Puede que la capacidad para pensar a través de ideas abstractas nos diferencie del resto de los animales y nos permita actuar de maneras muy inteligentes, pero también nos coloca en una posición de vulnerabilidad. El hecho de ser conscientes de nosotros mismos hace que nos enfrentemos a preguntas existenciales sin una respuesta clara, y esa incertidumbre es capaz de dejarnos inmóviles, atrapados en nuestras propias vidas sin saber qué hacer.

El pensamiento de Søren Kierkegaard es un intento de ofrecer un marco filosófico mediante el cual abordar preguntas como “¿quién soy?” “¿para qué vivo?” o “¿qué debería hacer?”. Se trata de una forma de filosofía que se centra en la subjetividad humana.

En este artículo repasaremos los fundamentos de la teoría existencialista de Kierkegaard.

¿Quién fue Søren Kierkegaard?

El filósofo Søren Kierkegaard nació en Copenhage el 5 de mayo de 1813 en el seno de una familia acomodada. Estudió teología en su ciudad de origen, y también se formó en filosofía, ámbito al que terminó dedicando su vida.

La melancolía fue uno de los elementos que marcó la historia de Søren Kierkegaard, una persona altamente emocional que, a su vez, impregnó su filosofía de con esta característica. A su vez, criticó con dureza tanto a la Iglesia como a la filosofía Hegeliana, la cual era hegemónica en Europa durante buena parte del siglo XIX, dado que esta última hablaba sobre absolutos y dejaba a un lado la subjetividad.

Kierkegaard murió en Copenhage en el año 1855 después de sufrir una crisis y pasar varias semanas en el hospital.

La teoría existencialista de Kierkegaard

A continuación veremos cuáles fueron los aspectos más destacables de la filosofía de Kierkegaard, en su faceta más existencialista.

1. La libertad de elección define la vida

Kierkegaard creía que la vida consiste fundamentalmente en elegir. Es a través de las elecciones como vamos desarrollando nuestra existencia, lo que habla sobre quiénes somos y qué historias hemos dejado a nuestras espaldas.

2. Las elecciones son inevitables

Hagamos lo que hagamos, debemos decidir constantemente, dado que no hacer nada es también una opción que hemos elegido al encontrarnos ante una encrucijada de posibles acciones a realizar.

3. La moral también parte de la libertad

Las decisiones no se limitan a las acciones observables; también hay algunas que tienen un marcado carácter moral. Es por eso que debemos elegir entre lo justo y lo que nos da placer.

Sin embargo, para Søren Kierkegaard las condiciones en las que elegimos dependen únicamente de nosotros, y no de nadie más ni del contexto. Todo es responsabilidad nuestra, ya que para este filósofo hay que asumir que elegimos partiendo desde cero.

Lo anterior implica, por ejemplo, que ni nuestro pasado ni la historia de nuestra familia o barrio influye.

4. La angustia nos llena

Como pasamos de una elección a otra constantemente, experimentamos angustia en menor o mayor medida. Preferiríamos vivir sin tener que elegir constantemente, y los tiempos pasados, que vemos a través de la ilusión de que no se basaban en decisiones, nos parecen más atractivos que el presente.

5. El vértigo

Sentimos constantemente el peso de la libertad, lo cual hace que sintamos vértigo existencial ante la idea de que no hay nada que nos separe del vacío. La incertidumbre hace que nos parezca que todo se puede echar a perder.

Críticas a la filosofía de Kierkegaard

Las ideas de este pensador danés no están exentas de crítica. Por ejemplo, es habitual acusar a Kierkegaard de ser demasiado individualista, ya que parte de las preguntas filosóficas que tienen que ver con la persona sola y no con la persona en la sociedad. Es como si el mundo exterior no existiese y los fenómenos sociales tuviesen un impacto desdeñable en nuestras vidas.

Por otro lado, también se lo critica por no tener en cuenta la historia, aquello que hace que una cultura sea como sea. De ese modo, hace ver que las decisiones dependen de uno, y que ni nuestro pasado ni el pasado de nuestra línea familiar influye en nada de eso. Esto es algo que trataron de corregir existencialistas posteriores para salir de ese individualismo, el precio de adoptar una filosofía centrada en lo subjetivo.