La consciencia es un fenómeno psicológico extraño. Por un lado, aparece siempre de la mano de la percepción de lo que nos rodea: cuando estamos conscientes, siempre tenemos constancia de que más allá de nuestro cuerpo hay algo: formas, colores, sonidos, texturas, o simplemente gravedad.

Sin embargo, estas percepciones no tienen por qué ser verdaderas y, de hecho, casi nunca lo son, en mayor o menor medida. Afortunadamente, tan solo en algunos casos este grado de distorsión de la realidad llega a ser tan intenso que resulta una señal de patología mental.

A continuación veremos cuáles son las diferencias entre alucinación, alucinosis y pseudoalucinación, tres tipos de rupturas con la realidad que pueden llegar a ser confundidos por su parecido superficial.

Diferencias entre alucinación, alucinosis y pseudoalucinación

Para comprender cómo deben ser distinguidos estos tres tipos de síntomas, primero repasaremos en qué consiste exactamente cada una de ellas.

¿Qué son las alucinaciones?

Una alucinación es una percepción que no ha sido provocada por un elemento real y que es atribuida al medio externo a uno mismo. Por ejemplo, alguien que escucha voces alucinadas es incapaz de distinguir entre estas y el resto de ruidos que vienen del entorno, simplemente es incapaz de localizar a quien las emite.

A la vez, las alucinaciones se caracterizan también por la anosognosia, el hecho de ignorar que lo que se experimenta es un síntoma de trastorno mental o enfermedad.

Por otro lado, aunque la mayoría de las alucinaciones son de tipo auditivo, estas pueden presentarse en cualquier modalidad sensorial: visual, táctil, etc.

Las pseudoalucinaciones

En el caso de las pseudoalucinaciones, estas percepciones también son básicamente imaginarias y no provienen de un elemento real. Sin embargo, en este caso la persona que las experimenta sí es capaz de distinguir entre las percepciones que vienen del medio exterior y las pseudoalucinaciones, que atribuye a una fuente situada en “su mente”. 

Si el paciente que experimenta alucinaciones asegura oír voces que son de la misma naturaleza que la del doctor o doctora que lo entrevista, el que sufre presenta pseudoalucinaciones responde afirmativamente y sin dudar a la pregunta: "¿escucha voces que vienen de su cabeza?".

Por otro lado, en la pseudoalucinación, a pesar de que la persona reconoce que las voces, imágenes o experiencias táctiles no son producidas por fenómenos externos y por consiguiente objetivos (detectables por cualquier persona que se encuentre cerca), considera que lo que ocurre no indica la presencia de ningún trastorno mental. Eso hace que muchas veces no se busque ayuda.

¿Qué es la alucinosis?

La alucinosis se parece a la alucinación y la pseudoalucinación en que en estos tres casos la experiencia no está producida directamente por algo que exista realmente y que tenga la apariencia que parece indicar esa “aparición”. Sin embargo, la alucinación se distingue de las otras dos en varios aspectos.

En primer lugar, la alucinosis se distingue de la alucinación en que la persona sabe que la experiencia no viene del exterior, no está producida por un fenómeno objetivo: es un producto que tan solo se manifiesta en su consciencia y que no puede ser percibido por los demás.

En segundo lugar, la alucinosis se distingue de la pseudoalucinación en que no hay anosognosia. Hay una consciencia real de que lo que ocurre no es normal y que se trata de un síntoma lo suficientemente grave como para pedir ayuda.

¿Qué tipo de enfermedades las producen?

Tanto las alucinaciones como las pseudoalucinaciones acostumbran a estar vinculadas más bien a trastornos psiquiátricos, mientras que la alucinosis se da en trastornos neurológicos.

Esto es así porque en las dos primeras el grado de afectación del sistema nervioso es tan general que afecta de forma global a toda la consciencia y al pensamiento abstracto. El hecho de que una persona no vea desde el primer momento una señal de alerta ver, por ejemplo, un dragón de 10 metros flotando en el aire, es en sí un síntoma de patología. Lo mismo ocurre cuando no levanta ninguna sospecha sobre salud mental si durante días se escucha una voz y nunca se puede localizar a quien la emite.

El la alucinosis, en cambio, el grado de afectación de la enfermedad no es tan general como en la alucinación y la pseudoalucinación, y se focaliza en zonas concretas del cerebro, dejando relativamente al margen a las otras. Esto hace que la alucinosis sea relativamente más frecuente sobre todo en patologías producto del uso de sustancias psicoactivas, por ejemplo.

¿Es correcto usar estos conceptos en salud mental?

Existen críticas acerca del uso del término “pseudoalucinación”, dado que tiene connotaciones que pueden llevara estigmatizar a los pacientes que sufren esta condición.

El nombre sugiere que la persona se inventa los sucesos que describe y que dice haber experimentado, algo que como hemos visto no se corresponde con la realidad: si bien no hay un estímulo tal y como la persona lo percibe, este fenómeno no es una invención voluntaria, algo que se use solo para acceder a ciertas atenciones especiales por parte del sistema de sanidad, por ejemplo.

Es por eso que hay motivos para utilizar simplemente el término alucinación” para estos casos. Aunque parezca mentira, en psiquiatría y en psicología clínica las apariencias pueden llegar a importar mucho, especialmente cuando afectan a la calidad de vida de pacientes.