A mediados del siglo XX, el mundo occidental experimentó una sacudida política, social e ideológica sin precedentes. Después de que las mujeres ganasen el derecho a voto en muchos países, una parte de la sociedad se planteó qué ocurría con esos aspectos de la vida en los que el hombre seguía dominando al sexo femenino. Este malestar, que más adelante hizo surgir la segunda ola del feminismo, tuvo en uno de sus frutos la obra de la filósofa Simone de Beauvoir, en la que esta pensadora trataba de comprender cuál era la naturaleza de la feminidad.

A continuación veremos cuáles son las principales características de la teoría feminista de Simone de Beauvoir y el modo en el que esta ha influido a la psicología y la filosofía.

¿Quién fue Simone de Beauvoir? Breve biografía

Simone de Beauvoir nació en el año 1908 en la capital francesa, París. Durante su juventud estudió filosofía en la Sorbonam primero, y luego en la École Normale Supérieure. En esta segunda institución conoció a Jean-Paul Sartre, y en ese momento empezó una relación afectiva que duró toda la vida. Finalmente, murió en París en el año 1986.

Las influencias existencialistas de Sartre se dejan ver en El Segundo Sexo, la obra más conocida de Beauvoir, si bien la aplicación de esta perspectiva a los estudios de género fue totalmente original, tal y como veremos. Por otro lado, además de desarrollar un cuerpo teórico importante para el feminismo, esta filósofa fue también novelista.

La teoría de Simone de Beauvoir: sus principios esenciales

Estas son las principales características de la obra filosófica de Simone de Beauvoir:

1. Reconoce lo masculino como el punto de referencia

El punto de partida de Beauvoir fue darse cuenta que todas las producciones culturales de la humanidad, desde el arte hasta el uso del lenguaje, tienen al hombre como punto central, principal referencia.

Por ejemplo, al expresar la idea de "ser humano" se utiliza por defecto la figura del hombre, o la del hombre y la mujer, pero nunca la de la mujer. Otro ejemplo sería que, muchas veces, desarrollar la versión femenina de algo consiste en añadirle atributos inequívocamente femeninos a modelos "neutrales". Por ejemplo, existen productos con una versión "para mujeres" que se distinguen del modelo estándar por ser rosas, señalando así que el modelo estándar es en realidad el masculino. Lo mismo ocurriría en política: lo normal y esperable es que los políticos sean hombres.

2. El concepto de "lo Otro"

A partir de la idea anterior, Simone de Beauvoir desarrolla la idea de "lo Otro", o más bien, "la otra". Esta categoría sirve para expresar de un modo visual el hecho de que el género femenino se mueve por la periferia de lo humano, es un atributo que no está integrado en el primero, sino más bien una extensión de este, mientras que lo masculino sí es indesligable de la idea de lo humano como si fuesen sinónimos.

3. Una saga masculina de dominación

Ligado con los elementos anteriores aparece la corroboración de que la historia, a todos los efectos, ha sido escrita por hombres, tanto literal como simbólicamente. Simone de Beauvoir ve en esto un síntoma de un fenómeno de dominación y sometimiento de las mujeres, y a su vez el motivo por el que se ha alienado a la mujer de todos los aspectos de la vida y de la producción simbólica.

4. No se nace mujer, se llega a serlo

Recapitulando, veremos que para Simone de Beauvoir el punto de referencia de lo humano es el hombre y que lo femenino es, en todo caso, un atributo específico no equiparable al concepto de lo masculino, ya que es definido según su proximidad o lejanía de este punto de referencia.

La conclusión que extrae de esto es que lo femenino es, en sí mismo, algo que ha sido diseñado y definido por el hombre e impuesto sobre las mujeres. Esto se resume en su famosa frase "no se nace mujer, se llega a serlo". En definitiva, las mujeres no lo son de un modo ajeno a la historia y a la política, sino más bien a causa del dominio de la mirada masculina sobre "lo Otro".

5. Por una feminidad no alienada

La teoría que Simone de Beauvoir traza en El Segundo Sexo no es simplemente una descripción de lo que ella consideraba que era la realidad; adherido a esto estaba una indicación moral, de lo que debía hacerse y es bueno. En concreto, esta filósofa señaló la necesidad de que las mujeres definiesen su propia identidad al margen de la mirada masculina, sin verse coaccionadas por las imposiciones por parte de ese referente moral e intelectual alimentado a base de siglos y siglos de dominación.