Este momento del sueño se caracteriza por una intensa actividad cerebral. Pixabay.

A día de hoy una gran mayoría de la población conoce o ha oído en alguna ocasión hablar del concepto de fase REM o sueño REM. Sabemos que forma parte de nuestro sueño y que, como mínimo, presenta alguna diferencias en lo que respecta al resto de sueño, el no-REM.

Muchas personas no conocen qué es lo que hace de este sueño un elemento tan necesario para nosotros. Es por ello que en este artículo vamos a hacer un breve comentario respecto a qué es el sueño REM, y sus peculiaridades.

Las fases del sueño

Dormir es una necesidad esencial para el ser humano y para la mayoría de los seres vivos. Nuestro organismo es una estructura que consume de manera continuada energía, precisando los elementos de nuestra “maquinaria” de reposo para poder funcionar correctamente.

Dormir es fundamental. Sin embargo, el sueño no es algo uniforme que aparece bruscamente. De hecho durante el sueño se suceden diversos ciclos compuestos de diferentes fases, en las que se van alterando diferentes funciones y en las que nuestro cerebro reduce o aumenta determinados tipos de actividad bioeléctrica. Concretamente, solemos tener entre 4 y 9 de estos ciclos divididos cada uno de ellos en cinco fases. Estas fases suelen seguir un orden determinado.

En primer lugar, en la fase 1 nos encontramos con una fase de adormecimiento, en la que nuestra conciencia se va reduciendo poco a poco a pesar de que a la mínima estimulación podemos despejarnos. Nuestro cerebro registra principalmente ondas de tipo alfa, que son las habituales de estados de relajación aún cuando estamos despiertos.

Posteriormente y si nada lo interrumpe entramos en una segunda fase, en que los movimientos oculares se reducen del todo y se produce un marcado descenso del tono muscular. Cada vez estamos más relajados y desconectados del entorno. Si observamos con un electroencefalograma el funcionamiento del cerebro a nivel de ondas observamos cómo prevalecen las ondas theta, con la peculiaridad de que aparecen oscilaciones en la actividad cerebral en forma de complejos K y husos del sueño.

Tras estas fases, ambas de sueño ligero, entraríamos en las fases 3 y 4 del sueño, conocidas como sueño profundo. Se trata de las fases en las que se produce un verdadero descanso del organismo. La actividad física es para la mayoría de las personas prácticamente inexistente, aunque hay un aumento del tono muscular. Los terrores nocturnos y otras parasomnias como el sonambulismo se dan durante estas fases del sueño. El registro de las ondas cerebrales mostraría una prevalencia general de ondas delta.

Estas fases corresponden en su totalidad al sueño no REM. Pero tras ellas, aún podemos encontrar una fase más, la fase REM o MOR.

La fase REM o MOR

La fase REM (siendo REM las siglas de Rapid Eye Movement) o MOR (Movimientos Oculares Rápidos), es una de las fases del sueño más importantes. Se caracteriza por la presencia de una elevada actividad cerebral, que puede resultar visible en la realización de movimientos oculares rápidos y constantes.

Se considera sueño desincronizado. La actividad cerebral es semejante a la que tendríamos despiertos o en las fases de adormecimiento, existiendo abundantes ondas theta con dientes de sierra (esto último especialmente característico de las zonas parietales del cerebro) y beta. El cuerpo resta totalmente inmóvil y paralizado, con completa desaparición del tono muscular salvo en ojos y diafragma.

Es en la fase REM del sueño en el que aparecen los sueños y las pesadillas, así como la capacidad para recordarlos. También se da un incremento de la activación fisiológica (pese a la atonía muscular), aumentando la presión arterial, el ritmo cardíaco y respiratorio y siendo habitual la aparición de erecciones. Según se van sucediendo los ciclos, la cantidad de sueño REM va aumentando.

Función principal de esta etapa del dormir

Las funciones de este tipo de sueño no están claramente delimitadas. Sin embargo, se considera que durante el sueño REM reorganizamos nuestros contenidos mentales, fijando los nuevos recuerdos e integrándolos en la memoria a la vez que descartamos aquellas informaciones o recuerdos considerados irrelevantes. Así, este tipo de sueño convierte la experiencia en recuerdo almacenado en la memoria a largo plazo.

Asimismo, es durante estas fases en las que se produce el mayor nivel de desarrollo del cerebro, siendo fundamental para su maduración especialmente durante la etapa de crecimiento. Se considera sueño desincronizado.

Esto no es solo importante a nivel cognitivo, sino también en lo que respecta al procesamiento sensorial, como parecen indicar estudios como los de Marcos Frank en el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, al permitir por ejemplo que la proteína ERK (una proteína que sólo se activa en esta fase del sueño) acabe de fijar en la corteza visual los cambios y ajustar las conexiones que permiten el desarrollo de la percepción visual. Lo mismo ocurre con otras habilidades.

Evolución a lo largo del ciclo vital

A lo largo de la vida nuestros biorritmos y nuestros ciclos de sueño varían enormemente. No dormimos igual durante nuestro primer año de vida que a los treinta, y aún menos que a los ochenta años.

Los recién nacidos por ejemplo dedican al sueño gran parte del día, estando alrededor de un 50% de este tiempo en fase REM. A partir del cuarto mes este porcentaje se reduce al 40& y empieza a ir precedido por sueño no REM. Según el niño va creciendo va aumentando el tiempo que permanece despierto y disminuyendo la cantidad de sueño. A la edad aproximada de seis años se estabilizan los patrones de sueño y los ciclos, asemejándose al sueño de un adulto.

Durante la adultez la proporción aproximada de sueño REM es del 20%, siendo el resto de sueño no REM. Con la edad, el tiempo total de sueño se reduce y se va fragmentando, especialmente cuando llegamos a la tercera edad, con gran cantidad de despertares nocturnos. La cantidad de sueño se reduce espectacularmente, incluyendo al de tipo REM. Pese a ello se observa una menor latencia del sueño REM (tarda menos en hacer aparición).

Referencias bibliográficas:

  • McCarley, R.W. (2007). Neurobiology of REM and NREM sleep. Sleep Med, 8.