Psicología

La teoría de la memoria de Roger Brown

Este famoso psicólogo estadounidense investigó sobre cómo aparecen los recuerdos vívidos.

La teoría de la memoria de Roger Brown
Oscar Castillero Mimenza Oscar Castillero Mimenza Psicólogo en Barcelona | Redactor especializado en Psicología Clínica

¿Qué hacías cuando el hombre llegó a la Luna? ¿Y cuando cayó el muro de Berlín? ¿Y en el momento en que cayeron las Torres Gemelas? Si hemos vivido todos estos sucesos, es posible que tengamos una respuesta exacta y precisa. 

Recordamos con gran exactitud esos momentos. ¿Por qué? Eso es lo que explora la teoría de la memoria de Roger Brown.

Una breve introducción: Robert Brown

Roger Brown fue un reconocido psicólogo de origen estadounidense famoso por sus múltiples estudios y contribuciones a diversos ámbitos de la psicología, destacando especialmente sus estudios respecto al lenguaje humano y su desarrollo.

Brown tuvo también un importante papel en el estudio de la memoria, resultando remarcable la investigación realizada junto a James Kulik respecto al recuerdo vívido de lo que las personas estaban haciendo en momentos de gran importancia histórica, acuñando el término flashbulb memory.

La memoria vívida o las “flashbulb memories”

Las flashbulb memories o memorias vívidas hacen referencia al recuerdo preciso, intenso y persistente de las circunstancias que rodean una situación de gran importancia en nuestra vida. Se recuerda el hecho en sí y qué estábamos haciendo en el preciso momento en el que ocurría o en el que nos enteramos de ello.

La sensación de la persona que tiene estos recuerdos es equivalente a la impresión de tener algo semejante a una fotografía o un trozo de película siempre disponible en la memoria, totalmente clara y sin posibilidad de error.

Generalmente se trata de eventos con gran importancia a nivel histórico. Ejemplos de ello se dan por ejemplo en personas que recuerdan exactamente el momento en que el hombre llegó a la Luna, el asesinato de Kennedy o Martin Luther King, la caída del muro de Berlín o los más recientes atentados contra las Torres Gemelas.

¿Por qué lo recordamos con tanta exactitud?

Generalmente, cuando queremos recordar algo es necesario que la misma información sea repetida una y otra vez o que quede vinculada a otros conocimientos para que generen una huella de memoria que permita recordarlas posteriormente. Las conexiones nerviosas que se ven estimuladas por el aprendizaje realizado necesitan fortalecerse. De no utilizarse nunca ni encontrarle una utilidad, nuestro organismo considerará que la información no es pertinente ni útil y terminará por olvidarla.

Pero muchos recuerdos se mantienen de manera mucho más permanente sin precisar que se repitan una y otra vez. Ello se debe al papel de las emociones. Resulta conocido que cuando un acontecimiento nos despierta una emoción intensa genera una huella de memoria mucho más poderosa y permanente que sucesos sin significación emocional. Por ejemplo, el primero beso o el nacimiento de un hijo.

Es el caso de los sucesos que generan las flashbulb memories, el motivo principal por el cual estos momentos y las circunstancias que las rodean son recordados de una manera tan vívida es semejante a la de la activación emocional: estamos ante un suceso inesperado que nos sorprende en gran medida. Posteriormente a la sorpresa, procesamos la importancia de dicho suceso y ello, junto a la reacción emocional que genera constatar dicha relevancia, acaba por provocar que aparezca un fuerte recuerdo de lo que ocurrió y as circunstancias que lo rodeaban.

Pero se ha de tener en cuenta que los sucesos en sí solo se registran si son importantes para la persona que las recuerda o sienten alguna identificación con lo sucedido o los implicados. Por ejemplo, el recuerdo de lo que se estaba haciendo en el momento del asesinato de Martin Luther King es más potente por lo general para los sujetos afroamericanos que vivieron los efectos de la segregación racial en Estados Unidos que para la población caucásica.

¿Son dichas memorias totalmente fiables?

Sin embargo, a pesar de que una gran parte de los personas que dicen recordar lo que pasó con gran precisión y el alto impacto emocional que tuvo en sus vidas, la fiabilidad total de dichos recuerdos es cuestionable.

A grandes rasgos sí se recuerda la información más esencial del acontecimiento, pero debemos de tener en cuenta que nuestra memoria suele centrarse en captar la información más pertinente y que cada vez que recordamos algo en realidad la mente realiza una reconstrucción de los hechos. 

Si nuestra mente no encuentra la información pertinente, inconscientemente tendemos a rellenar los huecos mediante la confabulación. Dicho de otro modo, en general combinamos e incluso creamos material que parece pertinente y encaja en nuestra reelaboración.

Así, es común que falseemos de manera inconsciente nuestros recuerdos. Se ha comprobado que el número de detalles recordados correctamente disminuye a lo largo del tiempo, a pesar de que la persona sigue creyendo que todos los detalles permanecen frescos. Y es que poco a poco vamos sobreescribiendo la información más periférica. Todo ello estando el propio sujeto completamente convencido de que el recuerdo es real y tal y como lo cuenta.

Referencias bibliográficas:

  • Brown, R. & Kulik, J. (1977). Flashbulb memories. Cognition, 5, 73-99. Harvard Univertity.
  • Tamayo, W. (2012). Memorias flashbulb y representaciones sociales. Propuesta para un estudio conjunto. Revista Psicoespacios, 6 (7); pp. 183-199.
Etiquetas: Memoria, Teoría, Emoción
Oscar Castillero Mimenza Oscar Castillero Mimenza Psicólogo en Barcelona | Redactor especializado en Psicología Clínica

Graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Actualmente finalizando el Máster de Psicopedagogía por la misma, así como preparando el examen de acceso a las oposiciones P.I.R.