El 26 de abril de 2008, una mujer llamada Elisabeth llegaba a un hospital de Austria para visitar a su hija de diecinueve años de edad, la cual había sufrido un fallo multiorgánico.

Ante su evidente estado de nerviosismo fue interrogada por médicos del hospital, momento en el la mujer declaró haber pasado los últimos veinticuatro años encerrada en el sótano de su padre, el cual la había violado repetidamente durante este tiempo y con el que había concebido hasta siete hijos (incluyendo a la hija hospitalizada). Se trata de la historia del caso del monstruo de Amstetten.

Breve resumen del caso de Anstetten

La historia de este caso da inicio en agosto de 1984. En ese momento Elisabeth Fritzl, una mujer de dieciocho años de edad, fue drogada y encerrada en un zulo por su padre, Josef Fritzl. El zulo en cuestión se hallaba en sótano de la vivienda familiar, habiendo sido construido con premeditación años antes por el progenitor de la joven.

La joven Elisabeth permaneció durante meses atada, siendo violada con frecuencia por su propio padre. Fue forzada a escribir una nota en la que comunicaba que abandonaba la casa por su propia voluntad y que estaba en buen estado de salud (haciendo ver que se había unido a una secta), de cara a justificar su ausencia ante su madre y ante el resto de la sociedad.

El encierro se prolongó durante años, en los que el que posteriormente sería denominado “monstruo de Amstetten” abusó de manera continuada de su hija llegando a tener hasta un total de siete hijos con ella (de los cuales uno moriría debido a su negativa a que recibiera asistencia médica) de los cuales tres permanecieron junto a su madre y frecuentemente serían utilizados para coaccionar a la mujer a acceder a mantener relaciones.

Ninguno de los encerrados vería la luz del sol durante todos esos años (en el caso de los tres hijos que permanecieron junto a la madre, no llegaron a hacerlo hasta ser liberados), permaneciendo en condiciones de privación y sufriendo abusos verbales y físicos. No sería hasta que la hija mayor de Elisabeth y su padre, Kerstin, cayó gravemente enferma cuando sería llevada al hospital. Ese momento que terminaría por hacer que el caso saliera a la luz y se liberase a la mujer y a los niños, veinticuatro años después de que Elisabeth fuera encerrada.

Las motivaciones de Josef Fritzl

Las declaraciones del monstruo de Amstetten y de los psicólogos que atendieron el caso indican que las principales motivaciones del sujeto para cometer este acto se basan en el deseo de poder. Elisabeth era la más rebelde de sus hijos, lo que hizo que la escogiese como objeto de deseo.

El sujeto empleaba la violencia sexual como elemento para dominar a la joven y tenerla sometida. Además de ello, el uso de abusos psíquicos y físicos tanto sobre ella como sobre los hijos y de la coacción para forzarla a hacer su voluntad, así como la situación de dependencia a la que la sometía (era él quien los proveía de alimentos y en alguna ocasión amenazó a su hija con dejar de hacerlo) reflejan dicho interés en lograr el sometimiento de la mujer. Otro aspecto que deja ver que una de las principales motivaciones del sujeto era el poder se encuentra en las declaraciones del propio individuo, el cual menciona que deseaba tener hijos con Elisabeth como mecanismo para dominarla y hacerla menos atractiva para otros varones.

Josef Fritzl vincula sus actos, de los cuales no se arrepiente, a la vivencia de una relación abusiva por parte de su madre, la cual le maltrataba física y mentalmente, y a la época en la que nació (correspondiente a la Segunda Guerra Mundial y al nazismo). Según los expertos que le analizaron, ello podría haber causado un odio hacia la figura de su progenitora que acabaría desembocando en la voluntad de dominación hacia la mujer y una notable falta de empatía.

Los hijos de Elisabeth

A lo largo de los veinticuatro años que vivió encerrada en el sótano las repetidas violaciones a las que su padre la sometía tuvieron como resultado que durante su cautiverio, Elisabeth diera a luz a un total de siete hijos.

Tres de ellos permanecieron toda su vida junto a su madre, en el sótano, sin tener contacto con el exterior más allá de lo que les explicaba su madre y su padre-abuelo al respecto. Uno de ellos, Michael, murió tres días después de nacer sin que recibiera asistencia médica (motivo por el cual entre los cargos de Josef Fritzl se encuentra el de asesinato). Su cadáver fue incinerado en la caldera por el monstruo de Amstetten. Los otros tres fueron llevados a la superficie, donde serían adoptados legalmente por los progenitores de Elisabeth.

