Esta parafilia puede limitar mucho la sexualidad. Unsplash.

La sexualidad humana es muy variada, siendo múltiples los estímulos que a diferentes personas les pueden parecer sexualmente apetecibles. Desde las relaciones sexuales más tradicionales pasando por el uso de indumentarias concretas, fantasías y juegos de roles o prácticas BDSM, todas ellas son practicables y pueden producir diferentes grados de placer para aquellos que las realizan.

Sin embargo, también existen prácticas que causan dolor o malestar a la persona o que pueden convertirse en compulsivas, limitando la funcionalidad de la persona que las lleva a cabo, e incluso en algunos casos se podría llegar a incurrir en delito como cuando se llevan a cabo prácticas no consentidas (no incluyendo necesariamente el coito) o con personas o entes sin capacidad para poder consentir (como niños, animales y cadáveres).

Estamos hablando de las parafilias. Entre ellas hay algunas realmente peligrosas, ilegales y delictivas, mientras que otras si bien no generan sufrimiento a los demás y no incurren en delito pueden generar malestar a quien la padece debido a la consideración que le supone aquello que le atrae sexualmente o a la extrema fijación con dicha estimulación. Una de estas últimas es la urofilia, de la que vamos a hablar a lo largo de este artículo.

La urofilia como parafilia

La urofilia es uno de los múltiples trastornos parafílicos que existen, alteraciones antiguamente denominadas trastornos de la inclinación sexual o de la elección del objeto de deseo que se caracterizan por la presencia de fantasías sexuales y/o comportamientos sexuales que tienen como protagonistas objetos de deseo poco habituales, generalmente seres vivos no consintientes o sin capacidad de consentir o el hecho de proporcionar o recibir dolor y humillación.

Para que sea considerada como tal estas fantasías deben ser continuadas y existentes durante al menos seis meses y generar sufrimiento, malestar o limitaciones funcionales a la personas que las padece o bien a sus parejas sexuales. Asimismo el objeto de deseo suele ser muy restringido, a veces siendo lo único que genera algún tipo de estimulación sexual para el sujeto o un requisito para lograr el orgasmo o la excitación sexual.

En el caso que nos ocupa, el de la urofilia, estamos ante una parafilia en que el objeto de deseo o el motivante de la fantasía y activación sexual es la orina o el hecho de orinar. Tocar, ver, escuchar o oler a alguien orinando o el líquido en sí resulta gratificante para estos sujetos (urolangia). Generalmente los sujetos con hemofilia sienten atracción ante la idea de orinar encima de su pareja o en que la pareja orine encima suyo (pudiendo tener el propio sujeto un papel pasivo o activo en la micción). También es posible que resulte excitante la idea de ingerir el fluido (urofagia).

Aunque socialmente poco aceptadas, las prácticas sexuales vinculadas a la urofilia no suelen generar gran peligro para las personas que las realizan. Sin embargo, hay que tener en cuenta sin embargo la existencia de cierto peligro en este tipo de prácticas en lo que se refiere al contagio de infecciones bacterianas.

A pesar de que la urofilia no es muy habitual como parafilia, es tenida en cuenta como alteración o trastorno. Concretamente la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales recoge la urofilia dentro de la clasificación de “otros trastornos parafílicos específicos”.

Diferenciación con prácticas escatológicas

Ante esta definición de la urofilia es probable que muchas personas puedan considerar que el hecho de mantener prácticas sexuales en las que orinar encima del otro o jugar con orina implique por tanto una alteración o psicopatología. Pero resulta necesario aclarar que esto no es así.

Esta aclaración es muy necesaria, dado que existen prácticas sexuales como las escatológicas que si bien no son socialmente bien vistas o aceptadas no implican patología. Al igual que ocurre con otras prácticas sexuales poco habituales, la conocida como lluvia dorada no es más que una forma de obtener gratificación sexual a través de una experiencia concreta o simplemente de experimentar.

Dicho de otro modo, el hecho de excitarse en un contexto en que participe la orina no implica la presencia de urofilia como parafilia. Sólo consideraremos que estamos ante una patología cuando esta práctica suponga el único medio para obtener gratificación sexual, limite la vida del sujeto y/o le genere malestar y sufrimiento.

Causas

Las causas que generan la urofilia son desconocidas, si bien existen diversas interpretaciones al respecto. Al igual que ocurre con otras parafilias se considera que la urofilia puede tener su origen en el aprendizaje por condicionamiento, habiéndose asociado casualmente la excitación sexual con el hecho de orinar y posteriormente habiéndose fortalecido dicha asociación con prácticas como la masturbación.

Esta explicación puede tener cierto sentido especialmente si tenemos en cuenta que las vías genitales y urinarias están muy próximas en la mujer mientras que en el hombre tanto semen como orina pasan por la uretra, pudiendo asociarse la excitación sexual con las sensaciones producidas al orinar.

Otra explicación posible tiene que ver con la asociación que se hace de la orina como elemento de poder. En la naturaleza, la orina es empleada en gran cantidad de animales como un elemento que permite señalar la propiedad de un territorio. La excitación sexual ante prácticas de tipo urofílico podría estar vinculada a este hecho, siendo un juego de poder o sumisión. En este sentido, existen autores que vinculan la urofilia con el sadomasoquismo.

Tratamiento de esta parafilia

Cuando estamos hablando de urofilia propiamente hablando, es decir la situación en que la excitación sexual es restringida a estas prácticas y su realización genera malestar, sufrimiento o limitaciones a sí mismo o a otros, puede hacerse necesaria la intervención psicológica.

Lo primero sería averiguar el nivel de afectación que supone para la persona implicada, que aspectos limita y qué pensamientos o sentimientos le genera su objeto de deseo. Hay que valorar dónde puede estar su origen y qué significado tiene para el sujeto la orina en la vinculación sexual.

Además de ello será necesario trabajar en la medida de lo posible sobre posibles problemas de pareja y sexuales que puedan existir de manera comórbida o que puedan relacionarse con la génesis de la parafilia. Se trabajará el desarrollo de vínculos positivos y puede buscarse el análisis y modificación de fantasías: recuperar las fantasías del sujeto y valorar qué parte de ellas le resultan excitantes, así como el motivo de ello. Localizado dicho aspecto, se indica al sujeto que vaya introduciendo alteraciones en dichas fantasías en el momento de masturbarse.

Otra técnica que puede emplearse es el recondicionamiento masturbatorio, en que se indica al paciente que se masturbe en múltiples ocasiones y tras ello (especialmente en el periodo refractario) describa los elementos que le generan deseo sexual. Se buscaría en este caso hacer que la orina no se asociara a la excitación sexual.

Pero estos dos ejemplos son técnicas que únicamente tendrían sentido si la urofilia genera sufrimiento en el paciente o le limita a él o a su pareja. En este último sentido también puede ser más que recomendable acudir a terapia de pareja y sexual de cara a buscar una solución. Asimismo es posible que una persona descubra que prácticas como la lluvia dorada simplemente le gustan y por algún motivo o por presión social se bloquee o inhiba, pudiendo trabajarse la reestructuración cognitiva para no verse a sí misma como trastornado o extraño.