Psicología

Por qué los psicólogos no damos consejos

Ni leyes vitales ni aforismos sobre la vida, los psicólogos se encargan de orientar y dar autonomía.

Por qué los psicólogos no damos consejos

Imagen: Wikipedia Commons

Arturo Torres Arturo Torres Psicólogo

Las personas que se hayan graduado en la carrera de psicología o que trabajen como psicólogos saben bien que, además de pedir consulta gratis, hay otra costumbre que lleva a muchas gente a cometer un error básico cuando oyen que un amigo o familiar es psicólogo: pedir consejos sobre la vida.

Por supuesto, pedir y dar consejo no es algo malo en sí mismo. De hecho, las personas que son psicólogas pueden dar consejo tranquilamente, e incluso pueden divulgar consejos en medios de comunicación, pero dejando claro que esa no es la actividad que define su profesión. Eso significa que, en el contexto en el que un psicólogo habla sobre su trabajo, no da consejos; en otras situaciones sí.

Suponer que la profesión de los psicólogos consiste en dar consejos lleva a algunas personas a pedir la ayuda de estos planteando un problema y rematando el tema con un "¿y qué debo hacer?". Pero, aunque pueda parecer extraño por los mitos que circulan sobre la profesión, los psicólogos no damos consejos. A continuación explicaré el porqué.

Psicólogos: tratando con problemas individuales o colectivos

Las personas con una formación en psicología saben cosas acerca del comportamiento y los procesos mentales que las predisponen a saber mejor cómo afrontar ciertas situaciones de manera útil y eficaz, sí. Pero eso no significa que puedan dar consejos a alguien "sobre la marcha".

En realidad, ni siquiera es cierto que todos los psicólogos se dediquen a tratar con los problemas vitales de personas concretas. Eso lo hacen solo los que se dedican a la psicoterapia y la intervención clínica; también hay muchas otras ramas de la psicología en las que, o bien se trabaja para organizaciones y no para personas aisladas (psicología organizacional o de Recursos Humanos), o bien se investiga a partir de datos sobre muchas personas, tal y como ocurre en la investigación psicológica y en ciencias cognitivas.

En ambos casos, los psicólogos no intervienen sobre casos de problemas psicológicos individuales, así que pedirles consejo no tiene mucho sentido. Pero tampoco lo tiene cuando la persona sí se dedica a la psicoterapia y la salud mental. ¿Por qué?

Soluciones mágicas a problemas universales

Tal y como hemos visto, muchos psicólogos no orientan su trabajo a tratar con problemas colectivos, o bien con problemas demarcados por entidades jurídicas, no personas. Sin embargo, los que intervienen en casos individuales tampoco dan consejos, por tres motivos básicos.

La necesidad de asistir a una consulta

Si se quiere atención individual, hay que comprar todo el pack de la atención individualizada, no solo la apariencia de esta.

Es decir, hay que asistir a consulta, un contexto en el que, a pesar de tener ese nombre, el cliente no va a formular preguntas que deben ser contestadas.

Los psicólogos no tenemos en la memoria un libro en el que consten todas las pautas vitales a seguir y lo que hay que hacer en cada caso. Primero, porque un libro así no existe, y los psicólogos somos personas normales, de carne y hueso, y no oráculos con la capacidad de entrar en contacto con algo así como leyes divinas y universales.

¿Pero entonces, en qué consiste la psicoterapia? Esto nos lleva al segundo punto del por qué la tarea de un psicólogo no se basa en prestar consejo.

La psicoterapia es un tarea de dos

Llegar a entender qué opciones son las mejores para hacer frente a un problema es algo que debe de ser realizado tanto por el psicólogo como por el paciente, no solo por el primero.

Saber qué hacer depende de la voluntad de la persona que busca ayuda y de las características específicas de su vida, y la función del psicólogo es orientar sobre la marcha, no transmitir respuestas categóricas a dudas vitales.

Desde luego, si los psicólogos tuviésemos como herramienta un listado de leyes de vida, estas serían tantas que no cabrían en una habitación, y menos aún en la memoria a largo plazo de un psicoterapeuta. Simplemente, las características del problema de una persona pueden ser tantas y tan variadas que no puede existir un protocolo de actuación definido para cada uno.

Así pues, gran parte de lo que hace un psicólogo en la consulta es simplemente escuchar para entender el problema del cliente y para tener la oportunidad de desarrollar una serie de medidas individualizadas. Solo por eso, ya es imposible que su trabajo pueda ser resumido con un "doy consejos", algo que normalmente puede ser realizado en una barra de bar tras 10 minutos de conversación. No; el psicólogo escucha y realiza muchas preguntas durante mucho tiempo y en varias sesiones.

Pero lo que viene después, cuando el psicólogo entiende el problema, tampoco es dar consejo.

Actuar sobre el foco del problema

Dar consejo es simplemente eso, emitir una serie de enunciados en los que se habla acerca de lo que debería hacerse en un caso concreto. Pero los psicólogos no hacen eso. Hablar sobre lo que debería ser hecho no es, en sí, algo que acerque mucho a la persona a la solución de ese problema, porque creer eso sería caer en el error de asumir que los problemas psicológicos aparecen simplemente cuando una persona no sabe lo que hay que hacer.

Así, una persona con adicción a los juegos de azar simplemente necesitaría que alguien le insistiese mucho en el consejo de dejar de jugar. Una vez que esa persona tomase conciencia del problema a partir de lo que oye que dice el otro, el problema quedaría solventado. Lástima que en el mundo real esto no ocurra: los problemas psicológicos no nacen de la falta de información, sino de algo mucho más profundo: patrones de comportamiento poco adecuados que deben ser corregidos haciendo más y hablando menos.

Así pues, el trabajo de los psicólogos no consiste en informar a las personas sobre lo que deben hacer, sino en orientarlas hacia un modelo de comportamiento que les resulte útil y que les permita ser más felices. Es por eso que el producto de las sesiones de psicoterapia no son aforismos y máximas de vida, sino programas de intervención como por ejemplo el Entrenamiento en Autoinstrucciones, algo así como rutinas que se utilizan en un gimnasio hecho para nuestro cerebro.

Los psicólogos de la salud mental crean las condiciones necesarias para que sus pacientes puedan reorientar sus acciones y sus pensamientos de una forma más apropiada, de acuerdo a sus propios objetivos. Quizás esa tentación de pedir consejos a psicólogos viene, justamente, por el hecho de no tener muy claro esto último, la idea de qué es lo que se quiere. En los consejos, el objetivo al que hay que aspirar ya viene dado: “haz esto”. Afortunadamente o no, lo que ocurre en la consulta de un psicólogo es bastante más complejo.

Etiquetas: Opinión, Profesión, Terapia
Arturo Torres Arturo Torres Psicólogo

Licenciado en Sociología por la Universitat Autónoma de Barcelona. Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona. Posgrado en comunicación política y Máster en Psicología social.