Si algo caracteriza el estilo de vida contemporáneo (al menos en los países occidentales) es que la información abunda. Con un par de clics somos capaces de acceder a todo tipo de datos, lecciones a las que hace tan solo unas décadas solo era posible acceder en ciertas bibliotecas y en museos. La tecnología se ha convesrtido en nuestro segundo cerebro, uno con memoria fotográfica.

Sin embargo, a pesar de la gran ventaja que ha supuesto la informática e Internet, nuestra manera de pensar sigue siendo la misma de siempre. Lo cual es malo, porque ante el bombardeo informativo al que nos sometemos cada día resulta complicado orientarse, tomar una ruta mental fiable a través de la cual llegar a una conclusión sólida.

Por eso, te será útil empezar a tomar el control de tus propias decisiones y líneas de razonamiento ayudándote con los consejos para pensar bien que puedes leer a continuación.

¿Cómo pensar bien?

Lo malo de tener la capacidad de crear prácticamente cualquier concepto imaginable es que es muy fácil perdernos en ese laberinto de opiniones, creencias e ideas que habitan en nuestros cerebros. Pero saber construir procesos de pensamiento que resulten fiables no es del todo imposible. Ten en cuenta las claves que leerás a continuación.

1. Cuidado con la polisemia

Hay muchas ocasiones en las que una misma palabra cambia de significado en mitad del razonamiento que estábamos siguiendo o que otra persona expone, sin que nos demos cuenta. Esto ocurre mucho, por ejemplo, con la falacia etimológica, que consiste en pretender que una palabra signifique solo lo que denota su etimología.

Por ejemplo si alguien asegura que el matrimonio entre dos hombres no debería existir porque la etimología de la palabra indica la presencia femenina en este acto, está utilizando dos conceptos diferentes: concepción tradicional del matrimonio y la concepción moderna de este, mezclándolas sin justificación.

2. Evita la falsa dicotomía

Hay personas que intentan darse a sí mismas la razón explicando, de forma directa o más o menos disimulada, que si no les das la razón formas parte de un grupo despreciable de personas a las que casi nadie quiere pertenecer: fascistas, fanáticos, etc. Debes detectar esta estrategia y darte cuenta de que no tienes por qué pertenecer a un grupo de personas simplemente porque compartas con ellos una cualidad (estar en desacuerdo con tu interlocutor, por ejemplo).

3. Memorizar no es siempre la solución

Muchas veces, es mucho más útil recordar cómo se puede acceder a un tipo de información que memorizar la información en sí misma.

4. Márcate pautas secuenciales

Uno de los aspectos más importantes de pensar bien consiste en organizarse correctamente, también en lo psicológico.

Por ejemplo, ante razonamientos más o menos complejos muchas personas se ponen muy nerviosas pensando qué aspecto del problema atajar primero. En vez de eso, olvídate del tiempo y dedícate a establecer un pequeño plan con los “hitos” que debe ir cumpliendo tu pensamiento hasta llegar a la meta, la solución final.

Para ello, imagina una serie de paradas de tren y trata de avanzar por ese recorrido, concentrándote solo en un objetivo a la vez.

5. No tengas miedo de lo que puedan pensar

Uno de los aspectos de la vida que más limita nuestro pensamiento es tener miedo a lo que los otros digan, ya que esto puede hacer que renunciemos a seguir pensando en algo cada vez que intuimos que el curso de pensamiento puede terminar desembocando en una opinión impopular.

Retirarse de esa manera no solo es frustrante; además, hace que nos sintamos inseguros al pensar en eso, ya que sabemos que no nos conviene explicar temas que nos pueden hacer entrar en contradicciones incómodas (con nuestras ideas o con las de la mayoría) y, además, hemos llegado lo suficientemente lejos en el razonamiento comopara dudar de lo que creemos saber.

6. Detecta los pseudo-conceptos y evítalos

A veces, hay ciertas reflexiones que incluyen varios conceptos altamente imprecisos, los cuales parecen estar ahí para adornar. Debes detectarlos en las palabras de otras personas para no perder el tiempo preguntándote qué significan y evitar caer en su uso.

7. Cuidado con sustantivar procesos

Cuando hablamos sobre psicología y procesos mentales, es muy habitual caer en la trampa de convertir en sustantivo algo que es un proceso. Por ejemplo, nunca diríamos que hemos llegado a casa haciendo uso del movimiento del coche.

Si tenemos en cuenta esto, es más probable que pensemos mejor, ya que no trataremos dinámicas de interacción como si fuesen personas o elementos separados de su contexto.

8. Piensa que la atención es crucial

Para pensar bien no es necesario tenerlo todo en cuenta. Simplemente, hay que partir de una situación en la que hayamos detectado cuál es la información relevante y la que no lo es, y centrarnos en la primera de estas. De otro modo, una cantidad abrumadora de información haría que no hiciésemos nada, lo cual es peor que dejar fuera parte de los datos vinculados al tema del que hablamos.

9. Compara cosas que realmente sean comparables

Cuando compares dos países, asegúrate de que su historia, localización, cultura y situación económica sean comparables, por ejemplo. Por otro lado, compara lo específico con lo específico y lo general con lo general. La eficacia de una terapia, por ejemplo, no cambia por el hecho de que exista una persona más o menos que diga haberse beneficiado de ella.