El motivo de que algunos fueran llevados al exterior y otros no fue, según el propio Fritzl, que los que vivieron en la superficie eran los que más lloraban y peor se adaptaban a la vida en el sótano.

Puede extrañar que la adopción de los niños no despertara la sospecha de vecinos y familiares, e incluso de la propia madre de Elisabeth. Sin embargo, el monstruo de Amstetten había preparado la situación de manera que cuando aparecieron los niños, estos llegaran al hogar de tal con una carta en que se simulaba que se trataba de hijos que Elisabeth había tenido de relaciones esporádicas y de los que no podía hacerse cargo.

El papel de la esposa de Fritzl

Rosemarie, la madre de Elisabeth y entonces esposa de Josef Fritzl, fue durante un tiempo investigada por la policía ante la posibilidad de que estuviera en connivencia con su marido y conociese la situación de su hija. Sin embargo, al parecer ignoraba dónde estaba su hijo y lo que había ocurrido con ella.

Cuando encerró a su hija, Josef Fritzl había obligado a Elisabeth a escribir una carta en la cual manifestara que se marchaba del hogar por su propia voluntad y que estaba a salvo. Además hacía hincapié en que no fuera buscada. En lo que respecta a sus nietos, habían ido llegando al hogar como hijos a los que Elisabeth no podía mantener y a los cuales ella les pedía que criaran.

Desde que se destapó el caso Rosemarie no ha vuelto a comunicarse con su marido ni le ha visitado nunca en prisión, estando en la actualidad divorciada de él. Hoy en día realiza visitas periódicas a su hija y nietos.

Dictamen psicológico

Las características del caso podrían hacer pensar que estamos ante conductas relacionadas con algún tipo de desorden mental. Es necesario tener en cuenta que en ocasiones determinados crímenes pueden llegar a realizarse en estados de alteración de conciencia en la que el sujeto no es consciente de sus actos debido a alguna enfermedad, como la esquizofrenia. Ello requeriría de internamiento psiquiátrico, pero dependiendo de la situación podría llegar a ser no imputable penalmente.

De cara a determinar el estado y facultades mentales del sujeto, Fritzl fue sometido a diversas sesiones con una psiquiatra. El resultado de dicho examen refleja que el monstruo de Amstetten no padece ningún tipo de patología mental que nuble su capacidad de juicio, siendo totalmente imputable y consciente de sus actos y las implicaciones de estos.

Pero a pesar de ello, si se le observaron falta de empatía y vinculación emocional, así como tendencias sexuales sádicas. Todo ello, junto al conjunto de actos y declaraciones protagonizadas por el propio individuo (el mismo declaró que nació para violar), hace pensar en la existencia de una psicopatía o sociopatía.

Juicio y condena

El caso del monstruo de Amstetten fue llevado a lo largo de marzo del año 2009. Durante el juicio, Josef Fritzl fue acusado de los cargos de secuestro, violación, incesto y esclavitud, así como de asesinato en relación a la muerte de uno de sus hijos con Elisabeth, Michael.

Inicialmente el acusado rechazaría los dos últimos cargos, pero terminaría reconociéndolos.

El veredicto final del jurado fue de culpabilidad en todos los cargos, condenando al sujeto a cadena perpetua en un centro psiquiátrico.

Otros delitos

El encierro y violación sistemática de su hija durante veinticuatro años no fue el único crimen cometido por Josef Fritzl. El denominado monstruo de Amstetten había sido acusado e incluso encarcelado por cargos de violación en los sesenta y durante su juventud.

Además de ello, también mantuvo encerrada a su propia madre durante sus últimos años de vida, haciéndola prisionera y llegando a tapiar las ventanas para que no volviera a ver la luz del sol.

Actualidad

En la actualidad Josef Fritzl cumple condena en una prisión de Stein, al parecer comenzando a manifestar un deterioro cognitivo que hace pensar en el inicio de una demencia.

En lo que respecta a Elisabeth y sus hijos, a lo largo de los años han ido evolucionando positivamente. Si bien siguen en tratamiento psiquiátrico, poco a poco los hijos de la mujer (con edades comprendidas entre los veinticuatro y los diez años) se van adaptando a su nueva vida y afortunadamente sin grandes interferencias por parte de los medios.

En el caso de Elisabeth, su recuperación es tal que se ha planteado que las visitas al psiquiatra se vayan espaciando, y aparentemente podría estar empezando a vincularse emocionalmente con uno de sus guardaespaldas.