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El miedo a morir es uno de los fenómenos psicológicos que más preocupa a una buena parte de las personas que asisten a psicoterapia. 

El miedo al dolor físico ya la idea en sí de morir en ocasiones produce casos de crisis de ansiedad (más o menos intensas) difíciles de gestionar, y en ocasiones se convierte en un pensamiento obsesivo.

¿Por qué aparece el miedo a la muerte?

La idea de la muerte está asociada al dolor físico, algo que ocurre en algunos casos cuando llega ese momento de la vida. Sin embargo, lo que más rechazo produce es la angustia existencial de pensar en la desaparición de uno mismo o de los seres queridos. ¿Por qué ocurre esto?

Casi todo aquello que sabemos acerca de lo que somos y sobre lo que existe está relacionado con nuestra memoria autobiográfica, que es el conjunto organizado de recuerdos sobre lo que hemos vivido. La idea de la muerte, en cambio, nos obliga a pensar sobre la realidad como si esta fuese algo en lo que ni nosotros ni nuestros seres queridos importan demasiado. Es decir, nos hace pensar en un planeta en el que todo lo que nuestra trayectoria vital ha sido negada.

La idea de que nuestras trayectorias vitales no constituyen uno de los pilares fundamentales de la realidad y de que ese estilo de vida lleno de elementos que nos son familiares desaparecerá en algún momento choca con el modo en el que hemos aprendido a interpretar las cosas. El tiempo pasa, lo queramos o no, y nos vamos empequeñeciendo cada vez más.

Vivir en el presente

Todo lo dicho antes puede parecer muy triste, pero solo lo es si entendemos nuestra existencia como algo que depende del tiempo para estar ahí. Ciertamente, pensar en el futuro y en el pasado cuando la muerte está cerca puede producir dolor, pero... ¿qué pasa si nos centramos en el presente?

Si enfocamos nuestra atención hacia las experiencias únicas que vivimos en cada momento, lo que experimentamos deja de ser una copia degradada de nuestro pasado o un inicio del final que tarde o temprano llegará. El truco para afrontar el miedo a la muerte es, entonces, dejar de tomar el pasado y el futuro como puntos de referencia desde los cuales apreciar las cosas.

De todas formas, el futuro no lo podemos conocer y si estamos tristes o deprimidos es muy probable que lo imaginemos peor de lo que será, y el pasado tampoco lo recordamos a la perfección; es más, lo reinventamos constantemente. Centrarse en el presente no es auto engañarse, ya que ese es el único tiempo que podemos conocer directamente y de forma genuina. De hecho, lo que sí es engañarse es creer que lo que sabemos acerca de lo que somos y hemos hecho es puro y perfectamente verdadero.

El Mindfulness

El Mindfulness es una de las herramientas que se utilizan para prevenir las recaídas en fases de depresión, algo frecuente cuando el miedo a la muerte se vuelve un compañero inseparable de nuestras vidas.

Curiosamente, esta sencilla forma de meditación se basa entre otras cosas en omitir juicios apresurados sobre el pasado y el futuro; de lo que se trata es de experimentar el momento. Potencia un tipo de gestión atencional que nos lleva a vivir los recuerdos como lo que son, algo que vivimos a través del presente. Esto hace que, de algún modo, le quitemos dramatismo a la idea de la muerte, ya que cuanto más seamos capaces de distanciarnos de nuestra trayectoria vital, menos impacto emocional tiene la idea del fin de esta.

La aceptación ante la muerte

Otro de los factores que pueden ser utilizados para hacer frente al miedo a la muerte es trabajar en la aceptación. Dejar de pensar desde expectativas irreales ayuda a que las experiencias vinculadas a la muerte se vivan de una manera mucho mejor.

Y es que muchas veces, buena parte del dolor psicológico que experimentamos es fruto de comparar nuestra interpretación de lo que nos ocurre con lo que esperaríamos que nos ocurriese en una vida ideal. En ese sentido, la muerte debería entrar dentro de nuestros planes.

De hecho, esto es algo que ya señala el autor Atul Gawande en su libro Ser Mortal: muchas veces, aceptar la muerte y renunciar a medidas médicas muy agresivas que alargan un poco la vida es la mejor opción atendiendo al bienestar de los pacientes. Los últimos momentos de vida se pasan con mayor serenidad y bienestar cuando se acepta la muerte y se deja de pensar que luchar por la conservación de la propia vida es la prioridad. Creer que todo es una batalla y que tenemos la culpa de nuestra propia muerte es algo que puede hacernos sufrir mucho más.

La cuestión, pues, es aprender a no responsabilizarse de tareas imposibles (como vivir eternamente) y acostumbrarse a experimentar cada momento como algo valioso en sí mismo por el hecho de transcurrir en el presente además de contar con la compañía de los seres queridos y disfrutar de relaciones que van más allá de las palabras.