Psicología clínica

​Hikikomori en España: el síndrome de aislamiento social no solo afecta a Japón

Jóvenes encerrados permanentemente en sus habitaciones: un fenómeno que llega a Occidente.

​Hikikomori en España: el síndrome de aislamiento social no solo afecta a Japón
Jonathan García-Allen Jonathan García-Allen Psicólogo y entrenador personal en Tarragona y Barcelona | Director de comunicación de Psicología y Mente

Hikikomori es un fenómeno psicopatológico y sociológico en el que un individuo se aísla de la sociedad al menos 6 meses, encerrándose en su habitación, sin interés ni motivación por el trabajo, la escuela o las relaciones sociales. Hasta hace poco se pensaba que solo había casos en Japón, pero las recientes investigaciones apuntan a que también hay casos en otros países. Por ejemplo: España, Italia, India, Estados Unidos o Corea.

Este síndrome se distingue de la agorafobia porque los pacientes con Hikikomori sienten apatía por la sociedad. En cambio, la agorafobia es un trastorno de ansiedad caracterizado por un miedo irracional a estar en situaciones de las cuales pueda ser difícil o embarazoso escapar o en las que pueda no disponerse de ayuda en el caso de tener un ataque de pánico.

El término fue acuñado por el Dr. Tamaki Saito, un psiquiatra que estimó que en Japón 1,2 millones de personas sufren Hikikomori.

Características del Hikikomori

El efecto del Hikikomori incluye la abstinencia de la sociedad y evitación de la interacción con los demás. El perfil de individuo que sufre Hikikomori es de adultos jóvenes de clase media y de género masculino mayoritariamente que, al parecer debido a las presiones de la vida moderna, escapan a la privacidad y seguridad de sus dormitorios, viviendo solos. En pocas ocasiones suelen salir de su habitación, por lo que pasan el tiempo dentro de su mundo ajeno a la sociedad o dentro de su realidad virtual: videojuegos, internet o cómics manga (en el Hikikomori japonés).

Los expertos afirman que las personas sensibles, tímidas, introvertidas, con falta de habilidades sociales y recursos para tolerar el estrés son más propensas a padecer este síndrome.

Hikikomori ha sido la fuente de un gran debate público: ¿Tiene un origen social o psicológico? ¿Tienen algo que ver que los padres que miman a sus hijos? ¿Por qué ocurre con más frecuencia en Japón? Al principio se pensaba que solo ocurría en este país asiático, pero parece haber más casos fuera del país nipón.

Japón y su relación con el síndrome Hikikomori

Para entender mejor este fenómeno, primero de todo hay que entender las peculiaridades del gigante asiático. Japón ofrece multitud de singularidades que difícilmente se encuentran en otro lugar del mundo. El país nipón es hoy una de las sociedades más industrializadas y avanzadas del planeta. Famoso por sus avances tecnológicos, es un país altamente urbanizado. Según un informe reciente de la ONU, su capital, Tokio, es la ciudad más poblada del mundo con 13,5 millones de habitantes.

Pero pese a que Japón representa la modernidad, al mismo tiempo rigen patrones tradicionales de comportamiento y la ética social sigue teniendo un profundo significado y arraigo. Japón mezcla un pasado milenario y un futuro altamente tecnológico. Es decir, es conocido por sus modas, tendencias, pero su cultura milenaria coexiste con el modelo capitalista y consumista que le caracteriza. En este contexto no es raro que surjan patologías como el Hikikomori, puesto que el sistema capitalista tiende al individualismo y los valores tradicionales a la colectividad.

