El concepto del cociente intelectual, también conocido por su abreviatura (CI), es utilizado con enorme frecuencia como si fuera equivalente a la inteligencia, o al menos una medida definitiva de este constructo. Sin embargo, el CI y la inteligencia no son sinónimos ni deben ser entendidos como tales, a pesar de la estrecha relación entre ambos conceptos.

En este artículo nos centraremos en contestar una pregunta: ¿es el cociente intelectual lo mismo que la inteligencia? Para ello mostraremos varias definiciones de estos dos términos y analizaremos las relaciones y diferencias que existen entre ellos.

¿Qué es la inteligencia?

El término “intelligere” proviene del latín y se puede traducir como la capacidad de entender o percibir. Durante la edad media las palabras “intellectus” e “intelligentia” empezaron a utilizarse de un modo similar al concepto cristiano del alma.

Existen muchas concepciones distintas del constructo “inteligencia”. Aunque cada una de ellas destaca aspectos diferenciados, la mayoría coinciden en que se trata de una aptitud relativamente estable que varía en función del individuo y que se asocia con la resolución de problemas y otras funciones cognitivas de orden superior, así como con la adaptación al entorno.

El diccionario de la Real Academia Española incluye varios factores relevantes en su definición de la inteligencia: la capacidad para comprender y conocer cosas (de modo similar a la palabra latina original), así como para resolver problemas. Además una de las acepciones describe la inteligencia como una habilidad derivada de la experiencia.

Albert Binet, creador de la primera prueba de CI, equiparó la inteligencia con el juicio o el sentido común. David Wechsler, autor de los tests de inteligencia WAIS y WISC, afirmó que es una capacidad global que nos permite lograr metas, pensar de forma racional y afrontar el entorno. Charles Spearman, pionero de la psicometría, también destacó este carácter unitario.

Por contra, el autor de la teoría de las inteligencias múltiples, Howard Gardner, define la inteligencia como un conjunto de habilidades diferenciadas que nos permiten resolver los problemas que surgen a lo largo de nuestra vida y adquirir nuevos conocimientos. Hablaremos de la perspectiva de Gardner y de otros críticos del concepto de CI más adelante.

Definiendo el cociente intelectual (CI)

El cociente intelectual o CI es la puntuación global que se obtiene en diversos instrumentos cuyo objetivo es medir la inteligencia. Su origen es el concepto de “edad mental”, que proviene de la primera escala de inteligencia: la que desarrollaron Binet y Simon para evaluar las necesidades especiales de niños con dificultades de aprendizaje.

El término “cociente intelectual” fue acuñado por William Stern, un psicólogo alemán experto en las diferencias interindividuales. Este autor desarrolló las aportaciones de Binet y Simon: propuso dividir la edad mental entre la cronológica para mejorar la capacidad de discriminación de los tests de inteligencia entre personas de la misma edad. El resultado era el CI.

Posteriormente Lewis Terman revisó el test de Binet-Simon añadiendo el concepto de cociente intelectual propuesto por Stern. Además perfeccionó el modo de calcularlo; al multiplicar por 100 el resultado de la división de la edad mental entre la cronológica se evitaban las fracciones. Por otra parte, Terman popularizó la abreviatura “CI”.

Los tests de inteligencia de Wechsler

En la actualidad, y desde la aparición de los tests de inteligencia de Wechsler en la década de 1950, el CI se obtiene comparando las puntuaciones de un sujeto determinado en la prueba con las de otras personas de su misma edad. Para ello se utilizan puntuaciones normales con una media de 100 y una desviación típica de 15.

Siguiendo esta distribución, dos tercios de la población tienen un CI que se puede considerar normal, es decir, entre 85 y 115 aproximadamente. Las puntuaciones que se sitúan entre 75 y 90 denotan, según Wechsler, una inteligencia límite, mientras que las que se encuentran entre 115 y 130 son ligeramente altas.

Los tests de Wechsler destacan además porque no sólo incluyen el CI total, sino también varios subfactores. Los dos principales son el cociente intelectual verbal y el manipulativo; el primero se mide con pruebas de conocimiento adquirido y de comprensión verbal, y el CI manipulativo tiene que ver con el razonamiento fluido y el procesamiento de información.

La relación entre CI e inteligencia

En la actualidad el CI se utiliza con frecuencia en la evaluación de distintos tipos de personas, como los estudiantes o los aspirantes a ocupar un puesto de trabajo determinado. En este sentido suele usarse principalmente en base a la capacidad predictiva de la inteligencia fluida en el rendimiento académico y profesional.

La correlación más intensa a nivel psicosocial es la que se da entre el CI y las notas durante la educación básica; se calcula que su valor es de aproximadamente 0.50. La capacidad del CI de predecir el rendimiento laboral varía en función del empleo pero tiende a ser más baja que la académica, probablemente a causa de que su efecto está mediado por la educación.

Por otro lado, una crítica muy habitual a los tests de CI es el etnocentrismo: se argumenta que favorecen a quienes se han criado en determinados entornos (por ejemplo en Europa o en Japón) en detrimento de aptitudes intelectuales que son más apreciadas en otras. La inteligencia es un concepto muy amplio, y es difícil evitar el reduccionismo al operacionalizarla.

Múltiples autores, como Sternberg y Gardner, se han opuesto a la concepción unitaria de la inteligencia que se deriva del uso generalizado de los tests de CI. Desde estas perspectivas se defiende una ampliación del concepto “inteligencia” que incluya capacidades relativas a las relaciones interpersonales, la motricidad, la creatividad o el conocimiento de uno mismo.

Lev Vygotsky, teórico clave en la psicología de la educación, enfatizó el carácter dinámico de las habilidades intelectuales, dando pie a una serie de intervenciones que evalúan el progreso en medidas similares a las de CI de forma repetida a medida que se entrenan las capacidades correspondientes. Esto contrasta con la idea de la inteligencia como factor estable.

Conviene entender el cociente intelectual como una medida fragmentaria de la inteligencia que se focaliza en algunos dominios, como el lenguaje o el razonamiento espacial, mientras deja de lado otros también relevantes para la vida cotidiana. Asimismo, es importante tener en cuenta que la inteligencia puede ser más modificable de lo que pensamos.