Joe Sampouw

Un dolor de cabeza es visto como signo evidente de la presencia de un tumor cerebral. Una conjuntivitis probablemente esté indicando la incubación de una fiebre hemorrágica. La aparición de un moratón indica claramente que se padecen lesiones internas debido a una enfermedad. Una molestia en el brazo implica que estamos sufriendo con seguridad un infarto.

Si bien en algunos casos la asociación entre los síntomas y enfermedades que he nombrado es correcta, una gran parte de la población no se alarma cuando ocurre un síntoma en concreto: a casi las personas alguna vez les ha ha dolido la cabeza, han tenido los ojos inyectados en sangre, moratones o molestias y en general no es debido al padecimiento de las anteriores enfermedades.

Sin embargo, existen personas que experimentan un elevado nivel de ansiedad al notar alteraciones que generalmente son considerados leves y están convencidos de estar sufriendo una enfermedad grave. Se trata de personas que padecen hipocondría.

¿Qué es la hipocondría?

Se entiende por hipocondría, actualmente denominada trastorno de ansiedad por enfermedad en el DSM-5, aquel trastorno caracterizado por la presencia de un elevado nivel de miedo, preocupación y ansiedad ante la creencia o el convencimiento de estar padeciendo una enfermedad médica grave, o bien por la posibilidad de estar contrayéndola. 

Esta creencia proviene de la percepción de pequeñas alteraciones o sensaciones que se interpretan como signos inequívocos de trastornos graves. En ocasiones aparece después de que la propia persona o alguien de su entorno haya sufrido una enfermedad larga, dolorosa o que haya concluido con la muerte del enfermo.

Lo que ocurre en la mente del hipocondríaco

En los casos en que hay una convicción de enfermedad, en general las personas con este trastorno buscan ayuda médica con el fin de localizar y diagnosticar el supuesto problema, y es frecuente que ante la presencia de pruebas que muestren su buen estado de salud las explicaciones no les satisfagan o lo hagan solo temporalmente y demanden la realización de nuevas pruebas o busquen a otros profesionales que les confirmen sus temores. Sin embargo existen algunas personas con este trastorno que optan por evitar acudir al médico debido al miedo a ser diagnosticado, a pesar de sufrir una ansiedad muy elevada y estar convencidos de estar enfermos.

El elevado nivel de ansiedad con respecto a su salud que llegan a padecer estas personas hace que estén continuamente focalizados en la existencia de posibles síntomas, así como de que realicen o dejen de realizar conductas con el fin de comprobar su estado de salud.

El diagnóstico de la hipocondría supone que estos síntomas se dan a lo largo de al menos seis meses, si bien la enfermedad que se cree tener puede ir variando. Esta preocupación no debe ser confundida ni debe deberse a la existencia de otro trastorno mental tal como pueden ser el TOC o trastornos de tipo somático (si bien en algunos casos la elevada ansiedad puede llegar a provocar un trastorno psicosomático). Se trata de un trastorno que puede ser muy invalidante y provocar un elevado nivel de disfunción en diferentes dominios vitales (tanto a nivel personal como laboral o académico).

Causas del trastorno

El trastorno de ansiedad por enfermedad o hipocondría es conocido desde la antigüedad, hallándose información de este incluso en la Grecia clásica. A lo largo de la historia se han intentado establecer diferentes explicaciones respecto a su etiología. A nivel psicológico podemos encontrar que varias escuelas y corrientes de pensamiento han ido formulando sus propias explicaciones.

Desde el modelo psicodinámico a menudo se ha vinculado la hipocondría como una expresión de conflictos internos con origen en la desconfianza hacia el propio cuerpo nacida en la infancia, con una transformación de la hostilidad hacia los demás que se redirige hacia uno mismo o de la necesidad de dependencia o bien como intento de la psique de responder y defenderse de la culpa o baja autoestima. Sin embargo, esta explicación no se encuentra validada científicamente.

