Libertad de expresión, libertad de opinión, libertad de prensa y ofensa son términos estrechamente correlacionados. Seguramente sea el debate más extenso que ha sido analizado una y otra vez a lo largo de la historia de la humanidad, desde la Antigua Grecia hasta nuestros tiempos modernos, donde la disyuntiva sigue sobre la mesa.

A menudo un colectivo social, una persona o un ente jurídico denuncia o es denunciado por haber expresado una opinión respecto a un tema que incumbe a las partes afectadas. En este sentido, la ofensa es la resultante en el límite de la libertad de expresión y, consecuentemente, es muy difícil de medir dicha carencia de manera objetiva.

¿Cómo se define la libertad de expresión?

Tal y como hemos apuntado en la introducción del artículo, la libertad de expresión es un tema controvertido de analizar, y así lo es su misma definición. No obstante, acercaremos una interpretación lo más académica posible.

La libertad de expresión representa un derecho civil o humano que todas las personas, sea cual sea su condición religiosa, étnica o física, tienen el poder legítimo de escribir, decir y narrar cualesquiera que sea una opinión o pensamiento. De este modo, las personas están protegidas ante la ley para evitar presiones, instigaciones y/o censuras previas.

Los orígenes del debate

Este concepto tiene sus orígenes de mediados del siglo XX, después del fin de la Segunda Guerra Mundial, y fue introducido en la Carta Universal de los Derechos Humanos del año 1948, redactado por las Naciones Unidas (1945) y recogido en todas las constituciones de los Estados Democráticos actuales.

De la libertad de expresión se consagra igualmente la libertad de prensa, que es el gran perjudicado al ser el medio universal donde los ciudadanos son informados y llamados a informar.

No obstante, la libertad de expresión es un reclamo tan antiguo desde que los seres humanos se organizaron en sociedades donde las prioridades y preocupaciones de estos colectivos se debatían en un forum colectivo.

Límites y controversia con la libertad de expresión

La libertad de expresión termina cuando se molesta o perjudica al destinatario, según afirman los expertos en comunicación. Pero, ¿cómo determinar la ofensa o agravio de los afectados? Es aquí donde reside la paradoja del término libertad.

Por otra parte, los límites a la libertad de expresión los establecen aquellos que tienen los poderes de los canales de difusión, influencia o prestigio como pueden ser las empresas multinacionales, los gobiernos y los periódicos. Según un estudio revelado por ProPublica, la censura suele estar del lado de élites económicas y gobiernos legítimos.

En este sentido, podemos decir que la libertad de expresión es más una herramienta que un derecho último, ya que en función de unos intereses u otros, se aplicará una directriz u otra tal y como sucede en portales como Facebook o Twitter.

Vivimos en un mundo super comunicado de manera global, donde la información es prácticamente instantánea, las retransmisiones se realizan en directo en voz e imagen. Pero aún así, se siguen dando casos de censura o se pasa un filtro antes de revelar la noticia.

En España, por poner un ejemplo, representantes políticos han tenido que rectificar, disculparse o incluso dimitir, por haber verbalizado un pensamiento que ha ofendido al receptor, o a su entorno. En muchos casos inclusive, la ley se ha aplicado de forma retroactiva.

La polémica, a la orden del día

Recordemos a Guillermo Zapata, concejal en el Ayuntamiento de Madrid, fue juzgado y sentenciado por haber hecho bromas con las víctimas del Holocausto o con la discapacidad física de Irene Villa, todos ellos anteriores a su etapa como figura política. Tuvo que rectificar y se le negó, por presiones públicas, el cargo de consejero de Cultura en el Ayuntamiento de Madrid.

En consecuencia, para determinar los límites a la libertad de expresión, se ha propuesto una medida que analiza la intención y el peso que pueda tener el mensaje. Por consiguiente, se considera que un mensaje, pensamiento o narración que incite al odio o a la violencia es motivo de recortar esa libertad que se nos ha dado.

Para poder comprenderlo mejor, ilustraremos esta idea mediante un caso en concreto. No es lo mismo decir “hay que matar y eliminar a todos los musulmanes radicales sin contemplaciones” que, “hay que eliminar a todos los musulmanes”. El término 'radicales' es el que marca la diferencia en este ejemplo, ya que ataca a un colectivo determinado y no a toda una comunidad.