El amor es uno de los fenómenos más complejos que somos capaces de sentir los seres humanos. Este sentimiento tan peculiar ha generado que las personas nos preguntemos cómo y por qué ocurre. La ciencia también se ha ocupado de este fenómeno, y una de las investigadoras más conocidas en esta línea de investigación es Helen Fisher, una bióloga y antropóloga que ha dedicado más de 30 años a intentar comprenderlo.

La investigación de Helen Fisher

Para intentar explicar este sentimiento tan complejo, Fisher se centró en intentar averiguar los mecanismos cerebrales que están implicados en el proceso de enamoramiento y el amor. Para ello, sometió a varios sujetos que se encontraban locamente enamorados a escáneres IMRf, para saber las áreas del cerebro que se activan cuando el sujeto piensa en su ser amado.

Fotografías "amorosas" y neutrales

Para realizar las pruebas, Helen pidió a los participantes del estudio que trajeran dos fotografías: una de la persona amada y otra que no tuviese ningún significado especial, es decir, una cara neutra. Entonces, una vez que la persona era introducida dentro del escáner cerebral, primero se le mostraba en la pantalla la fotografía de la persona amada durante unos segundos mientras el escáner registraba el flujo sanguíneo en distintas regiones del cerebro.

Después se pedía a los individuos que observaran un número aleatorio, y luego debían restarlo de siete en siete, para luego mirar la fotografía neutra donde se le volvería a realizar un escáner. Esto se repetía varias veces para obtener un número significativo de imágenes del cerebro y así asegurar la consistencia de lo que se obtenía mientras se miraban ambas fotografías.

Los resultados de la investigación

Eran muchas las partes del cerebro que se activaban en los enamorados que integraron el experimento. Sin embargo, parece ser que hay dos regiones que revisten una importancia especial en la sublime experiencia de estar enamorado.

Quizá el descubrimiento más importante fue la actividad del núcleo caudado. Se trata de una región extensa, en forma de “C”, que se encuentra muy cerca del centro de nuestro cerebro. Es primitiva; forma parte de lo que se conoce como el cerebro de los reptiles, debido a que esta región evolucionó mucho antes de la proliferación de los mamíferos, hace unos sesenta y cinco millones de años. Los escáneres mostraron que había partes del cuerpo y de la cola del núcleo caudado que se volvían especialmente activas cuando un amante miraba la foto de su enamorado.

El sistema de recompensa del cerebro es importante en el enamoramiento

Los científicos ya sabían desde hace mucho tiempo que esta región cerebral dirige el movimiento corporal. Pero hasta hace poco no han descubierto que este enorme motor forma parte del «sistema de recompensa» del cerebro, la red mental que controla la excitación sexual, las sensaciones de placer y la motivación para conseguir recompensas. ¿Y cuál es el neurotransmisor que se libera durante la activación del núcleo caudado? La dopamina, una sustancia muy implicada en la motivación, es decir, nos ayuda a detectar y percibir una recompensa, discriminar entre varias y esperar una de ellas. Genera la motivación para conseguir una recompensa y planifica los movimientos específicos para conseguirla. El caudado también está asociado al acto de prestar atención y al aprendizaje.

En este estudio también se encontró actividad en otras regiones del sistema de recompensa, incluidas las áreas del septum y el área ventral tegmental (AVT). Esta última región se asocia también con la liberación de una enorme cantidad de dopamina y norepinefrina, que se distribuye por todo el cerebro, incluyendo el núcleo caudado. Cuando esto ocurre, la atención se estrecha, la persona parece tener más energía, y puede experimentar sentimientos de euforia e incluso manía.

La concepción del amor a partir esta investigación

A partir de su estudio, Helen Fisher cambió radicalmente el modo de pensar sobre el amor. Antes se consideraba que el amor implicaba una gama de distintas emociones que abarcaban desde la euforia hasta la desesperación. Tras este estudio, se llega a la conclusión de que el amor es un poderoso sistema de motivación, un impulso básico de emparejamiento. Pero, ¿Por qué es un impulso y no una emoción (o una gama de emociones)?

  • Es difícil que la pasión desaparezca como cualquier otro impulso (hambre, sed, etc), además de que es complicado de controlar. A diferencia de las emociones que van y vienen.
  • El amor romántico se centra en obtener la gratificación de una recompensa específica: el ser amado. Por el contrario, las emociones están ligadas a infinidad de objetos, tal como puede ser el miedo, que se asocia a la oscuridad o a ser asaltado.
  • No existe una expresión facial diferenciada para el amor romántico, distinto de las emociones básicas. Todas las emociones básicas tienen una expresión en la cara que es específica solamente durante la irrupción de esa emoción.
  • Por último y no por ello menos importante, el amor romántico constituye una necesidad, un ansia, un impulso por estar con el ser amado.

