Oliver Sacks, famoso neurólogo y reconocido autor de libros como "El Hombre que confundió a su mujer con un sombrero" o "Despertares", murió ayer, 30 de agosto de 2015, a los 82 años de edad. Sacks ya había anunciado en febrero de este año que se encontraba en la etapa terminal y que le quedaban pocos meses de vida. El mundo pierde así a uno de los mejores divulgadores científicos.

Una muerte anunciada pero igualmente llorada entre toda la comunidad científica

Sacks nos deja un legado de inestimable calidad en forma de literatura de divulgación acerca del funcionamiento de los órganos a los que debemos la posibilidad de pensar, ver y sentir. Sus disertaciones acerca de lo que fue investigando son casi indistinguibles de las partes en las que narra experiencias y reflexiones in situ. 

Eso se plasma en su manera de escribir, directa y accesible para todos los públicos, no exenta por ello de cuestiones filosóficas que quedan esbozadas para que sea el lector quien intente responderlas. Pero la calidad de Oliver Sacks va mucho más allá de sus conocimientos sobre neurología y su facilidad de palabra para comunicar fácilmente ideas y conceptos tan fascinantes como complicados, o su manera de plantear retos intelectuales para motivar al lector y hacer que quiera saber más. 

La vocación por el estudio del ser humano no es lo único que se refleja en sus escritos: también lo hace, de forma algo más velada pero igualmente manifiesta, su corazón de humanista, una fuerza que lo movía a amar y apreciar lo subjetivo, lo privado, lo emocional y fenomenológico, aquello que pertenece a las personas a las que estudió y a lo que nunca podría haber accedido como científico.

Más allá de las leyes científicas

A lo largo de su obra, Oliver Sacks nos dio muchos y buenísimos ejemplos sobre cómo hablar acerca de los trastornos y la enfermedad con total respeto por el paciente. En la literatura de la que es autor, personas que podrían ser consideradas dementes aparecen retratadas con total humanidad. 

No escribía como si diseccionara seres incompletos ni absolutamente distintos al resto: hombres excéntricos, mujeres con problemas inusuales, pero nunca personas separadas de la humanidad por una brecha infranqueable. Oliver Sacks habla sobre estas personas para mostrar el funcionamiento del cuerpo humano: lo que nos hace iguales, lo que funciona de manera igual en cada uno de nosotros, sin alejar la vista de la particularidad de cada ser humano pero sin poner énfasis en las diferencias.

Es por eso que sus libros son, posiblemente, la mejor manera de aprender sobre la enfermedad psiquiátrica y las normas que rigen nuestro cerebro sin alejar la vista de lo que nos hace capaces de sentir, amar y experimentar. La calidad humana que desprende la literatura escrita por Oliver Sacks es difícil de encontrar en la divulgación científica, y menos aún en aquella que habla acerca del motor de nuestras emociones y pensamientos.