Desde un enfoque psicosocial se ve como un patrón de comportamiento aprendido que se adquiere ante la observación de que puede provocar beneficios. Se propone que el hipocondríaco puede ser una persona insegura que utiliza la idea de estar enfermo como mecanismo inconsciente para llamar la atención de su entorno. Es importante remarcar el hecho de que sea inconsciente e involuntaria.

Sin embargo, uno de los modelos explicativos que mayor consideración ha recibido es el propuesto por Warwick y Salkovskis, los cuales consideraban que en la etiología de la hipocondría pueden encontrarse en primer lugar experiencias previas nocivas con respecto a la salud y la enfermedad (como la muerte de un ser querido debido a una) que provocan que aparezca la creencia de que el síntoma implica siempre algo muy negativo, 

Estas creencias se activan tras un acontecimiento desencadenante y hace que aparezcan pensamientos automáticos de tipo negativo que a su vez generan la ansiedad. Dicha ansiedad se verá potenciada por la realización de conductas concretas y el aumento de activación en diversos niveles.

Tratamiento de la hipocondría

El tratamiento de la hipocondría puede revestir cierta complicación debido a que por norma general el sujeto tiende a mantener la creencia de que le ocurre algo físico. De cara a tratar la hipocondría, primero es necesario descartar que no haya ninguna patología real y una vez descartada es necesario que se establezca un buen rapport entre terapeuta y paciente. Inicialmente se suele tratar en primer lugar la sintomatología de tipo ansioso para luego pasar a aquellos aspectos más profundos que origen y/o mantienen la preocupación.

Intervención psicoterapéutica

En el tratamiento se emplea la psicoterapia con técnicas por lo general de tipo cognitivo-conductual. El tratamiento en cuestión se basa en primer lugar en ayudar al sujeto a detectar las creencias respecto a su estado de salud y cómo estas afectan a su vida, para posteriormente plantearle la alternativa de que pueda estar tratándose de un problema relacionado a la ansiedad y enseñarle un modelo explicativo del fenómeno (generalmente el de Warwick y Salkovskis).

Tras ello se empieza a trabajar sobre las diferentes actividades que el sujeto realiza como comprobación de su estado, y se propone de manera conjunta realizar diferentes experimentos que contrarien las creencias del individuo. Se establece un compromiso con el paciente de manera que este se compromete a no realizar determinadas actividades comprobatorias, para posteriormente indicarle que realice un pequeño registro en el que cuando le surja la ansiedad anote datos a favor y en contra de sus sospechas de cara a que pueda cuestionarlas

Posteriormente se le va ayudando a hacer una exposición en imaginación o incluso una inundación respecto a la idea de enfermar o padecer la enfermedad en cuestión. Se debe trabajar también la autofocalización, mostrando la importancia que esta tiene en la exacerbación de su malestar y proponiendo actividades que permitan variar el foco atencional. 

La reestructuración cognitiva es también de gran utilidad para combatir las creencias disfuncionales. Es importante incorporar en cualquier programa aplicado contra la hipocondría elementos que tengan muy en cuenta la prevención de recaídas. También es de utilidad formar al entorno de cara a que no potencien la sintomatología.

Tratamiento farmacológico

No existe un tratamiento farmacologico específico para este tipo de problema, si bien en ocasiones se usan ansiolíticos y antidepresivos para paliar el malestar del sujeto.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Avia, M.D. (1993). Hipocondría. Ediciones Martínez Roca S.A., Barcelona.
  • Santos, J.L. ; García, L.I. ; Calderón, M.A. ; Sanz, L.J.; de los Ríos, P.; Izquierdo, S.; Román, P.; Hernangómez, L.; Navas, E.; Ladrón, A y Álvarez-Cienfuegos, L. (2012). Psicología Clínica. Manual CEDE de Preparación PIR, 02. CEDE. Madrid.