguien con hipersomnia puede tanto dormir durante grandes períodos de tiempo como presentar sueño durante el día.

Para considerar la existencia de este trastorno los episodios de somnolencia deben darse como mínimo tres veces a la semana (si bien puede ocurrir prácticamente cada día) durante al menos un mes. La hipersomnia suele comportar una gran disfuncionalidad para quien lo padece, disminuyendo sus capacidades y rendimiento tanto a nivel laboral como personal y social. De hecho, la persona puede llegar a dormirse en situaciones de alto riesgo, como cuando van al volante de un vehículo.

Al margen de la falta de energía, este trastorno puede causar alteraciones de tipo emocional como problemas de ansiedad e irritabilidad, desmotivación y apatía. También suelen tener problemas de memoria y un cierto enlentecimiento mental y físico. A nivel orgánico puede generar cambios y debilitamiento del sistema inmune.

Tipos de hipersomnia

En función de que exista o no una causa conocida, podemos establecer diferentes tipos de hipersomnia. Es importante tener en cuenta que aunque en la narcolepsia también ocurran episodios de sueño súbito, se trata de otra patología con características propias y diferenciadas, de manera que no estaríamos hablando de un tipo de hipersomnia.

Hipersomnia primaria o idiopática

Se trata del conocido como trastorno de hipersomnia. En este caso las causas que producen esta alteración no son conocidas, existiendo un período de descanso normativo y sin que puede explicarse el exceso de sueño por causas orgánicas. Los síntomas son los anteriormente descritos.

Dentro de las hipersomnias primarias puede encontrarse también el conocido como síndrome de Kleine-Levine, que actúa de modo recurrente y persistente provocando períodos de varios días o semanas de intenso sueño. 

Es habitual que quienes lo padecen puedan dormir hasta 20 horas seguidas y permanecer el resto del tiempo cansados, con una elevada inestabilidad, irritabilidad y desinhibición de impulsos que les lleva a la hiperfagia y la hipersexualidad. No es infrecuente que aparezcan alucinaciones y problemas de habla y memoria. Estos episodios van a ir ocurriendo de manera recidivante, pero en los periodos de tiempo que transcurren entre el sueño y comportamiento son normativos.

Hipersomnia secundaria

La presencia de sueño persistente durante el día o dificultades para despertarse también puede tener una causa concreta y específica que la explique. 

Dentro de las hipersomnias secundarias podemos encontrar las debidas a la privación de sueño sea por no haber dormido lo suficiente o porque éste se ve frecuentemente interrumpido, el efecto de diferentes drogas o fármacos o la existencia de algún trastorno médico o psiquiátrico que la explique. En estos casos la hipersomnia no sería un trastorno sino un síntoma de dicha alteración.

Causas de este problema

Las causas de la hipersomnia son en gran medida desconocidas a día de hoy. Para el diagnóstico de hipersomnia como trastorno primario es necesario que los síntomas no se expliquen mejor por la presencia de otra patología o como resultado del consumo de sustancias o la privación del sueño, o que si bien pueden darse conjuntamente éstos no justifiquen la hipersomnia.

De este modo, si bien es posible presentar problemas de sueño debido a la ausencia persistente de éste, al consumo de sustancias o a determinados problemas de origen médico, pero en este caso se estaría hablando de una hipersomnia secundaria a éstos y no de hipersomnia como trastorno en sí.

Aún si la causa no es totalmente conocida, se plantea la posibilidad de la presencia de alteraciones en el sistema límbico que puedan explicar la presencia de alteraciones del comportamiento en los casos de síndrome de Kleine-Levine. Un déficit en la síntesis y transmisión de noradrenalina también podría ser un elemento a tener en cuenta a la hora de intentar explicar este trastorno. Una posible lesión en las zonas cerebrales encargadas de la regulación del sueño también podrían generar este problema.

¿Qué hacer? Tratamiento

La hipersomnia es un problema molesto e invalidante para quien lo padece y que puede limitar en gran parte su vida e incluso precipitar accidentes peligrosos para la propia supervivencia. Su tratamiento es esencial.

En este sentido, se recomienda que a nivel conductual se procure evitar el manejo de maquinaria pesada o vehículos, así como intentar mantener una higiene del sueño lo más correcta posible. El deporte es también una gran ayuda para mantenerse activo y reducir la sensación de sueño en los momentos posteriores al ejercicio. En la higiene de sueño se recomienda establecer horarios concretos para dormir y despertarse, así como facilitar la entrada en el sueño en los momentos normativos como la evitación de elementos que requieran atención o los ruidos.

A nivel psicológico se emplean también técnicas cognitivo-conductuales que pueden servir para afrontar los problemas derivados del trastorno y en aumentar y ayudar a focalizar la atención. También se entrena al sujeto en la detección de los primeros signos de sueño, y aplicar ante ellos ejercicios varios tanto a nivel físico como mental para aumentar el nivel de conciencia y la actividad fisiológica.

Resulta de gran utilidad evitar el consumo de sustancias depresoras como el alcohol y otras drogas con los mismos efectos. Es posible que se recete el uso fármacos y sustancias excitadoras. Algunos antidepresivos como la imipramina o los IMAO también se han utilizado como tratamiento, si bien hay que tener precaución con otros aspectos de salud como la tensión arterial.

Referencias bibliográficas:

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