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En los últimos meses, a raíz del surgimiento de Podemos, se ha hablado en numerosas ocasiones de los “significantes flotantes” para explicar el triunfo ideológico que ha sacudido al panorama político español. ¿Qué son los significantes flotantes? ¿A qué teoría nos remiten?

Marco teórico de los significantes flotantes

La teoría de los significantes flotantes y de las equivalencias proviene de los trabajos de Jacques Lacan y de Ernesto Laclau y se inscribe en la tradición del psicoanálisis. La premisa de la que parte es que el espacio ideológico está hecho de elementos sin ligar, sin amarrar, cuya identidad está abierta, sobredeterminada por la articulación de los mismos en una cadena con otros elementos, es decir, su significación “literal” depende de su plus de significación metafórico. 

En este punto es muy importante recordar que para Lacan siempre hay una primacía del significante sobre el significado (sobre lenguaje y psicoanálisis podéis consultar el artículo que escribí para Psicología y Mente hace unas semanas clicando aquí).

Esos elementos que están sin ligar, que “flotan” en la cadena significante, pueden ser tales cosas como “corrupción”, “ricos”, “grandes empresarios”, “pueblo”. La lucha ideológica reside entonces en lo que Lacan denomina “Points de capiton” (puntos nodales) que serán capaces de totalizar y de incluir todos esos elementos “libres”, “flotantes”, en una única serie de equivalencias. De esta manera, cada uno de esos significantes flotantes formará parte de una serie de equivalencias. Mediante el plus metafórico, se conectarán con todos los demás elementos de una cadena significante, determinando de esta manera su identidad. Por ejemplo, para un comunista, luchar contra la corrupción es luchar contra el orden capitalista.

Pero, como nos recuerda Slavoj Zizek en El sublime objeto de la ideología: “El encadenamiento es posible sólo a condición de que un cierto significante, el Uno lacaniano, “acolche” todo el campo, y, al englobarlo, efectúe la identidad de éste”. El punto crucial para comprender tanto el éxito de Podemos como el de cualquier ideología hegemónica es precisamente éste: saber determinar cual es el uno lacaniano que sea capaz de acolchar al resto de significantes flotantes.

Significantes flotantes: ejemplos prácticos

Es común, cuando se debate con un comunista ortodoxo, el acabar encontrándonos con muros que impiden que la discusión avance. Estos muros son la materialización del punto nodal ideológico del comunismo que suele ser el orden capitalista. De este modo, la guerra será fruto únicamente de expansión imperialista de intereses capitalistas particulares. La equivalencia aquí es como sigue: luchar por la paz es luchar contra el orden capitalista. Otro clásico es la del patriarcado y la del machismo: el capitalismo es un sistema masculinizado, hecho por y para hombres, luchar contra el machismo es luchar contra el capitalismo. Si ajustamos bien nuestra mirilla, veremos que el patrón se reproduce eternamente pues el punto nodal que acolcha la teoría comunista y que la dota de identidad es el orden capitalista. Todos los elementos libres, todos los significantes flotantes, pueden ser reducidos a la explicación del orden capitalista contemporáneo y la lucha contra éste nos dará las respuestas y las soluciones. Aquí radica el éxito de una ideología hegemónica.

Pero, evidentemente, la ideología está por todas partes. Para un neoliberal, por ejemplo, los significantes flotantes tales como “libertad”, “propiedad”, “individuo”, se acolchan siempre bajo el punto nodal de la propiedad privada tal como ellos la entienden. De esta manera, se inscribirá el concepto de “libertad” en la cadena de significación plus metafórico de propiedad privada. Ejemplos: “sólo hay libertad en el espacio privado, sólo hay libertad dónde hay propiedad privada o sus reversos: no hay libertad en el espacio público”. Una de los mayores éxitos de la ideología neoliberal es, por ejemplo, el convencernos de que no hay ideologías. Un neoliberal nos dirá, muy probablemente, que somos pequeñas máquinas de cálculo marginalista que se guía por intereses egoístas e individuales y que maximiza su utilidad. Lo curioso de este fenómeno, es que nunca sólo somos utilitaristas, sino que debemos aparentar ser utilitaristas. De esta forma, me haré un planning del día, un horario bien marcado u organizaré el espacio de mi casa en vistas a sacarle el mayor provecho de todo. Es decir, estoy en un nivel meta-utilitario en el cual debo no ser utilitario, sino imponer una visión utilitaria de mi vida y decirme a mi mismo: “que productivo y práctico soy al ordenar esto de tal y tal manera”.

Significantes flotantes e ideología

La ideología no es un velo que nos impide ver el detrás de las cosas, la ideología es el sustento mismo de nuestras realidades cotidianas. Y esto va de la mano de que una ideología triunfa cuando incluso los hechos que a primera vista la contradicen empiezan a funcionar como argumentaciones en su favor. Si yo soy un neoliberal que ha defendido hasta la muerte la austeridad como mejor forma de afrontar la crisis económica y que, actualmente, vistas las catastróficas consecuencias que ha conllevado tanto al nivel macro-económico como al del nivel de vida de las personas, sigo empeñado en que el problema es el gasto público es cuando la ideología ha triunfado. 

Nos encontramos muy habitualmente con el que “es que no se ha ajustado suficientemente el déficit” o “las resistencias del Estado de Bienestar siguen siendo demasiado importantes para poder aplicar con normalidad el maravilloso programa de ajuste que todo lo solucionará”. Esto es la materialización del éxito de una ideología determinada. Todo queda bajo sospecha y todo elemento que contradice mi primera premisa es recogido positivamente para reforzarla.

Podemos es la rearticulación y la construcción de un nuevo punto nodal para acolchar significantes flotantes que podrían haber sido acolchados bajo un punto nodal distinto. En la mayor parte de países de Europa, los elementos tales como “corrupción”, “pérdida de soberanía nacional”, “paro”, “pobreza” han sido recogidos y acolchados bajo el punto nodal de la lucha nacional contra la globalización así como bajo el punto de la decadencia liberal-burguesa del capitalismo contemporáneo. Es decir, el encadenamiento se ha realizado bajo el neofascismo (el Frente Nacional es un terrible ejemplo de esto).

Podemos ha acolchado esos elementos sin amarrar bajo el encadenamiento de “democracia” y “pueblo contra casta”. Y ha funcionado estupendamente bien pues ha generado una nueva hegemonía.

No te pierdas la entrevista al autor de este artículo: Alejandro Pérez Polo