La cultura de la estética, el consumo y el ocio, ha hecho mella en muchos jóvenes porque convierte a los sujetos en objetos y en meros consumidores, y éstos pierden la identidad genuina que debería caracterizarles. La coexistencia de estos dos sistemas de valores pueden derivar en serios problemas a nivel emocional, porque el bienestar de las personas está muy ligado a estar con uno mismo, algo complicado en la cultura del país nipón,

Los trastornos psicológicos asociados a la tecnología y la cultura de la imagen y el consumo no son exclusivos de este país, sino que los países occidentales también experimentan distintos fenómenos que son consecuencia de este sistema deshumanizador. A continuación os dejo algunos ejemplos de los problemas que pueden causar las nuevas tecnología y la cultura de la imagen y el consumo a nivel emocional:

Causas del Hikikomori japonés

Las causas del Hikikomori son variadas y no existe consenso entre los investigadores. Los factores personales, culturales, ambientales (familia, escuela, etc.) o demográficos pueden estar detrás de este síndrome. Puesto que los factores asociados suelen darse en mayor medida en las grandes ciudades, parece haber más prevalencia en zonas urbanas.

Los factores personales hacen referencia a problemas de autoestima, la falta de habilidades sociales o de gestión del estrés de estas personas, que ante la falta de recursos se aislarían para buscar el confort y la comodidad de su habitación. Otros expertos piensan que tienen mucho que ver las nuevas tecnologías, que provocan una pérdida de contacto con la realidad. Los factores familiares incluirían la presión de los padres o sus horarios de trabajo. Los factores socio-económicos hacen referencia a la presión que ejerce el sistema capitalista y la cultura asociada a este modelo, además de factores singulares de la cultura japonesa. Los factores demográficos hacen referencia a la baja tasa de natalidad de este país, que provoca aún más presión en los jóvenes al ser hijos únicos.

El concepto de “amae” y su relación con el Hikikomori

En la sociedad japonesa destaca la imposibilidad de los jóvenes a la hora de abandonar el hogar, distinto de la sociedad europea o norteamericana. A pesar de que en este país se enfatiza en la solidaridad, Japón es una sociedad vertical, puesto que fomenta todo tipo de estructuras jerárquicas. Por ejemplo, el varón precede a la mujer, y los más mayores preceden a los más jóvenes. Este concepto de orden ancestral sustenta la arquitectura social nipona.

Al hablar de Hikikomori, muchos se sorprenden de cómo puede ser que un padre deje que su hijo se encierre en su habitación sin hacer nada para sacarlo de ahí. El hecho es que la sociedad japonesa no reacciona de la misma manera ante el Hikikomori que las sociedades occidentales. Por poner un ejemplo, mientras los psicólogos europeos recomiendan que la hospitalización es el mejor tratamiento para este síndrome, los psicólogos y psiquiatras japoneses piensan todo lo contrario. Además, el Hikikomori se ha convertido en un comportamiento aceptable dentro de la sociedad del país asiático; se ha normalizado.

Como ya hemos visto, la sociedad japonesa es una sociedad muy vertical y jerarquizada que valora el grupo por encima del individuo para, de esta manera, aliviar tensiones y conflictos y conseguir la armonía social del grupo. Un concepto característico de esta cultura es el “amae”, que rige muchas de las relaciones personales en Japón.

El amae o "dependencia permisiva" es esperar indulgencia y aceptación de los demás. El amae puede verse en occidente también. Por ejemplo, en la relación de un hijo con sus padres, que por muy mal que se porte el pequeño los padres siempre le perdonarán. En Japón, pero, este comportamiento sigue presente durante toda la vida: en las relaciones personales de amistad, en una pareja, entre compañeros de empresa e incluso entre jefe y empleado. A los japoneses les cuesta mucho decir “no” porque temen destruir la relación. Es una de sus normas sociales. Mientras que en nuestra cultura se premia los logros individuales, en Japón se refuerza el conseguir objetivos de forma colectiva.

El papel de la familia en Japón

Las familias japonesas apenas se divorcian, y la estabilidad de la familia es muy alta comparado con los países occidentales. La relación entre los cónyuges muestra una fuerte tendencia a la separación de roles. 

El marido adopta el rol de traer dinero a casa, y por contra, la mujer asume exclusiva responsabilidad sobre la casa y los hijos. En cuanto a la crianza de los hijos, los padres prestan mucha atención a su desarrollo académico. Ahorrar para su educación es una de sus prioridades.

