En la última década ha habido un repunte meteórico en el uso del velo en las comunidades y países de religión musulmana. Países de carácter laico como Egipto, Líbano o Túnez han visto incrementada la frecuencia con la que las mujeres usan indumentaria islámica, sobre todo entre las nuevas generaciones de jóvenes que, a priori, deberían tener un enfoque social más occidentalista.

El velo se ha vuelto un reclamo para algunas organizaciones feministas, que lo perciben como el último elemento que usan los hombres para anular la personalidad, la identidad y la integridad de la mujer. Otros colectivos, musulmanes o no, defienden la libertad para que las mujeres musulmanas ornamenten su indumentaria con el velo, siempre y cuando esta elección sea libre y no provenga de una imposición, claro está.

El burka también está asociado a ciertas formas de fe musulmana, y su utilización también ha generado polémica. ¿Es el uso del velo y del burka un efecto de la opresión contra las mujeres?

El Islam y el velo

Por rocambolesco que pueda resultar, dentro de los mismos estudiosos y especialistas en interpretación del Corán existen divergencias a la hora de analizar la indumentaria a portar por parte de las fieles de sexo femenino.

En uno de los versos o suras del Sagrado Corán, la sura 24:31 An-Nur, se asevera: “[...] y di a las mujeres fieles que extiendan su jumur sobre sus cabezas [...]”. Jumur es traducido por velo, mantilla, pañuelo, cortina entre otros. La etimología proviene de la intención de velar, velar por la integridad física de la mujer frente a las miradas provocadoras y adúlteras del sexo masculino.

En este sentido, la complejidad no resulta de si cubrirse la cabeza o no, sino qué límites pueden ponerse al diámetro o dimensiones a cubrir. Por ello, en diferentes países encontramos diferentes maneras de cubrirse con el velo, donde se puede apreciar un pequeño porcentaje del pelo visible, el cubrimiento total o la mitad del pelo al aire libre.

El Burka y la integridad femenina

La pieza del burka, en cambio, sí que tiene un origen más controvertido. Sin ir más lejos, en algunos países islámicos es rechazado de manera tajante y prohibido mediante legislación, como Irán o Kuwait, donde al menos tiene que poder mostrarse el rostro femenino por cuestiones de seguridad.

En este caso, el burka sí responde a una interpretación subjetiva de algunas sociedades islámicas como la afgana, de tribus milenarias que entienden que la totalidad de la figura femenina es belleza, lo cual hace que sea necesario el cubrimiento total de su físico. En Pakistán también es bastante común el uso de dicho atuendo, lo cual es importante dada la gran cantidad de población del país.

¿Opresión o libertad?

La polémica se extiende siempre en torno al uso y su significado oculto. ¿Debería estar prohibido el burka? ¿Y el velo? La libertad religiosa y de imagen rechaza cualquier debate, exceptuando alguna enmienda actual ligada a la seguridad, en tanto en cuanto todos los ciudadanos deben poder ser identificados.

Cualquier acto de voluntariedad no debe suponer el castigo conceptual de opresión, puesto que la libertad de elección no debe cargar el debate con juicios de valor, demonizando una decisión puramente individual. Para algunas mujeres musulmanas, el hecho de sentirse obligadas a destaparse supone la opresión misma.

¿Supone opresión o libertad el complemento del velo? En todo caso, que lo decidan los afectados, los interesados en llevarlo o los que se lo están pensando. Si ponemos otro ejemplo de indumentaria diferente, encontramos el chador indio, que cubre por igual el 90% del cuerpo de la mujer, evitando marcar la silueta femenina. ¿Quién pone el grito en el cielo por ello? Está claro que hay en juego un sesgo cultural implícito, otra cosa es que su existencia dé cuenta de toda la polémica surgida alrededor de este tipo de indumentaria en las mujeres.

El Burkini, ¿solución o problema?

El burkini es una prenda acuática que se inventó en el año 2003 en Australia para, precisamente, resolver todos los conflictos creados para las mujeres que anhelaban poder bañarse sin tener que destaparse. La autora del diseño, Aheda Zanetti declaró en la BBC: “inventé el burkini para aproximar culturas, y parece que eso molesta a alguien”.

La prohibición del burkini en el país de la egalitè, libertè et fraternitè, ha supuesto otro duro revés al conflicto que ya existía con el velo o burka. Para ello, cabe exponer otra analogía que sirve para despejar dudas. El traje de neopreno surfista cubre del cuello al tobillo, tanto para hombres como para mujeres. 

Mientras que el velo o el burka son de uso cotidiano, parece extraño que una prenda que se utiliza de vez en cuando genere tanta o más controversia. Pero en realidad no lo es: el debate viene por la diferencia entre el traje de baño masculino y femenino, y la posibilidad de que la religión, en forma de imposición patriarcal, condicione el pensamiento de las mujeres musulmanas y las de otras creencias religiosas.

Puede decirse que dicho invento ha supuesto un avance más para la integridad de la mujer que tantos colectivos feministas occidentales reclaman. La participación en los JJ.OO., campeonatos internacionales regionales o la participación de deportes acuáticos femeninos en los países islámicos se habría dado, entre otras cosas, gracias a prendas como el burkini.

Sin embargo, también se puede decir que si hasta ahora la representación femenina de estos países estaba limitada era por las imposiciones materiales e ideológicas que se han articulado mediante, entre otra cosas, la interpretación del Corán. Queda mucho debate por delante.