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Una investigación realizada por la UCLA y publicada en Psychological Science ha concluido que el hecho de ver cómo las fotografías publicadas en una red social son apreciadas por otras personas vía el botón de "like" activa las mismas zonas del cerebro que se accionan con la masturbación o el hecho de saborear comidas muy dulces como el chocolate.

La Psicología detrás de los likes de Instagram y Facebook

Este estudio viene a confirmar la intuición que muchas personas tenían: que el funcionamiento de ciertas redes sociales está diseñado para que estas sean verdaderos gimnasios del narcisismo

Sin embargo sus implicaciones van mucho más allá. Veamos cómo se realizó la investigación.

¿Cómo se hizo el estudio?

Esta investigación, realizada por la psicóloga Lauren Sherman y su equipo, se basó en el uso de una imitación de la red social Instagram. Sherman y sus investigadores reclutaron 32 adolescentes (14 chicos y 18 chicas) acostumbrados a usar Instagram y, mediante resonancia magnética, vieron el modo en el que su cerebro se activaba mientras los jóvenes interactuaban con la imitación de esa red social en la que podían ver tanto las imágenes que habían subido ellos como las fotos de personas desconocidas.

Cada uno de los participantes en este experimento fueron informados de que iban a utilizar una red social utilizada por una pequeña comunidad mientras se tomaban imágenes por fMRI de su actividad neuronal. Sin embargo, lo cierto es que las fotografías de personas desconocidas parecían pertenecer a las cuentas de gente joven, habían sido seleccionadas por el equipo de investigación y, de hecho, también eran estos científicos los encargados de poner cierta cantidad de likes en todas las imágenes.

Así pues, cada adolescente tenía la oportunidad de reaccionar ante 40 de las fotografías provenientes de su propia cuenta de Instagram real y 108 pertenecientes a desconocidos. Además, los investigadores informaron a los participantes de que cada una de las fotografías que iban a ver había sido vista, valorada y potencialmente "likeada" por una cincuentena de jóvenes, algo que en realidad no era cierto.

Los efectos que Instagram tiene sobre el cerebro humano

Al comprobar las imágenes de distintos cerebros obtenidas mediante resonancia magnética, Sherman y sus compañeras vieron que una estructura del cerebro llamada núcleo accumbens se activaba más cuantos más likes tuviera una imagen. Esto es muy relevante, teniendo en cuenta que el núcleo accumbens es responsable de que experimentemos momentos de placer intenso al ganar un premio, tener un orgasmo, beber un batido, etc.

Esta zona del cerebro es la encargada de detectar los momentos cumbre del placer y con ello tiene un papel en la aparición de adicciones y en los mecanismos de recompensa encargados de que intentemos crear las situaciones para que estos "picos de felicidad" se repitan tan a menudo como sea posible.

La influencia de los demás se cuela en lo digital

Pero esta investigación también arrojó otra conclusión sorprendente: las redes sociales pueden hacer que los adolescentes estén más inclinados a realizar actos imprudentes, algo que también pasa cuando están acompañados físicamente por otras personas de su misma edad.

En los jóvenes de ambos sexos que participaron en la investigación, las regiones del cerebro relacionadas con el autocontrol y el seguimiento de normas quedaban relativamente apagadas cuando estos veían imágenes relacionadas con comportamientos arriesgados, como ir en monopatín por un terreno peligroso o conducir haciéndose fotos... aunque no conociesen a las personas a las que supuestamente pertenecían las fotografías. Este efecto se intensificaba si estas fotografías tenían una gran cantidad de likes.

A este efecto hay que sumarle el que hemos visto antes. Los likes hacen que se activen las pequeñas estructuras cerebrales del placer, lo cual puede hacer que se asocie al bienestar no solo las imágenes en sí, sino además las actividades que pueden verse en ellas.

¿Hay motivo para que salten las alarmas?

La idea de que el hecho de participar en una red social como Instagram puede inducir a los más jóvenes a perseguir el riesgo no deja de ser una hipótesis que aún ha de ser comprobada. A fin de cuentas, lo que se ha visto en esta investigación son solo imágenes de regiones cerebrales activadas o desactivadas, y no se ha experimentado en entornos reales en los que los jóvenes pudieran intentar emprender imprudencias.

Sin embargo, estos resultados dan motivos para seguir investigando en esta línea, aunque sea para que tengamos la oportunidad de saber educar y educarnos a nosotros mismos en el uso de redes sociales.