La educación y el trabajo en Japón

El sistema educativo de Japón refleja la estructura político-social organizada y jerarquizada de la que he hablado, de tal manera que todos los miembros de la sociedad tienen el deber de contribuir a la mejora colectiva del país y dirigir hacia este fin toda su dedicación durante toda su vida, desde el nacimiento hasta la muerte.

Japón cuenta con un sistema educativo muy elaborado y es una de las poblaciones con mayor nivel cultural. Pero su sistema de educación ofrece poca oportunidad de autoexpresión, y los niños disponen de poco tiempo libre, pues tienen una gran carga académica. En el colegio, los niños japoneses aprenden a no moverse, a no llorar, a no preguntar, deben además tener una capacidad de trabajo muy severa, así educan a seres sumisos para que obedezcan a sus superiores en el futuro.

Además, es habitual que los niños acudan a academias después del colegio para tomar lecciones extra, pues la sociedad japonesa es altamente competitiva. En Japón la sociedad se divide en función de la educación y el lugar donde se ha estudiado, así como el empleo, los ingresos y la posición que se ocupa dentro de una empresa.

Hikikomori fuera de Japón

Desde hace poco tiempo, los investigadores se preguntan si este síndrome es consecuencia solamente de las peculiaridades de la cultura japonesa, del capitalismo o si es una reacción a cualquier cultura. Las investigaciones han confirmado que existe Hikikomori fuera de Japón, pero con algunas diferencias. Omán, Italia, India, Estados Unidos, Corea y España son algunos de los países en los que se han reportado casos.

Los casos aislados de Omán o India podrían indicar que este tipo de aislamiento es una reacción en contra de la cultura y la sociedad. Pero debido a la gran cantidad de casos que se han reportado en Japón, parece confirmar la idea de que la cultura japonesa y sus características socio-económicas podrían favorecer esta reacción de apatía en contra de la sociedad caracterizada por un aislamiento social. Se podría decir que no es un síndrome exclusivo de Japón, pero que las condiciones que se dan ese país provocan más casos patológicos.

En España también hay Hikikomori

Un estudio llevado a cabo por el Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del Hospital del Mar (Barcelona) ha reportado 164 casos de hikikomori en España. El estudio se publicó en la Journal of Social Psychiatry, y los investigadores han afirmado que “se ha subestimado este síndrome en España por la dificultad para acceder a estas personas y por la falta de equipos de atención especializada a domicilio”.

Existen ciertas diferencias entre los casos de Hikikomori en España respecto a los ocurridos en Japón. La mayoría de los pacientes españoles sufren trastornos mentales asociados, como trastornos psicóticos (34,7%), ansiedad (22%) o trastornos afectivos (74,5%), lo que se conoce como Hikikomori secundario. El Hikikomori primario es el que no presenta comorbilidad con otros trastornos psicológicos. Los pacientes españoles, la mayoría hombres, son más mayores que los japoneses, con una edad media de 36 años. Asimismo, la mayoría de los afectados viven con la familia y la mitad tiene estudios superiores.

A continuación podéis visualizar un vídeo sobre el Hikikomori en España:

Jonathan García-Allen Jonathan García-Allen Psicólogo y entrenador personal en Tarragona y Barcelona | Director de comunicación de Psicología y Mente

Jonathan García-Allen (Reus, 1983) es Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona, con especialidad en Psicología de las organizaciones. También ha cursado varios posgrados, entre los que destacan el de Gestión de Recursos Humanos por la Universitat Rovira i Virgili, el postgrado en Psicología del Deporte por la UNED y el de Mindfulness por la Universidad de Málaga. Experto universitario en Coaching por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Es fundador y director de comunicación de la web Psicología y Mente, la mayor comunidad en el ámbito de la psicología y las neurociencias. También es autor del libro de divulgación científica «Psicológicamente hablando: un recorrido por las maravillas de la mente», publicado por Ediciones Paidós.