Psicología clínica

Prosopagnosia, la incapacidad para reconocer caras humanas

Explicamos las causas y los síntomas de esta extraña condición.

Prosopagnosia, la incapacidad para reconocer caras humanas
Arturo Torres Arturo Torres Psicólogo

Es muy fácil creer que nuestro sistema visual trabaja dándonos información fidedigna del entorno exterior y que el cerebro simplemente es un receptáculo para estas imágenes que nos hablan sobre lo que ocurre en el mundo. Sin embargo, lo cierto es que nuestro sistema nervioso tiene un papel muy activo a la hora de procesar esta información para que sea coherente y tenga sentido. 

La prosopagnosia es un fenómeno que sirve para recordarnos este hecho.

¿Qué es la prosopagnosia?

Se trata, en resumidas cuentas, de un fallo de nuestro sistema nervioso cuya consecuencia es que, quien la experimenta, no es capaz de reconocer rostros humanos. Eso significa que a pesar de tener los ojos perfectamente y de ser capaz de recoger toda la información visual relativa a la cara de una persona, no es capaz de detectar los patrones que convierten esa cara en algo único. En definitiva: vemos la cara pero no la reconocemos.

La prosopagnosia es un tipo de agnosia visual, ya que hay varias clases de desórdenes neurológicos en los que aquello que se ve no es reconocido de manera normal por el cerebro. También es uno de los tipos de agnosia más conocidos gracias a, entre otras personas, el neurólogo Oliver Sacks, recientemente fallecido, ya que habló acerca de su experiencia con pacientes de agnosias visuales en uno de sus libros más famosos: El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.

¿Cómo perciben los rostros las personas con prosopagnosia?

Las personas con prosopagnosia perciben los rostros como una imagen parecida a algo borroso, y son capaces de notarla existencia de los órganos típicos de una cara (ojos, nariz, etc.) pero no su ubicación exacta dentro del conjunto. Sin embargo, hay casos en los que sí pueden reconocer algunas características de la cara de unas pocas personas, o ser mejores la hora de percibir de una manera aproximada las caras de ciertos colectivos (gente de determinado sexo, o con rasgos asiáticos, etc.).

La prosopagnosia no imposibilita la tarea de reconocer a alguien, ya que la gente con este desorden neurológico puede identificar al resto por su manera de andar, su ropa, su pelo…

¿Cuáles son las causas de la prosopagnosia?

La prosopagnosia puede deberse a lesiones en zonas específicas del cerebro, pero también puede ser una condición con la que se nace. Se cree que la parte del encéfalo que funciona de manera anormal en las personas con este desorden es la del giro fusiforme, una zona de la corteza cerebral ubicada en el lóbulo temporal, cerca de las sienes. Gracias al giro fusiforme somos extremadamente sensibles a todas las sutilezas que puede contener un rostro humano, y también gracias a él tenemos una propensión inaudita a ver caras en todo tipo de cosas, incluidos objetos inanimados (a estas "ilusiones" se les llama pareidolias).

Cuando el giro fusiforme o las redes neuronales que conectan esta zona con otras partes del cerebro funcionan de manera anormal, esto se puede traducir en incapacidad para detectar los patrones visuales necesarios para "ver" una cara en su conjunto.

El cerebro tiene mecanismos para sobreponerse a esta condición

Sin embargo, en cierto sentido al cerebro sí le llega información visual sobre los rostros, así que otras zonas del sistema nervioso pueden procesar esta información de manera subconsciente. Eso explica que las personas con prosopagnosia muestren activación emocional al ver las caras de personas cercanas (su madre, sus amigos, etc.), aunque conscientemente no las reconozcan. Esto ocurre porque, a pesar de que el giro fusiforme no funcione bien, parte de la información visual es procesada en paralelo por el sistema límbico, encargado de hacer que nazcan respuestas emotivas.

Arturo Torres Arturo Torres Psicólogo

Licenciado en Sociología por la Universitat Autónoma de Barcelona. Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona. Posgrado en comunicación política y Máster en Psicología social.