El concepto de año sabático puede no resultar muy popular para aquellas personas que confunden la vida con el trabajo, pero lo cierto es que es un recurso más que puede ayudarnos tanto a ganar en salud como a evolucionar en lo personal.

Lamentablemente, en ocasiones el año sabático es confundido con la simple inactividad y la incapacidad para planificar un proyecto laboral viable (siendo esto último, por cierto, algo que no depende enteramente ni de la fuerza de voluntad ni del esfuerzo). No: estar unos cuantos meses sin trabajar de manera remunerada ni recibiendo formación reglada no tiene por qué ser perder el tiempo.

A continuación veremos las principales ventajas de las que pueden disfrutar las personas que deciden tomarse un año sabático antes de empezar una carrera universitaria o de entrar definitivamente en el mercado laboral.

Las ventajas de tomarse un año sabático

Pasar de un periodo de actividad a una etapa en la que predomina el tiempo libre puede llegar a causar ciertos problemas relacionados con la falta de planificación y la mala gestión de las expectativas.

Pero eso, en muchos casos, es compensado de sobras por las ventajas que ofrece el año sabático.

1. Tiempo para formarte de modo autodidacta

La mayoría de carreras universitarias o formación reglada de posgrados orienta hacia especializaciones que, de un modo u otro, limitan el abanico de aprendizajes a los que podemos optar. Esto es positivos en muchos aspectos, ya que volverse experto en algo requiere de la necesidad de centrarse en un campo de conocimiento concreto.

El año sabático nos permite salir de esta dinámica y dejarnos tiempo para aprender por nuestra cuenta o con la ayuda de cursos presenciales u online. La duración de un año nos permite adentrarnos lo suficiente en una nueva temática como para seguir formándonos en ella de un modo más fluido cuando pasemos a compaginarla con el trabajo.

2. Viajar, el gran regalo para los sentidos

Para viajar bien es necesario disponer de tiempo para descubrir todos los secretos de aquello que se visita. El año sabático nos da la oportunidad de realizar varios viajes, ya sea utilizando dinero ahorrado o recurriendo a programas de voluntariado que ofrecen estancia gratuita a cambio de varias horas de trabajo semanales.

3. La posibilidad de aprender idiomas

Otro de los motivos por los que el año sabático no equivale a estar todo el día sin hacer nada es que nos deja un amplio margen para aprender idiomas.

De hecho, si ponemos en ello el tiempo y el empeño suficiente, los resultados después de pasar unos 11 o 12 meses aprendiendo un idioma partiendo desde la más completa ignorancia acostumbran a ser sorprendentes, especialmente si ya dominamos uno que se parezca a este en gramática o vocabulario.

4. Puedes conocer más gente

A veces nos olvidamos de uno de los aspectos más importantes de la vida que quedan reducidos cuando trabajamos o estudiamos de forma intensiva: las relaciones sociales. 

Ya sea para hacer networking desde una perspectiva profesional o para extender el círculo de amistades, el año sabático nos permite disfrutar de momentos y espacios perfectos para entrar en contacto con personas con intereses parecidos a los nuestros. Asistir a festivales, a conferencias, hacer quedadas… hay multitud de contextos adecuados para socializar.

5. Nos impulsa a tomar el control de nuestras vidas

Aunque parezca extraño, salir del circuito de la formación reglada y del trabajo a jornada completa nos ayuda a ganar poder sobre nuestros actos y decisiones. Esto es así porque por primera vez disponemos de una libertad casi total para priorizar objetivos y trazar planes, algo que no ocurre en los otros dos escenarios.

6. Ofrece un oasis de conciliación familiar

Si hace años que la comunicación en el seno de la familia se lleva resintiendo por la falta de tiempo juntos, este es el momento ideal para reconciliarse o simplemente retomar el contacto y fortalecer el lazo afectivo que nos une a nuestros padres, madres, hermanos, etc.

Antes de darte un respiro, recuerda…

Ahora que hemos visto las ventajas y beneficios asociados al año sabático, es bueno repasar los aspectos que hay que tener en cuenta antes de decantarse por esta opción.

Principalmente, hay que dedicar esfuerzos a preparar el año sabático en dos sentidos: ahorrar y planificar.

Disponer de un colchón económico es necesario incluso en aquellos casos en los que no nos dispongamos a realizar proyectos que requieran grandes gastos, porque en caso de necesitar dinero para eventos imprevistos, estamos más expuestos al no disponer de un trabajo a jornada completa.

Por otro lado, planificar con un tiempo prudencial es fundamental porque en caso de no hacerlo posiblemente nos pasaremos el año desaprovechando muchas semanas y simplemente “incrustando” algunos eventos significativos en nuestro calendario de vez en cuando, sin formar un todo cohesionado. Esta última opción es una manera incorrecta de imaginar el año sabático, un periodo caracterizado no por el tiempo libre o de descanso, sino por la libertad de elegir hacia donde queremos ir.