Psicología social y relaciones personales

¿Se puede prevenir el efecto de los prejuicios contra minorías?

Una investigación demuestra que, en tan solo una hora, es posible evitar los efectos del estigma.

¿Se puede prevenir el efecto de los prejuicios contra minorías?
Marina Pinilla Pérez Marina Pinilla Pérez Psicóloga

Con el fin de solucionar los problemas de integración de algunos estudiantes pertenecientes a minorías étnicas de la Universidad de Stanford, Gregory Walton y Geoffrey Cohen realizaron una intervención psicosocial que, en apenas una hora, fue capaz de mejorar los resultados académicos, el bienestar psicosocial y la salud de un grupo negativamente estereotipado en el entorno educativo.

Dicho de otro modo, hay evidencias de que es posible prevenir el efecto negativo de los estereotipos, y en tan solo una hora. Veamos cómo se llegó a esta conclusión.

El sentimiento de pertenencia social y los prejuicios

El estudio, publicado en 2011 en la revista Science, demostró que las diferencias socioeconómicas entre los estudiantes afroamericanos y europeo-americanos no solo se mantenían debido a factores estructurales, como por ejemplo las diferencias salariales, la accesibilidad a formación educativa y el apoyo social. Al trabajar en el ámbito de la psicología social, ambos investigadores se preguntaron cómo podían afectar a los factores psicológicos a las técnicas de afrontamiento de los estudiantes de la Universidad de Stanford.

Se centraron en el sentimiento de pertenencia social, un motivo social humano básico definido como la necesidad de formar relaciones positivas con otras personas. Su importancia es tal, que si no se satisface pueden aparecer problemas de salud, adaptación social, bienestar y rendimiento escolar.

Según Walton y Cohen, los miembros de grupos socialmente estigmatizados muestran mayor incertidumbre que los grupos no estigmatizados sobre su pertenencia social en instituciones educativas o laborales. Tienen mayor predisposición a sentirse inseguros sobre las relaciones sociales positivas en estos escenarios, y esta incertidumbre aumenta durante la transición a una nueva etapa, es decir, el primer año de universidad.

Durante el primer año de universidad es común que algunos estudiantes experimenten una sensación de aislamiento, lo que afecta al bienestar y al rendimiento. El estudio de Watson y Cohen se centró en la forma de interpretar y afrontar esa sensación como una falta de pertenencia social o, al contrario, como un mero proceso de transición. 

El objetivo era evitar las interpretaciones catastrofistas y lograr que el cambio perceptivo a la hora de codificar la experiencia social se mantuviese a largo plazo. Para ello era necesario crear un “círculo virtuoso recurrente” en los estudiantes según el cual las mejoras iniciales en el rendimiento académico favoreciesen el sentimiento de pertenencia, y éste a su vez impulsase el rendimiento.

La utilidad de una intervención psicosocial de una hora

El estudio se realizó durante el primer año de universidad de 92 estudiantes, de los cuales 49 eran afroamericanos y 43 de origen europeo. De forma aleatoria, algunos estudiantes recibieron intervención y otros fueron asignados a la condición de control, en la cual no se realizó intervención. Los participantes completaron diariamente un cuestionario que recogía sus respuestas psicológicas ante diferentes problemas durante la semana siguiente a la intervención. También completaron un cuestionario 3 años después, en el último año de carrera, para evaluar los efectos del estudio en el sentimiento de pertenencia, la salud y el bienestar.

Durante la intervención, se presentó a los participantes un supuesto estudio realizado con estudiantes de otros cursos, sin que supiesen que dicho estudio no era real. Los resultados del estudio falso mostraban que los estudiantes de cursos superiores se preocuparon por su pertenencia social durante el primer año de universidad pero que, a medida que avanzó el curso, fueron dando paso a una mayor seguridad en sí mismos. Según varios falsos testimonios, ganaron seguridad porque empezaron a interpretar los problemas del primer año de universidad como algo habitual y pasajero durante la adaptación y no como déficits personales o debidos a su pertenencia étcnica.

Para que los participantes interiorizasen el mensaje se les pidió que escribieran un ensayo sobre las semejanzas entre su experiencia y la de los testimonios, ensayo que posteriormente narraron a modo de discurso frente a una cámara de vídeo. Supuestamente, los vídeos de sus discursos ayudarían a otros estudiantes durante su primer año de universidad.

El procedimiento con el grupo de control fue el mismo, salvo que los ensayos y vídeos que realizaron fueron sobre un tema no relacionado con la pertenencia social.

Los resultados de la intervención

Durante la semana siguiente a la intervención, la reacción de los estudiantes afroamericanos ante problemas cotidianos fue más adaptativa y su sentimiento de pertenencia social se mantuvo constante. En cambio, en los estudiantes afroamericanos de la condición de control, el sentimiento de pertenencia era más inestable y dependiente de las experiencias diarias.

Tres años después, tras realizar el cuestionario sobre los efectos a largo plazo, se encontró que la intervención incrementó el rendimiento académico de los estudiantes afroamericanos frente al grupo control, y disminuyeron significativamente las diferencias entre estudiantes afroamericanos y europeo-americanos. 

También se encontraron efectos positivos en la salud y bienestar de los participantes, con notables mejoras en la sensación de felicidad e incluso con un menor número de visitas al médico por parte de los estudiantes del grupo experimental. Desapareció la diferencia entre estudiantes afroamericanos y europeo-americanos en la sensación subjetiva de salud y felicidad, y en el número de visitas al médico.

¿Qué podemos sacar de este estudio?

La investigación de Walton y Cohen demostró que una intervención breve sobre el sentimiento de pertenencia social es capaz de mejorar significativamente y a largo plazo aspectos tan importantes como el rendimiento académico, la salud y el bienestar. También evidencian que las diferencias entre grupos estigmatizados y no estigmatizados no solo nacen de factores estructurales, pues los factores psicológicos también influyen.

Es posible trabajar sobre factores psicológicos como la preocupación por la pertenencia social mediante intervenciones psicosociales de corta duración, fácil aplicación y bajo coste, pero para ello es fundamental que el entorno escolar no sea abiertamente hostil, ya que el estudio se basa en un cambio de interpretación ante situaciones ambiguas.

Cabe destacar que esta intervención es un claro ejemplo de lo que significa el concepto biopsicosocial, ya que demuestra la conexión recíproca entre salud física, cogniciones, emociones, conducta y factores sociales.

Etiquetas: Sociedad, Cognición, Racismo
Marina Pinilla Pérez Marina Pinilla Pérez Psicóloga

Graduada en Psicología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Mención en Psicología de la Salud e Intervención en Trastornos Mentales y del Comportamiento.