Un repaso a estas dos estrategias de memorización.

Siempre se ha dicho aquello de “cuanto más leamos, más aprenderemos, y cuanto más aprendamos, más lejos podremos llegar". Así nos lo hizo saber el Dr. Seuss, escritor y caricaturista norteamericano. El verdadero problema reside en que solemos olvidar en más de la mitad de ocasiones todo aquello que leemos en los libros que engullimos.

Nos pasamos horas y horas delante de manuales académicos a la hora de enfrentarnos a un examen, ya sea prueba oral o escrita. Aquellos interminables momentos en la biblioteca estudiando para sacar un exames son la evidencia de que memorizar no es sencillo. La clave es el método de estudio. ¿Cuántas veces nos ensimismamos y repetimos en voz alta lo aprendido? Es la manera muy eficaz de reforzar lo estudiado, pero... ¿es más útil que leer en silencio?.

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¿Estudiar en voz alta o en silencio?

Para poder responder con rigor la pregunta del titular, los investigadores de la Universidad de Waterloo (Ontario, Canadá) Colin McLeod y Noah Farrin publicaron su estudio en la revista Memory titulado “Los beneficios de escucharse a uno mismo”. Los resultados revelan sorprendentes métodos que mejoran las técnicas del estudio. El estudio pretende comparar la técnica silenciosa con aquella que se sirve de la propia voz.

Farrin y McLeod decidieron seleccionar aleatoriamente a 100 estudiantes y llevarlos a su laboratorio experimental. Les hicieron reproducir en voz alta 80 palabras a todos ellos. Por directrices de la investigación, no se les dijo cuándo tendrían que volver a las instalaciones para terminar el trabajo. La mayoría de los participantes escribieron en un papel todas las palabras que pudieron recordar para poder enfrentarse al siguiente nivel.

Una vez llamados a retomar las pruebas de la investigación, cada individuo utilizó distintos métodos de aprendizaje antes de entrar al laboratorio. Ante la inminente prueba, se les administró uno de cuatro métodos: leer de manera silenciosa las palabras a recitar, escuchar cintas auditivas grabadas por alguien ajeno, escuchar cintas grabadas con su propia voz, o pronunciar en alto las mismas.

Los resultados

El test de memoria dio unos resultados sorprendentes. Basándose en una prueba de reconocimiento, se comprobó el grado en el que los estudiantes recordaban las 80 palabras que memorizaron allí mismo y las 80 que habían reproducido dos semanas antes. Era evidente que el segundo grupo de palabras iba a caer en el olvido, al menos de muchas de ellas. Los participantes tenían que indicar si esa palabra pertenecía a la que habían memorizado en aquel momento o si era del pasado.

Así pues, se confirmó que el método más efectivo era el de pronunciar en alto las palabras estudiadas. En la gran maypría de los casos, se comprobó que leer en voz alta ayudaba a recordar mejor. En grado de efectividad, a este método le sigue el haber escuchado las cintas grabadas a nivel individual. En tercer lugar encontramos las cintas grabadas por alguien ajeno y, en último lugar, y quizás más relevante, tenemos el método de la lectura silenciosa como el más deficiente a la hora de memorizar conceptos u palabros.

Igualmente, no hay que obviar el poder de la lectura. Como resulta evidente, cuanto más leamos, más memorizaremos. La cuestión reside en la capacidad de almacenaje, de recuerdo. Cabe destacar, por ejemplo, que la diferencia entre decir las cosas en voz alta y escucharse a uno mismo en una cinta grabada, era mínima: tan sólo del 3%. Parece ser que el hecho de escuchar nuestra propia voz es un valor añadido.

El efecto producción

Habiendo discutido estos resultados, los autores de la investigación acuñaron el término “efecto producción”, que se refiere al proceso que uno experimenta leyendo en voz alta en vez del modo silencio. Este efecto es el reducto de tres factores sumados y dependientes el uno del otro. Primero, la lectura en voz alta activa la capacidad del cerebro que tiene para almacenar información. En segundo lugar, leer aumenta la capacidad de memoria visual y, en tercer lugar, el efecto de la auto referencia hace que la información tenga un carácter más personal y, consecuentemente, más fácil de recordar.

Cuando los alumnos recurren exclusivamente a leer información de otros, no reciben esa experiencia personal que marca la diferencia a la hora de memorizar, no se auditan a ellos mismos de modo que no despiertan otras capacidades cognitivas mencionadas con anterioridad. Estudios recientes refuerzan la tesis de la insuficiencia que tienen todos los alumnos de cualquier grado académico a la hora de estudiar, argumentando que la lectura como método único, es inapropiado.