En las últimas décadas se ha popularizado la creencia de que mantener una actitud positiva puede prevenir la aparición de cáncer y contribuir a la superación de esta enfermedad. Estas ideas se basan en un número muy reducido de investigaciones; no obstante, el análisis global de la evidencia científica existente en la actualidad revela que son erróneas.

Las causas principales del cáncer se relacionan con factores de riesgo medioambiental. Destacan el consumo de tabaco, la obesidad, las infecciones, la radiación, el sedentarismo y la exposición a sustancias contaminantes. Si bien los factores psicológicos pueden influir en cierto grado en esta enfermedad a través del grado de estrés, su peso en general es escaso.

La relación entre la actitud positiva y el cáncer

Se han llevado a cabo diversos metaanálisis de investigaciones sobre la posible asociación entre los factores psicológicos y el desarrollo o la progresión de cánceres. De modo sintético podemos afirmar que no se ha encontrado una relación entre la actitud positiva y la prevención o recuperación de estas enfermedades.

El caso del cáncer de mama ha sido particularmente estudiado, en parte porque algunos de los estudios que daban apoyo a la hipótesis de que la actitud positiva previene esta enfermedad habían sido realizados con mujeres afectadas con este tipo de cáncer.

No se han encontrado asociaciones significativas entre la prevención ni la supervivencia al cáncer de mama y factores psicológicos como el grado de estrés psicosocial, el apoyo social o el estilo de afrontamiento del estrés. No obstante, existe un factor de personalidad que sí parece asociarse al cáncer, como explicaremos más adelante.

Otro estudio analizó una muestra de más de 1000 pacientes con cáncer de cuello y de cabeza. No se encontró ninguna relación entre el bienestar emocional y el tiempo de supervivencia a la enfermedad, ni tampoco con el ritmo de crecimiento del cáncer.

Factores psicológicos que influyen en el cáncer

Eysenck y Grossarth-Maticek, entre otros autores, han descrito un factor de personalidad asociado con el desarrollo de cáncer: la racionalidad-antiemocionalidad, que se definiría como la tendencia a la supresión emocional, con predominio de la racionalización. Este rasgo es conceptualizado como una reacción negativa a situaciones que provocan estrés.

Si bien estos dos autores habían relacionado el cáncer en mayor medida con las personas con tendencia a la desesperanza, la investigación científica no ha dado apoyo a esta hipótesis. Por contra, existen algunas pruebas de que la racionalidad-antiemocionalidad sí puede influir en la aparición del cáncer.

En caso de confirmarse este planteamiento, la explicación más probable tendría que ver con dos hechos: el cáncer es un conjunto de enfermedades asociadas al sistema inmune (es decir, las defensas del organismo) y el estrés crónico tiene efectos inmunosupresores. El estrés favorece el desarrollo de cáncer, si bien menos que el tabaco, la obesidad o las infecciones.

Es cierto que los factores psicológicos pueden favorecer la aparición o el progreso del cáncer, pero parece que sólo lo hacen de forma indirecta. Esto queda ejemplificado en los datos sobre el afrontamiento del estrés, pero sobre todo en hábitos conductuales que afectan negativamente al organismo como fumar o alimentarse de forma inadecuada.

Psicoterapia enfocada a esta enfermedad

Durante las últimas décadas se han desarrollado diversas terapias psicológicas orientadas al tratamiento del cáncer. Otras se focalizan en la prevención de estas enfermedades, e incluso en la modificación de factores de personalidad supuestamente relacionados con el cáncer.

Un caso especialmente llamativo es el de la terapia de visualización desarrollada por Simonton en los años 80. Este programa consiste en visualizar las defensas del organismo destruyendo las células cancerosas, así como en la promoción de una actitud positiva en general. No hemos encontrado estudios independientes sobre la eficacia de este “tratamiento”.

También existe la terapia de conducta de innovación creativa, desarrollada por Eysenck y Grossarth-Maticek en base a su propia hipótesis. Se centra en el desarrollo de nuevos patrones de conducta que sustituyan las actitudes que los autores asocian con la aparición y el progreso del cáncer. De nuevo, ha sido estudiada básicamente por sus propios creadores.

Si nos guiamos por la evidencia científica disponible podemos concluir que la intervención psicológica en el cáncer debería focalizarse en la prevención de los factores de riesgo principales (consumo de tabaco y alcohol, dieta inadecuada, sedentarismo, etc.) así como en la adhesión a los tratamientos médicos, más que en la célebre “actitud positiva”.

Referencias bibliográficas:

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