Las fechas navideñas, especialmente Nochevieja, son en principio momentos de alegría, expresión de afectos y reconciliaciones. Durante décadas esta ha sido la idea de Navidad que hemos ido creando entre todos en gran parte de los países occidentales cuyas raíces están ligadas al cristianismo, y lo cierto es que, creyentes o no, son muchas las personas que aprecian estas fechas justamente por los valores que representa.

Sin embargo, hay algunas personas que tienen dificultades para experimentar estos días manteniendo un buen estado de ánimo. Muchas de estos casos se deben al síndrome de la silla vacía.

¿Qué es el síndrome de la silla vacía?

El síndrome de la silla vacía es el sentimiento de pérdida generado por lo que se percibe como una ausencia significativa, algo que además cobra una especial intensidad en un ambiente que se supone que debería ser alegre y festivo, como una cena. Es por eso que este concepto va ligado a la idea de duelo psicológico.

Una ausencia notoria en la mesa puede desencadenar un proceso de duelo psicológico aún cuando la persona que falta no ha muerto. Esto es así porque, en el síndrome de la silla vacía, la palabra clave no es “muerte”, sino “soledad”.

La silla vacía es un testimonio silencioso de que existe un vacío en la mesa que hace que estemos un poco más aislados del resto de las personas que antes. A los sentimientos de tristeza, malestar (y, ocasionalmente, de culpa) que esto provoca, se le pueden sumar los que origina la muerte de la persona que no se sienta a comer con nosotros, pero este factor puede no darse siempre y por lo tanto no condiciona la aparición o no del síndrome de la silla vacía.

Es por eso que, cuando hablamos sobre este tipo de duelo, cabe tener en cuenta que los sentimientos más frecuentes son los asociados al aislamiento y la soledad.

¿Qué papel tiene la navidad en esto?

La navidad puede llegar a ser un factor importante en la aparición del síndrome de la silla vacía, ya que en estas fechas cobran suma importancia los lazos informales de apego entre personas con fuerte relación entre ellas (incluso entre aquellas que no suelen estar en contacto habitualmente). En Nochevieja, específicamente, se enfatiza la apreciación de los momentos compartidos por personas que se quieren o sienten cariño las unas por las otras.

Esto, que en principio es algo positivo, puede tener la contrapartida de acentuar las ausencias durante este periodo. Además, el contraste que puede verse entre la ausencia de las personas significativas y la escenificación típica de la navidad en la que todas las familias se reúnen al completo puede generar una sensación de “anormalidad” y desgracia cuyos desencadenantes no pueden ser explicados del todo, o bien sitúan el origen de la ausencia en hechos de los que nos sentimos culpables.

Recomendaciones para combatir el síndrome de la silla vacía

Lo cierto es que no hay una receta definitiva y universal para afrontar el síndrome de la silla vacía, ya que los procesos de duelo de cada persona son únicos. 

Sin embargo, sí existen algunas recomendaciones generales para combatir los estados anímicos que generan fuerte malestar y que acostumbran a funcionar en gran cantidad de casos. Aquí van algunas de estas indicaciones esenciales para gestionar este tipo de duelo.

  • No aislarse ni permanecer todo el rato en silencio: interactuar con las demás personas que comparten mesa y realizar aportaciones a la conversación, incluso si esto no apetece.
  • Reinterpretar la manera de percibir el espacio físico que antes ocupaban en la mesa las personas ausentes, de manera que una silla vacía no sea sinónimo de pérdida y tristeza. Esta es una de las mejores formas de construir resiliencia.
  • El síndrome de la silla vacía tiene un fuerte componente simbólico, siendo el más habitual la propia silla vacía. Es por eso que es posible darle la vuelta a la situación utilizando formas simbólicas alternativas para recordar al ser querido ausente de manera que no se genere un dolor y una tristeza difíciles de gestionar.
  • Evitar el uso de sustancias para abstraerse de los recuerdos que generan tristeza y malestar, y utilizar fármacos sólo en la medida en la que los recete un médico. Este punto es de suma importancia para que el duelo se cronifique y que no se transforme en serios problemas en muchos aspectos de la vida.
  • En caso necesario, acudir empezar terapia psicológica para identificar necesidades concretas y facilitar la realización de los pasos descritos anteriormente.

Una reflexión final

Es importante tener en cuenta, además, que si bien las navidades son unas fechas ligadas al cariño, el amor y la camaradería, este no tiene por qué estar limitado a la familia. Muchas de las ausencias en Nochevieja son irremediables, pero también es prácticamente imposible que a lo largo de nuestra vida no nos crucemos con personas con las que es posible sentir un fuerte apego y una amistad fraternal. El síndrome de la silla vacía puede ser muy difícil de superar si entendemos que las únicas presencias válidas son las de un grupo que puede ir perdiendo integrantes con el paso del tiempo, pero no ganarlos.

Es por eso que merece la pena replantearse el esquema tradicional de cena de Nochevieja como algo en lo que sólo importan los lazos de sangre, un modelo en el que las ausencias pesan mucho más si no hay relevo generacional y en el que, por lo tanto, que haya más o menos personas en la mesa depende del número de parejas y nacimientos.

Gestionar el duelo y la pérdida en navidad es también reflexionar sobre el tipo de apego que tenemos que apreciar en estas fechas. Y el que se crea de manera espontánea, incluso ya bien entrada la edad adulta, es muy válido. Tanto para disfrutarlo como para replantearnos cuál es nuestro concepto de soledad.