Es frecuente que las arañas entren en contacto con nosotros y con nuestros hogares. A ser tan pequeñas pueden entrar en nuestras habitaciones, y quedarse allí alimentándose durante un tiempo de otros insectos. Algunas especies pueden llegar a ser peligrosas (si bien suelen vivir en territorios concretos), pero en su mayoría no suponen para el ser humano más que una relativa molestia o un huésped indeseado.

Sin embargo, algunas personas tienen un pánico atroz y excesivo respecto algunos de estos seres. Estas personas presentan severas dificultades y reacciones extremas ante la visualización o incluso la evocación en la imaginación de estas criaturas. Se trata de las personas que padecen aracnofobia.

La aracnofobia: una fobia específica

La aracnofobia es la fobia y/o repulsión extrema hacia el conjunto de los arácnidos y especialmente a las arañas. Este trastorno se clasifica como fobia específica generada por animales. Puede generar un elevado nivel de malestar o un cierto deterioro de la funcionalidad del sujeto.

Dentro de las fobias específicas se trata de una de las más comunes, y generalmente tiende a ser más prevalente en el sexo femenino. Como fobia, se trata de un temor intenso y desproporcionado respecto al nivel de amenaza que puede suponer el estímulo temido en cuestión, desproporción que es reconocida como irracional por parte de quien la padece. La presencia de éste provoca elevados niveles de ansiedad (el temor sufrido puede llegar a generar crisis de angustia), con lo que a nivel conductual se tiende a evitar o huir del estímulo (es el caso concreto de la aracnofobia, de las arañas).

Los síntomas de la aracnofobia incluyen náuseas, ansiedad, sudoración, taquicardia, conductas de escape y evitación o parálisis, crisis de ansiedad o ataques de llanto entre otros ante la visión o evocación de un arácnido. En casos muy extremos pueden darse incluso alteraciones perceptivas. El miedo puede aparecer también de manera anticipada en situaciones en el que es probable que el animal en cuestión aparezca o hacia los productos de su actuación, como las telarañas.

Causas

Las causas de la fobia a las arañas ha sido discutidas a menudo por los diversos profesionales que han tratado su etiología.

Una de las hipótesis más plausibles se vincula con teoría de la preparación de Seligman, que propone que determinados estímulos están vinculados a respuestas específicas debido a la transmisión genética de tendencias de conducta que puedan ser protectoras para el ser humano. Relacionando esta teoría con el caso concreto de la aracnofobia la especie humana habría aprendido a lo largo de su evolución que los arácnidos eran animales peligrosos potencialmente mortales, con lo que los seres humanos actuales habrían heredado una tendencia natural a evitarlos.

Otra teoría se basa en la idea de que la aracnofobia se origina a partir del aprendizaje, siendo una respuesta adquirida que se ha visto potenciada por un proceso de condicionamiento. La vivencia de un acontecimiento negativo relacionado con arañas (por ejemplo ser mordido o conocer a alguien que falleció ante la mordida de una especie venenosa), especialmente durante el período de la infancia, provoca la asociación de los arácnidos con la ansiedad y el temor lo que a su vez genera la evitación como mecanismo de escape, lo que a su vez refuerza dicho temor.

Desde una perspectiva biológica se ha explorado la influencia de diferentes hormonas como la noradrenalina y la serotonina a la hora regular el nivel de miedo sentido, cosa que podría provocar que una respuesta aprendida socialmente o heredada filogenéticamente y que a la mayoría de la gente no lo causa problemas provoque la aparición de reacciones extremas.

Tratamiento de la aracnofobia

El tratamiento de primera elección para combatir la aracnofobia suele ser la terapia de exposición, en la cual el sujeto debe ir exponiéndose gradualmente a una jerarquía de estímulos vinculados al contacto con arañas. Puede empezarse con estímulos sencillos como fotografías o vídeos, para posteriormente ir avanzando hacia el visionado de telarañas reales y finalmente a la presentación de un arácnido real a diferentes distancias (pudiendo llegar a tocarlo).

Generalmente suele ser más eficaz hacer esta exposición en vivo, si bien también puede hacerse en imaginación si el nivel de ansiedad es muy elevado o incluso de manera introductoria a una exposición en vivo. 

El uso de las nuevas tecnologías permite asimismo nuevas modalidades de exposición, tanto en el caso de la aracnofobia como en otras fobias, como la exposición a través de realidad virtual o la realidad aumentada las cuales permite una aproximación más tolerable y segura que la realizada en vivo (al fin y al cabo puede controlarse la imagen a visualizar y el sujeto sabe que no está ante una araña real).

Suele ser de utilidad la realización de técnicas de relajación ante el estímulo fóbico o en preparación a éste, como por ejemplo las de respiración o la relajación muscular progresiva, de cara a reducir el nivel de ansiedad que se va a sentir. En este sentido en algunas ocasiones pueden llegar a recetarse benzodiacepinas para controlar el nivel de ansiedad o pánico en personas en situaciones de contacto frecuente con estos seres o que se encuentren inmersos en las terapias de exposición.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Santos, J.L. ; García, L.I. ; Calderón, M.A. ; Sanz, L.J.; de los Ríos, P.; Izquierdo, S.; Román, P.; Hernangómez, L.; Navas, E.; Ladrón, A y Álvarez-Cienfuegos, L. (2012). Psicología Clínica. Manual CEDE de Preparación PIR, 02. CEDE. Madrid.