La cascada química del amor

Todo lo que he descrito se relaciona con lo que sería el amor romántico (o enamoramiento), eso que se siente en los primeros momentos en que quedamos obsesionados por el ser amado. Para Helen Fisher, el amor romántico evolucionó en el cerebro para orientar toda nuestra atención y motivación sobre una persona específica. Pero esto no termina aquí. Para volver más complejo el amor, este sistema cerebral que genera una fuerza tan intensa como el amor romántico también se encuentra intrínsecamente relacionado con otros dos impulsos básicos para el apareamiento: el impulso sexual (deseo) y la necesidad de establecer vínculos profundos con la pareja (apego).

El deseo sexual es el que permite que un individuo pueda perpetuar la especie a través de la reproducción con un individuo del sexo opuesto. Las hormonas implicadas en dicho impulso son los andrógenos, compuestos por el estrógeno, aunque fundamentalmente es la testosterona la más comprometida con esta función, tanto en hombres como mujeres. Las áreas que se activan en el cerebro cuando existe el impulso sexual son: la corteza cingulada anterior, otras regiones subcorticales, y el hipotálamo (implicada en la liberación de testosterona).

En el caso del amor romántico, como tratamos, se relaciona con enfocar la atención sobre un individuo a la vez, de tal forma que se ahorra tiempo y energía para el cortejo. El neurotransmisor por excelencia es la dopamina, aunque la acompaña la norepinefrina y una disminución de la serotonina. Las áreas que son funcionales a este sistema son: principalmente el núcleo caudado y a su vez el área tegmental ventral, la ínsula, la corteza cingulada anterior y el hipocampo.

El apego y su relación con la oxitocina y vasopresina

Y finalmente, a medida que la pareja va estrechando el vínculo y profundizando en su relación, surge el apego, un sistema que tiene como función el permitir que dos individuos puedan tolerarse entre sí, al menos el tiempo suficiente para lograr la crianza de los hijos durante la infancia. Tiene una relación estrecha con la disminución de la dopamina y la norepinefrina, lo que conlleva a un aumento considerable de dos hormonas que permiten tal función: la oxitocina y la vasopresina. Los circuitos neuronales que producen tales neurotransmisores son el hipotálamo y las gónadas.

Cada uno de estos tres sistemas cerebrales evolucionó para cumplir una función específica para el apareamiento. El deseo evolucionó para permitir la reproducción sexual con casi cualquier pareja más o menos adecuada. El amor romántico permitió que los individuos se enfocarán en una sola pareja a la vez, de tal modo que se ahorrase tiempo y energía el tiempo considerable para el cortejo. Y el apego dio lugar a que hombres y mujeres estuviesen juntos durante el tiempo suficiente para la crianza de un hijo durante la infancia.

El corazón está en el cerebro

Independientemente de que en general tales sistemas aparecen del modo en que han sido explicados (deseo sexual, amor romántico y finalmente apego), no siempre se da en este orden. Algunas amistades (apego) a lo largo de los años despiertan un amor profundo que puede dar lugar al amor o a una amistad arruinada por un corazón roto. Incluso, es posible sentir atracción sexual por una persona, amor romántico por otra y un profundo apego por otra distinta. Esta teoría que abre un interrogante al intentar explicar una conducta tan interesante como poco querida en una relación, la infidelidad.

En fin, es interesante que nos acercamos a comprender cómo una masa de tan pequeña de tan solo 1,3 kg, es decir el cerebro, puede generar algo tan complejo como el amor, un impulso tan fuerte como para ser tema de tantas canciones, novelas, poemas, cuentos y leyendas.

Referencias bibliográficas:

  • Fisher, H. (2004). Por qué amamos: Naturaleza y Química del Amor Romántico. Santa Fe e Bogotá: Taurus Pensamiento
  • Fisher, H. (1994) Anatomía Del Amor: Historia Natural De la Monogamia, El Adulterio y El Divorcio. Barcelona: Anagrama
  • Fisher, H. [TED]. (2007, Enero 16). Helen Fisher nos habla sobre por qué amamos y engañamos [Archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=x-ewvCNguug
  • Pfaff, D. (1999), DRIVE: Neurobiological and Molecular Mechanisms of Sexual Motivation, Cambridge, Mass.: The MIT Press.