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La idea de acceder no solo al control de las personas sino también al de las informaciones que podrían estar ocultando resulta tan atractiva que el concepto de "suero de la verdad" se ha convertido en algo muy popular y conocido

Ha sido presentado como un líquido cuyo potencial para alcanzar fines perversos es difícil de imaginar del todo, y con unos efectos tan simples como su método de uso: se consigue que alguien lo beba y, poco después, se inicia un interrogatorio en el que lo que escucharemos se corresponderá totalmente con lo que el interrogado cree saber de forma fiable. La opción de mentir habrá desaparecido.

Las representaciones del suero de la verdad parecen de forma idealizada en obras de ficción como Harry Potter (bajo en nombre de Veritaserum), pero en la vida real también ha sido una sustancia utilizada, especialmente por servicios de inteligencia, en su variante de pentotal sódico. Ahora bien, ¿realmente funcionan esta clase de sustancias?

La historia del suero de la verdad

A principios del siglo XX, trascendió la noticia de que la escopolamina, también conocida como burundanga, una sustancia que se llegó a administrar a mujeres para que soportasen mejor los dolores del parto, hacía que estas se volviesen mucho más desinhibidas y que empezasen a hablar sobre detalles íntimos de sus vidas con personas que no conocían.

A falta de una psicología cognitivista y de una perspectiva científica basada en las neurociencias, fue el psicoanálisis, el paradigma dominante en aquella época a la hora de hablar sobre procesos mentales, el encargado de ofrecer una explicación sobre cómo funcionaba este suero de la verdad.

Recurriendo a las estructuras yoicas de la psique, se propuso que ciertas sustancias, al entrar en el organismo, hacían que el Yo quedase neutralizado y que por consiguiente no pudiese reprimir las fuerzas provenientes del Ello, de modo que ni la moral ni las expectativas de no "meterse en problemas" suponían una barrera para que buena parte de los pensamientos más íntimos de la persona emergiesen a la superficie.

Fue más adelante, cuando se empezó a conocer cómo actúan los psicofármacos, cuando se empezó a intuir cuál es el mecanismo de funcionamiento de los sueros de la verdad... y por qué son ineficaces.

Entrando en el sistema nervioso

Básicamente, sueros de la verdad como el pentotal sódico son depresores del sistema nervioso central. Esto significa que, por su composición química, hacen que varias partes del cerebro estén menos activadas y, por consiguiente, los procesos ejecutivos relacionados con el modo en el que controlamos a dónde va nuestro foco de atención y qué clase de acciones debemos evitar quedan relajados, como si bajasen la guardia.

Eso significa que virtualmente no existen diferencias significativas entre, por ejemplo, el pentotal sódico y cualquier otro fármaco hipnótico, en el sentido de que su efecto característico es la somnolencia, la sedación y los estados alterados de consciencia

Visto así, tiene sentido que produzca desinhibición en el contenido de lo que se dice, porque con esa sustancia circulando por el cerebro resulta prácticamente imposible tener en cuenta qué clase de cosas no son apropiadas en un contexto determinado, las redes de neuronas que trabajan conjuntamente creando nuestros pensamientos están tan adormecidas que no pueden realizar varias acciones complejas a la vez, como la evocación de una idea y al mismo tiempo la necesidad de no decirla.

El pentotal sódico y las confesiones verdaderas

Pero lo que teóricamente caracteriza al suero de la verdad no es simplemente la desinhibición, sino lo cierto del contenido de lo que se dice. En ese sentido, tanto el pentotal sódico como el resto de barbitúricos similares fracasan estrepitosamente.

¿Por qué? Entre otras cosas porque un suero de la verdad no deja de ser un psicofármaco, y como no es una entidad inteligente; simplemente, circula por nuestro organismo acoplándose allí donde sus características químicas se lo permiten y pasando de largo (o transformándose en otros componentes) en el resto de casos.

Eso significa que no tiene ningún modo de detectar procesos neuroquímicos relacionados específicamente con la verdad, simplemente "encaja" en ciertas ranuras, para bien o para mal. Es por eso también que el pentotal sódico, como cualquier fármaco, no solo produce el efecto esperado que trata de conseguir el médico o el militar que lo está suministrando, sino que también genera varios efectos secundarios de mayor o menor intensidad.

En el caso del pentotal, esta sustancia queda acoplada a varios receptores de un neurotransmisor llamado GABA, que es depresor de la actividad cerebral, y actúa imitándolo, lo cual significa que refuerza los efectos de una sustancia que ya está presente en nuestro cuerpo. La consecuencia de esto es que se entra en un estado de somnolencia en el que "todo da igual" y en el que factores como las normas sociales y la preocupación por la imagen que se está dando pierden buena parte de su importancia.

Los interrogatorios más absurdos

En conclusión, el uso del suero de la verdad, además de ser poco ético como tal, como máximo puede servir para hacer que el interrogado empiece a hablar de forma inconsistente, sin prestar atención a si lo que dice es cierto o no.

Puede que se relajen las defensas que separan sus pensamientos y lo que dice, pero también será cierto que la calidad de sus pensamientos, en cuanto a la relación con la realidad de estos, habrá caído en picado.