La sinceridad y la honestidad son valores que a menudo se reivindican como elementos necesarios a la hora de crear relaciones saludables. 

Sin embargo, aquellos cuya personalidad tiende hacia la transparencia pueden llegar a encontrar muchos obstáculos en su camino. La sinceridad tiene algunos inconvenientes que merece la pena tener en cuenta si se quiere aprender a gestionarlos. En muchos aspectos, las dinámicas sociales hacen que la honestidad esté castigada; es un auténtico sincericidio.

Los inconvenientes de la honestidad

El mundo de las relaciones puede llegar a ser complicado para prácticamente todo el mundo, pero ciertas actitudes y características de personalidad llevan asociados sus propios inconvenientes. En el caso de los inconvenientes de la sinceridad, estos pueden llegar a ser doblemente dañinos.

Por una lado, estas desventajas, por sí solas, producen malestar, y por el otro lado, esta clase de problemas pueden quedar maquillados y disimulados como parte del espíritu de sacrificio que se asocia a la honestidad; como si ese malestar fuese algo positivo, porque ennoblece a la persona sincera que carga con esas consecuencias negativas. De algún modo, vemos a las personas sinceras como una especie de mártires, aunque esto no tiene por qué ser así.

A continuación daremos un repaso a estos inconvenientes y el modo en el que pueden llegar a perjudicar a las personas honestas.

1. La presunción de culpabilidad

Uno de los tipos de situaciones en las que más evidente se hace la sinceridad de las personas es cuando hacen una crítica negativa de los demás, por muy constructiva que sea. Muchas veces esto ocurre cuando alguien les pide que den su opinión honestamente acerca de algo, y sin embargo, cuando esta resulta ser negativa, frecuentemente esto se toma como un ataque personal, como si no se estuviese en el contexto de una conversación honesta.

2. Consultas gratis de psicología

A las personas sinceras les acostumbra a pasar lo mismo que a los psicólogos en general: la gente intenta verse reflejada en las opiniones de estas personas, y por eso son víctimas de un bombardeo de preguntas de tipo personal: ¿qué opinas de mí? ¿Qué te parece mi relación con mi esposa? etc.

3. La falta de compatibilidad con otros

Normalmente, a las personas sinceras les cuesta encontrar la misma transparencia y honestidad en la gente que les rodea. No es fácil acostumbrarse a un ambiente en el que las mentiras y las actitudes que solo buscan dar una imagen falsa son habituales, y menos si esos elementos no forman parte del repertorio habitual de uno mismo.

4. Competencia desleal

Hay muchas situaciones en las que las personas que tienden a ocultar sus opiniones e intenciones son favorecidas, como por ejemplo en la búsqueda de empleo; la sinceridad está penalizada en los procesos de selección de personal. Eso hace que las personas sinceras se vean desplazadas u obligadas a competir rebajando su honestidad.

5. Ingenuidad dañina

Otro de los inconvenientes de la sinceridad es lo que produce la costumbre de utilizarla en el día a día: la ingenuidad de suponer que los demás se comportarán de un modo parecido a uno mismo.

Como las personas honestas aceptan la sinceridad como un componente natural de su propia personalidad, algo que no es impuesto ni forzado, asumen que esta actitud también está presente en la mayoría de seres humanos. Esto es un arma de doble filo, ya que aunque por un lado predispone a iniciar relaciones dejando de lado la suspicacia, también facilita las posibilidades de caer víctimas del engaño.

6. La aparente falta de habilidad social

La sinceridad puede ser confundida con la falta de habilidades sociales, lo cual dificulta la posibilidad de establecer relaciones. Si la persona que tenemos enfrente cree que nuestra sinceridad es en realidad una muestra de que desconocemos ciertas convenciones de etiqueta, simplemente nos valorará como si no nos hubiésemos molestado en educarnos en aspectos relacionados con la socialización.

Este inconveniente puede afectar especialmente a aquellos que utilicen la sinceridad como una herramienta de subversión, porque su radicalidad queda disuelta en la creencia de que no se trata de honestidad sino de ignorancia. No basta con mostrarse transparente en la comunicación; debemos demostrar que somos conscientes de que estamos rompiendo tabúes.

¿Un problema de los demás?

Si has leído hasta aquí te habrás dado cuenta de que muchos de estos inconvenientes de ser demasiado sinceros, en realidad, no son características inherentemente negativas. En realidad, en muchos sentidos la parte mala de la sinceridad es más bien un problema de los demás. Uno que, si termina siendo pagado por las personas sinceras, es simplemente porque son minoría, y ceden por pura presión social.

No hay ningún código de normas según el cual si después de pedir una opinión te ofendes la culpa deba ser de la persona que te ha hablado de lo que piensa; sin embargo, como la honestidad es una rareza, termina siendo castigada.

Todos los inconvenientes que hemos visto nos hablan sobre la necesidad de un cambio cultural y social para hacer que la sinceridad deje de estar perseguida y que la comunicación veraz fluya correctamente. Solo el tiempo dirá si las apariencias y el disimulo seguirán imponiéndose en esta batalla.