Aunque parezca mentira, el comportamiento de los usuarios que utilizan Internet o varias aplicaciones en línea es cada vez más valorado por la Psicología como una fuente importante de datos acerca de cómo somos y cómo actuamos. Si, además, este comportamiento online está relacionado con nuestro lado más emocional e instintivo, mucho mejor.

Tinder es una de las aplicaciones para ligar más populares del momento. Lo sencillo de su utilización, sumado a la gran cantidad de usuarios que lo utilizan alrededor del mundo, hace que sea una opción recurrente para aquellas personas que desean conocer gente con fines sexuales o románticos.

Pero que Tinder sea popular no significa que sea justa o equitativa. De hecho, hay datos que señalan que, para la mayoría del sexo masculino con expectativas elevadas acerca de sus posibilidades de encontrar a alguien que les resulte muy atractivo, esta aplicación podría ser una pérdida de tiempo. Y es que Tinder es uno de los ecosistemas más desiguales dependiendo de si se es hombre o mujer, como veremos.

Por qué Tinder es injusto con los hombres, según un estudio

Lo que se hace en Tinder es, básicamente, hacer un filtrado rápido de usuarios, separando aquellos que nos interesan de los que no con un simple movimiento de dedo (a izquierda o a derecha). De este modo, podemos chatear solo con las personas a las que hemos “aceptado” y que a su vez, al aparecerles nuestro perfil de usuario, nos han seleccionado.

Por otro lado, Tinder puede ser entendido como una economía. Aquí, en vez de unidades monetarias, existen “likes”, y las personas más ricas son aquellas que han sido aceptadas por una mayor cantidad de usuarios, lo cual se traduce en mayores posibilidades de quedar con alguien interesante.

Pues bien, una investigación realizada recientemente muestra que las mujeres hacen “like” al 12% de los hombres cuyo perfil les aparece en Tinder. Sin embargo, eso no significa en absoluto que cada hombre vaya a ser aceptado al menos una de cada 10 veces que su fotografía le aparezca a una usuaria, dado que la inmensa mayoría de los “likes” van a una minoría de hombres: solo los más atractivos. Este es un patrón que no ocurre a la inversa, en el comportamiento de selección que utilizan los hombres.

¿Hasta qué punto hay desigualdad en esta aplicación para ligar?

A partir de lo que puede estimarse en este sencillo estudio, la desigualdad entre los “likes” que reciben los hombres menos atractivos y los más atractivos es absolutamente abrumadora incluso si la comparamos con los que reciben las mujeres en cada uno de los extremos de belleza (estimada según las opiniones de las personas encargadas de seleccionarlas).

En concreto, en las conclusiones de esta investigación figura que, si ordenamos a los hombres que utilizan Tinder haciendo que los primeros sean los más atractivos y los últimos los que lo son menos, el 80% de ellos empezando por el final (menos atrayentes) compite por el 22% de las mujeres empezando también por el final, mientras que el 78% de las mujeres empezando por las más atractivas compiten por el “top” 20% de los hombres.

Así, la minoría de hombres que son valorados como especialmente atractivos serán aceptados por el 20% de las mujeres, mientras que aquellos que son ligeramente menos atractivos contarán con una “riqueza en likes” significativamente menor. Este declive seguirá siendo pronunciado a medida que pasamos a los hombres que son considerados no especialmente atractivos, y se cebará especialmente con el 50% menos atractivo.

El coeficiente Gini de Tinder

El coeficiente Gini es una herramienta muy utilizada para medir el grado de desigualdad que hay en los diversos sistemas económicos del mundo. Su valor se encuentra entre 0 y 1, siendo 0 el número que corresponde a los sistemas en los que no existe la desigualdad y 1 lo que se obtiene al analizar economías en las que toda la riqueza pertenece a un individuo y el resto no tiene nada.

¿Cuál es el índice Gini de Tinder teniendo en cuenta los datos obtenidos por esta investigación? Su valor es de 0,58, lo cual convierte su economía en más desigual que el 95% de todos los países del planeta, compartiendo posición con naciones como Namibia, Angola o Botswana. Afortunadamente, la capacidad de encontrar comida y refugio de una población no depende de las mecánicas de esta aplicación para ligar.

¿Por qué se produce esta diferencia?

Existen varias maneras de entender esta diferencia entre el comportamiento de ambos sexos. Sin embargo, la que suele tener más fuerza a la hora de explicar esta clase de diferenciación es la que parte de la psicología evolucionista. Desde esta perspectiva, son muchos los investigadores que sostienen que tanto en nuestra especie como en la gran mayoría de animales que se reproducen sexualmente, los machos compiten por las hembras porque el valor reproductivo de estas siempre es mayor.

¿El motivo? Además de poner de su parte en la formación del cigoto, cargan a sus espaldas con la parte más dura de la reproducción: crear el tipo de gametos más grandes, costosos y por consiguiente limitados en cuanto a su número, y en muchos casos quedar en una situación de vulnerabilidad durante el embarazo.

En este sentido, los machos deben ser los que compensen su poco compromiso con la reproducción compitiendo duramente con el resto de machos en cuanto a la cantidad de hembras, mientras que estas se concentran en seleccionar atendiendo a la calidad de cada macho.Si esta explicación se ajusta o no a la realidad del civilizado ser humano es algo que queda totalmente abierto a discusión.