Garry Knight [Flickr: CC BY 2.0]

En el mundo de las ciencias sociales y de la psicología cognitiva, los sesgos relacionados con las actitudes sexistas generan mucho interés. Sin embargo, alrededor de este tema hay muchos términos que generan confusión en gran parte de las personas que no tienen una formación en este ámbito.

Los términos "feminismo" y "hembrismo", por ejemplo, son dos etiquetas que a menudo se confunden, como si fuesen sinónimos.

Sin embargo, el significado de lo que ha sido históricamente el feminismo y el que se le ha dado recientemente a la palabra hembrismo es muy diferente. Veamos de dónde viene la confusión.

Las definiciones

En primer lugar, daremos una definición aproximada de cada una de estas palabras y luego pasaremos a ver en detalle en qué se diferencian.

El feminismo

El feminismo es un conjunto de movimientos sociales cuyos objetivos se fundamentan en la visibilización y el empoderamiento de las mujeres y el cuestionamiento de los roles de género en los cuales se considera que lo femenino queda eclipsado por lo masculino. Por consiguiente, el feminismo es un fenómeno social vinculado a un contexto histórico determinado, y se va transformando a lo largo de los años a medida que avanza la historia. Se centra en reivindicaciones relacionadas tanto con la legislación como con las costumbres y hábiutos de una sociedad que aún arrastra dejes machistas debido a los siglos de dominio sobre la mujer.

El hembrismo

En teoría, el hembrismo es un neologismo que se utiliza para referirse a una actitud que legitima el menosprecio y los ataques hacia los hombres por el hecho de serlo. Suele ser equiparado al concepto de misandria, que significa "odio hacia los hombres", si bien este último vtérmino tiene más que ver con una actitud que puede exteriorizarse de un modo más directo o no, mientras que lo primero es algo observable. Por consiguiente, la idea de hembrismo tiene que ver con el sexismo.

Las diferencias entre feminismo y hembrismo

Pasemos ahora a ver las diferencias entre ambos conceptos

Fenómeno social vs actitud

Tal y como hemos visto, el feminismo es, fundamentalmente, un producto de la historia, y su razón de ser tiene que ver con una desigualdad que históricamente ha perjudicado a las mujeres. Eso significa que el feminismo no es simplemente la propensión de una persona a pensar y a actuar de una manera determinada.

El feminismo no es algo que se encuentre en los individuos, sino en los conjuntos de personas; tiene que ver con un fenómeno colectivo: los movimientos sociales que dan forma al feminismo. Existe como respuesta a un elemento que tampoco puede ser definido como individual, sino que es concebido como algo sistémico: el patriarcado.

El hembrismo, en cambio, sí sería una actitud individual, porque no se deriva de un sistema cultural o legal de desigualdad en el que las personas que han tenido más poder hayan sido históricamente las mujeres.

De algún modo, el hembrismo es más un fenómeno psicológico que social, mientras que con el feminismo pasa lo contrario. Esto, sin embargo, es verdad a medias, porque todo lo social repercute sobre lo psicológico y viceversa. Sin embargo, esta distinción entre estas dos esferas (la social y la individual) sirve para entenderlas mejor, ya que a la práctica coexisten y dependen la una de la otra.

Producto de la historia vs sesgo psicológico

Al feminismo se le puede poner una fecha de nacimiento, que normalmente coincide con la época de la Ilustración, porque es un movimiento social e intelectual. Eso significa que la idea de que puedan existir personas feministas, por ejemplo, en la Antigua Grecia, es técnicamente incorrecta.

El hembrismo, en cambio, teóricamente puede ser encontrado en cualquier momento pasado, porque solo depende de que haya una persona que, por una u otra razón, rechace u odie a los hombres. Su existencia no depende de una dinámica de eventos que han ido generando un efecto en cadena a lo largo de la historia, sino que aparece de un modo más espontáneo.

Rechazo unilateral vs integración

El feminismo no propone medidas para restar bienestar y poder de manera indefinida a los hombres por el simple hecho de serlo, algo que sí hace el machismo mediante justificaciones basadas en "el orden natural de las cosas", la tradición, etc. Incluso las medidas de discriminación positiva que defiende una parte del feminismo son concebidas como un arreglo provisional, para permitir, por ejemplo, que las mujeres puedan acceder a los puestos de dirección en iguales condiciones que los hombres.

El hembrismo, en cambio, sí sería el odio hacia los hombres por el simple hecho de serlo, es decir, de forma indefinida e independientemente del contexto. Es, por consiguiente, un sesgo esencialista, porque no depende de lo que haga una persona ni de las condiciones en las que se relacione con las demás, sino que es su condición de hombre lo que produce rechazo a causa del sexismo.

Las polémicas alrededor de la idea de hembrismo

El mismo uso de la palabra "hembrismo" ha sido muy criticada, ya que se entiende que es una palabra nacida para perjudicar al movimiento social. De algún modo, se asume que su utilización solo puede tener consecuencias negativas para los movimientos igualitarios y positivas para las posturas conservadoras y tradicionalistas.

Sin embargo, esto no tiene por qué ser así y, de hecho, el miedo que desde algunos círculos feministas se muestra ante la posibilidad de a abordar el significado de la palabra hembrismo puede hacer que este se identifique con el feminismo al ser considerado un tabú, algo de lo que no se habla y que se invisibiliza porque efectivamente ataca los fundamentos del movimiento.

Por ejemplo, la posición de asumir el hembrismo como tabú llega a absurdos como el de considerar que "el hembrismo no existe", algo que evidentemente es falso. El hembrismo no deja de existir porque no sea equiparable al machismo, del mismo modo en el que el menosprecio a las personas seguidoras de un equipo de fútbol existe a pesar de que no se tiene constancia de un sistema político y cultural que las discrimine.