Psicología social y relaciones personales

La teoría del aprendizaje social de Rotter

Rotter fue un psicólogo pionero en el ámbito del aprendizaje social, inspirado por el conductismo.

La teoría del aprendizaje social de Rotter
Oscar Castillero Mimenza Oscar Castillero Mimenza Psicólogo

La mayor parte de las conductas que llevamos a cabo no son innatas, sino socialmente adquiridas.

Hemos aprendido a comer de una forma concreta, desplazarnos de una determinada manera o interactuar con nuestros semejantes según la situación y el contexto. De este modo, nuestra conducta está fuertemente influida por lo que el medio social y la cultura a la cual pertenecemos nos muestra a lo largo de nuestra vida, de cómo percibimos a los demás y de la retroalimentación que recibimos de ellos respecto a nuestras acciones.

Existen una gran variedad de teorías que se centran en este hecho desde muy diversas perspectivas, como las teorías del aprendizaje social. Si bien la más conocida es de la de Albert Bandura, han existido intentos previos de explicar nuestra conducta desde lo social. Una de ellas es la teoría del aprendizaje social de Julian Rotter, en la cual se centra este artículo.

La teoría del aprendizaje social de Julian B. Rotter

La teoría de Julian B. Rotter establece que la conducta que el ser humano exhibe en su vida cotidiana es adquirida a través de la experiencia social. Nuestros patrones de conducta dependen de la interacción que mantengamos con el medio, la cual se lleva a cabo en gran medida a través de la vinculación con otros semejantes. Así para lograr nuestros objetivos necesitamos de la participación de otras personas.

Esta teoría sería denominada por el propio autor como teoría del aprendizaje social, conociéndose también como teoría del aprendizaje cognoscitivo. En ella, Rotter considera que el ser humano busca suplir sus necesidades a partir de la búsqueda de refuerzos positivos y la evitación de castigos. Para ello va a realizar o no determinadas conductas, en base a los aprendizajes que haya realizado a lo largo de la vida y que estas le supongan o no un refuerzo que les lleve a repetirlas.

Además, también aprendemos mediante las consecuencias de las conductas de otros, obteniendo aprendizaje mediante su visualización y afectando estos conocimientos a la propia conducta con el fin de que los resultados obtenidos por otros puedan ser replicados por nosotros mismos, o bien evitados.

Se trata de una teoría realizada en un un momento de la historia en que la corriente predominante era el conductismo, cosa visible en los términos y estructuras de pensamientos utilizados. Sin embargo, Rotter va más allá considerando al contrario que el conductismo que los actos mentales sí son estudiables objetivamente y considera el pensamiento, la imaginación, la evocación, la intencionalidad y otros aspectos vinculados a la cognición y la emoción como conductas encubiertas. Toda conducta está mediada socialmente y la sociedad nos proporciona refuerzos o castigos en base a estas, cuyas consecuencias aprendemos.

Las necesidades psicológicas

Para Rotter el ser humano tiene una serie de necesidades básicas y generales a nivel psicológico que debe intentar suplir si pretende mantener un estado de bienestar. 

De todas estas, a nivel social podemos encontrar varias con una importante carga emocional y que influyen en la capacidad de gratificación e incluso de percibir el entorno de una manera determinada. Se destacan las siguientes necesidades.

1. Necesidad de reconocimiento

Se entiende como tal la necesidad de que los logros u objetivos alcanzados sean valorados de algún modo por el medio social. La valoración supone por sí mismo un reforzador que puede estimular nuestra conducta.

2. Necesidad de dominación o liderazgo

Se trata del conocimiento del propio poder sobre los demás, establecer relaciones de influencia en la cual otros reaccionen a nuestras conductas.

3. Necesidad de independencia

Estrechamente vinculada al autoconcepto, se trata de la necesidad de tener control sobre los propios actos. Ser capaces de modificar el ambiente y de tener una repercusión en las situaciones en las que vivimos.

4. Necesidad de afecto

Sentirnos amados y positivamente valorados por nuestros semejantes es una de las necesidades generales básicas del ser humano como ser gregario.

5. Necesidad de protección

La posibilidad de poder contar con los demás y sentir que se nos proteja y ayude en caso de necesidad es otro elemento que nos produce reforzamiento en la teoría del aprendizaje social de Rotter.

