Prácticamente todo el mundo tiene interiorizadas ciertas creencias machistas. Desde las feministas con más años de militancia hasta los médicos más amables, pasando por los filósofos con más experiencia académica a sus espaldas. Sin embargo, esto no es extraño: hay que tener en cuenta que durante la mayor parte de la historia, el ser humano ha vivido sin cuestionar el sexismo.

Sin embargo, cuando hablamos de personas machistas no nos referimos a toda la especie humana, sino de aquellos individuos que aún conservan esquemas de pensamiento en los que las creencias ancladas en el sexismo no solo son muy evidentes, sino que además raramente son cuestionadas.

A continuación veremos cuáles son las características definitorias de las personas machistas y de su pensamiento.

8 creencias típicas de las personas machistas

Está claro que del machismo se sale, y que el concepto de “persona machista” no tiene por qué referirse a la esencia inalterable de un hombre o mujer. Aunque cuesta, es perfectamente posible pasar de abrazar comportamientos totalmente machistas a reforzar un tipo de relaciones mucho más igualitarias.

Sin embargo, para conseguir esto es necesario, en primer lugar, saber detectar cuáles son los signos de machismo que se dejan ver en el día a día y en cuya base están las creencias ligadas al sexismo. A continuación encontrarás un listado con las principales.

1. Una mujer no es completa si no es madre

La maternidad es entendida como el punto culminante en el que la feminidad se expresa. Es por eso que las mujeres que deciden ser madres son vistas o con incredulidad o con malos ojos por parte de las personas machistas.

Es a causa de esta creencia que en algunas familias extremadamente conservadoras las mujeres jóvenes sufren grandes presiones para tener hijos cuanto antes, ante el peligro de pasar su etapa vital fértil sin descendencia.

2. La mujer está hecha para quedarse en casa

Esta es una de las creencias más arraigadas en la mentalidad de las personas machistas. Normalmente no es expresada de manera literal, sino que es la idea que subyace a otra clase de afirmaciones.

Por ejemplo, es común asumir que cualquier mujer, por el hecho de serlo, preferirá abandonar su carrera profesional cuando tenga hijos, o que sabe cocinar bien, o que sabe cómo decorar cualquier hogar.

3. Las mujeres no tienen dotes de liderazgo

Muchas personas tienen tan interiorizada la idea de que la mujer es sumisa que ven con incredulidad el liderazgo femenino, la posibilidad de que no sea un hombre quien esté al frente de un equipo de trabajo, especialmente si este pertenece al ámbito profesional con alto valor añadido. Paradójicamente, esta creencia hace que la capacidad para liderar de las mujeres se vea dañada.

4. Justificación del acoso callejero

Bajo la creencia de que a las mujeres les gusta recibir piropos o sentirse deseadas, las personas machistas dan por bueno que algunas personas realicen aproximaciones que no solo no son deseadas ni han sido solicitadas, sino que muchas veces son claros casos de acoso callejero.

5. Defensa de los roles tradicionales por el hecho de que son tradición

El simple hecho de que los roles de género hayan existido durante siglos no es motivo para oponerse a su cuestionamiento cuando este surge. Sin embargo, las personas machistas tienen una visión esencialista de lo que significa ser hombre o mujer, y poner en tela de juicio estos conceptos genera en ellas rabia y frustración.

6. Justificaciones de la violencia de género

La culpabilización de la víctima en los casos de violencia de género es la expresión definitiva de machismo, ya que revela que ni siquiera en los casos en los que está claro que una mujer sufre por el simple hecho de serlo, el atacante tiene razón y ella no.

Comentarios como “sabía a lo que se exponía” o “no haberse vestido así”, muy comunes en los casos de abuso sexual, son ejemplos paradigmáticos de cómo se intenta darle la vuelta a la situación para poner el el punto de mira a quien ha sido atacada.

7. Lo femenino pertenece a la familia

Otra de las actitudes típicas de las personas machistas vincula a estas últimas a la familia, como si fuesen una extensión del núcleo familiar. La idea de que existan mujeres independientes y con su propia capacidad de generar los ingresos que necesitan para subsistir causa rechazo.

Esta característica es, una vez más, consecuencia de que durante milenios se haya confinado a la mujer a lo doméstico, el lugar en el que la familia vive y se reproduce. Por eso se ve con naturalidad que algunos padres quieran decidir el futuro de sus hijas decidiendo por ellas.

8. Desaprobación de la sexualidad femenina

Desde la perspectiva de las personas machistas, el único modo en el que una mujer puede vincularse a lo sexual es en calidad de objeto, no de sujeto. Se premia que las mujeres acepten su rol como objeto sexual para consumo de otros, pero se ve mal que vivan su propia sexualidad como sujetos, es decir, personas que realizan una acción en vez de recibirla por parte de otros.

La fuente del sexismo es el patriarcado

Hay que tener claro que el machismo no es ni un posicionamiento político ni nada parecido a un trastorno mental. ¿Por qué? Porque por un lado, si hablamos de machismo en personas individuales, os referimos a hábitos y creencias que van mucho más allá de la ideología política que puedan tener, y por el otro, es un fenómeno demasiado amplio y complejo como para reducirlo a problemas mentales de pacientes.

Las personas machistas no lo son de manera espontánea, ni porque hayan decidido unas metas políticas que desde una perspectiva racional les convencen más que el resto. Lo son porque han heredado una cultura y un contexto político, social y económico que refuerza el sexismo y la supremacía del género masculino sobre el femenino. Este contexto que refuerza la discriminación sexista se llama patriarcado.

El patriarcado es un conjunto de condiciones materiales, relacionales y psicológicas que hacen que laas mujeres sean víctimas de discriminación a causa del sexo al que pertenecen. Es la raíz de la existencia de las personas machistas, y el motivo por el que los avances en favor de los derechos de la mujer cuesten tanto.

En definitiva, creer que alguien se convierte en machista así como así es como suponer que el lugar en el que uno nace no tiene nada que ver con las posibilidades de seguir una religión u otra: es necesario tener en cuenta el contexto en el que se vive.