6. Necesidad de bienestar físico

Se trata de la necesidad de satisfacción de nuestras necesidades básicas y la obtención de placer y gratificación por medios como la alimentación, el sueño, la vinculación social o las relaciones sexuales. Del mismo modo, también entra dentro de esta necesidad la evitación del displacer.

La motivación a actuar

La posibilidad de que un comportamiento concreto ocurra en una situación determinada o potencial de conducta va a depender, sea esta directamente observable o encubierta, de la situación en cuestión y de las preferencias sobre una conducta de entre el repertorio disponible. 

Estos aspectos se han aprendido a lo largo de la historia vital del sujeto, y la elección concreta va a tener en cuenta diferentes consideraciones que el individuo lleve a cabo en base a su aprendizaje. Concretamente Rotter establece tres de ellas.

El papel de la expectativa

Las expectativas sobre el resultado de nuestra conducta son un elemento fundamental a la hora de llevarla o no cabo. Cuando nos encontramos con una situación determinada el ser humano la compara con situaciones semejantes que ha vivido a lo largo de su historia, con lo que predice un resultado concreto de la situación se lleva a cabo determinado comportamiento y espera que ocurra aquello que se ha predicho.

Así, se espera obtener un determinado refuerzo o resultado debido a la generalización parcial de la situación anteriormente vivida, sea respecto a la obtención de refuerzos o a la posibilidad de solucionar o controlar la situación. Lo principal y más determinante a la hora de explicar la conducta es la expectativa de tener o no éxito.

Evaluación de lo que se espera: el valor del refuerzo

Otro de los principales factores que nos llevan a comportarnos de determinada manera se vincula a la evaluación y el nivel de deseo que nos despiertan las consecuencias de dicha actuación. 

A mayor deseabilidad del reforzador para el sujeto, mayor probabilidad de intentar llevar a cabo una conducta para obtenerlo.

La situación psicológica

Por último, el contexto en que el sujeto se sitúa en el momento de actuar es también una parte imprescindible a la hora de seleccionar una conducta concreta. Según la situación van a haber unas consecuencias determinadas por una u otra conducta. 

Las condiciones del contexto juntamente con nuestra valoración de la situación y nuestras posibilidades van a variar el comportamiento del sujeto.

La personalidad y el locus de control

Una de las aportaciones más relevantes de la teoría del aprendizaje social de Rotter es la idea del locus de control como elemento fundamental de la personalidad

Para Rotter, la personalidad se entiende principalmente como el uso de la conducta como medio para alcanzar las metas a partir de lo aprendido y el deseo de obtener sus objetivos. Ello es lo que provoca que tendamos a actuar de determinada manera más o menos establemente en el tiempo y a través de las situaciones. Así, la personalidad es algo aprendido para este autor.

Este patrón consistente de comportamiento depende en gran medida de los factores anteriormente mencionados así como a la autoeficacia percibida y las atribuciones realizadas en base al locus de control.

Los locus de control

El locus de control se plantea como la expectativa del individuo respecto a su grado de control en la obtención del reforzamiento. Concretamente se entiende la valoración subjetiva por parte del sujeto sobre qué es lo que hace que nuestra conducta obtenga o no unos resultados determinados.

Así, algunas personas van a creer que la propia conducta les genera una ganancia o una evitación de pérdida, con lo que van a tender a actuar en mayor medida, a ser más independientes y a valorarse de manera más positiva. Se trata de aquellos individuos con locus de control interno.

Por otro lado, también existen personas con locus de control externo. Estas tienden a pensar que la presencia de refuerzo o de unos resultados concretos no están vinculados a la propia conducta sino al azar. Así, piensan que su actuación no tiene efectos, lo que provoca que actúen en menor medida y no lleven a cabo los comportamientos pretendidos. Su autoestima es menor y dependen del entorno para lograr sus objetivos.

Referencias bibliográficas:

  • Rotter, J. B. (1945). Social Learning and Clinical Psychology. Prentice-Hall.
  • Schunk, D.H. (1997). Teorías del Aprendizaje. 2a Edición. Pearson Educación. México.
Oscar Castillero Mimenza Oscar Castillero Mimenza Psicólogo

Graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Actualmente finalizando el Máster de Psicopedagogía por la misma, así como preparando el examen de acceso a las oposiciones P.I.R.

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